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Adiós a Alfarito

Fue el periodista de deportes por excelencia. Una trayectoria de más de sesenta años entre lo inesperado de una redacción, el olor a tinta del taller, la señal del operador de la radio, los fríos invernales aguantados en las canchas de fútbol, los sindomingos yendo detrás de los ciclistas y sus crónicas inolvidables, son la marca del irrepetible Carlos Octavio Alfaro.

Maestro normal, empleado municipal, hizo desde muy joven sus primeras armas en el Diario Tribuna, en tiempos en que el Jefe de Redacción era Federico Vistalli y el administrador el recordado Honorio Laxalt. Cuando se conforma el equipo para la salida de “Actividades Deportivas”, junto a Francisco Vistalli, Chicho Falabella, Nicolás Cucci, Martos Rueda, Félix Ruttis y José Fonzo, junto a ellos empieza la verdadera carrera periodística de Carlos Octavio Alfaro. Al transformarse este medio en diario, pasó a ser el Jefe de Redacción. Un Jefe de Redacción “sui generis” que lejos de dormirse en su cargo, lo dominaba su pasión informativa y estaba siempre a la vanguardia de cualquier manifestación deportiva.

Su debut radial fue en la  filial de Radio Azul, instalada en Tandil,  junto con Juan Carlos Yotti y Jorge Lester participando del programa deportivo que reflejaba las actividades en nuestra ciudad.

Su velocidad para escribir a máquina le permitía, en tiempos en que todavía no existía la teletipo, entregar gran cantidad de material al taller, al tiempo que marcaba los titulares y las medidas.

Sus notas, aquel esperado “Espigando” que firmaba con el seudónimo de “Juancito de la Púa”, revolucionaba el ambiente futbolístico luego de las reuniones semanales en la liga. Cada interviniente tenía un sobrenombre, como que Juan Domingo Pagliaro era J.D.P. o el vinero Santoro recibía el apodo de “Ripober”. A pesar del tono jocoso y a veces casi descalificador con que se refería a los futboleros, no faltaba quién a la salida en un aparte le dijera: -“No se olvide de nombrarme”. Otro de sus esperados artículos eran los que suscribía como “Dr. Zito”. Su redacción era notable por la precisión y riqueza idiomática que dominaba con una soltura admirable.

Al inaugurarse Radio Tandil, empezó encabezando el programa “Deporte al Día” y luego locutor del informativo.

Al cierre de “Actividades” continuó en “El País y el Mundo” hasta que un incendio lo obligó a practicar el alpinismo, uno de los pocos deportes desconocidos para él,  al tener que escapar de las llamas trepando las paredes. Finalmente recaló en el Diario “Nueva Era” donde trabajó hasta hace unos dos años, cediendo, tal vez muy a su pesar la posta, a un periodista más joven, simplemente por resultarle ya demasiado cuesta arriba cumplir con su tarea con la seriedad y dedicación con que lo había hecho toda su vida.

“Del potrero al pizarrón”, fue su incomparable obra literaria que rescata la historia del fútbol de nuestra ciudad.

Dentro de su prolongada actividad, tal vez, el hecho de haber conocido al presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower, cuando visitó Mar del Plata, debe de haber sido una de las mayores satisfacciones que le brindó el periodismo.

El decano de los periodistas de Tandil, el multifacético “Alfarito”, nos ha dejado a los ochenta y cinco años de edad. Se ha ido el último de los grandes, de los que ya no quedan más, de los que añoramos y tratamos sin éxito de parecernos aunque sea, un poquito.

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