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Un putilín «lo más pancho…»

En un local del centro al cual no vamos a mencionar…

…Un hombre de sexualidad cambiada se pasa de la raya. Por supuesto que no tenemos nada en contra de los travestis, al contrario, muchas veces los hemos entrevistado con nuestra normal cordialidad pero en este caso queremos mencionar que el muchacho en cuestión se torna un toque molesto. De más está decir que el local se reserva el derecho de abrirle sus puertas y que con su presencia y su vocabulario algún cliente se enfada y pegue la vuelta.

Es que la persona de barba sombreada y pelo corto mal atado no para un minuto de intentar interactuar con los visitantes de turno que simplemente quieren deglutir a altas horas de la matina un pancho, unas fritas o una hamburguesa. Se sienta sobre la barra que da a la calle y exaspera a cuanto muchacho aparezca. Las mujeres tampoco se salvan, siempre algún comentario les tira para sus orejas. Pero a los hombres no tiene con qué darles: “Cerrá bien la puerta, por favor, mi amor”.

“Te olvidaste de cerrar, dale fuerte, ¡así!, ¡así me gusta!”. En fin… el hombre inquieta, busca y llama la atención de entrada. No quiere pasar desapercibido, tal vez sólo intenta divertirse. Pero, al menos en esa gracia, no encuentra complicidad alguna. La chica que atiende está acostumbrada y aparentemente lo banca. Porque no lo calla.

Lamentablemente, con su proceder, el muchacho genera un sinsabor y que varios pidan y huyan. Otros se enfadan y le plantan su peor cara. Meses atrás hubo un caso, de un joven rugbier, que pidió que echen del lugar al travesti poque le estaba rompiendo “las pelotas” y lo iba a “cagar a trompadas”.

“Yo estoy cómodo/a (no recordamos exactamente el textual), ¿por qué no te vas vos?”. El joven caliente como una papa le empezó a decir de todo y un amigo lo calmó y se lo llevó.

Otra mañana de tantas, el morocho con timbre de voz gruesa y tono forzadamente liviano le guiñó el ojo a un muchacho y le soltó un: “Te espero afuera, bombonazo”. Al Flaco se le atragantó el pancho y rajó “correcaminando” para el lado contrario mientras el travesti se escondía a esperarlo detrás del kiosco de revistas de enfrente. Insistimos: los travestis, en muchos casos, tienen la mejor onda. Pero éste se zarpa y casi que directamente busca pleitos. Porque tirotear a cuanto macho se le pase por el camino no da. Y varios se la van a jurar.

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