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LA HAZAÑA DE ROBERTO ONREITA

Después de dos trasplantes de hígado escaló el Volcán Lanín para promocionar la donación.

Un hombre de 42 años que fue trasplantado dos veces del hígado logró ascender los 3.776 metros del Volcán Lanín, en la provincia de Neuquén. En la wcumbre, junto a sus compañeros de travesía también trasplantados, desplegaron una bandera con la leyenda “Por los que esperan, sé donante. Salvá vidas”.
El ahora deportista trasplantado se llama Roberto Onreita y vive en Rauch, provincia de Buenos Aires, donde trabaja en una veterinaria de grandes animales. Sorteó el desafío de hacer cumbre en el Lanín junto a otros tres trasplantados: las rionegrinas Rosaura Escudero y Teresa Paniceres y el bonaerense Mariano Spinelli.
“Cada vez hay más conciencia de que donar órganos salva vidas y eso se ve muy claro en casos como los de Roberto, que después del trasplante tuvo a su primer hijo, se volvió deportista y ahora colabora con las campañas del Cucaiba”, enfatizó el ministro de Salud provincial, Alejandro Collia.
El ministro agregó que en la Provincia durante el último año “tuvimos récord de donaciones, lo que permitió hacer 899 trasplantes a pacientes bonaerenses, con un incremento de casi el 20 por ciento en comparación con el año anterior”.
Roberto contó que “hace seis años, cuando habían pasado cuatro meses de mi primer trasplante,  me detectaron un cáncer linfático, perdí 20 kilos, estaba completamente amarillo, sin pelo y la quimioterapia hizo que mi cuerpo rechace el primer hígado”. En ese entonces “nunca me hubiera imaginado que iba a escalar el Lanín, es más, ni siquiera que iba a volver a tener una vida normal”.
La idea era impensada por lo cruento de su enfermedad -una falla hepática fulminante y de causas desconocidas-, a la que se le sumó el linfoma. O al revés. Qué fue lo primero nunca se supo.
El trabajo del Cucaiba, el organismo del ministerio de Salud provincial que se ocupa de la procuración y el trasplante de órganos, le permitió acceder a un segundo hígado que lo devolvió a la vida.  Entonces todo cambió. Roberto se enteró que había competencias mundiales de pacientes trasplantados y sus renovadas ganas de vivir lo llevaron a entrenar.
Primero se preparó en natación para los torneos argentinos y latinoamericanos de 2008 en Buenos Aires, donde obtuvo 4 medallas de oro. Después llegó el mundial de 2009 de donde se llevó otros dos oros.
NUEVO DESAFÍO
El año pasado, cuando participó de los juegos mundiales para trasplantados en Suecia se planteó un nuevo desafío: escalar el Lanín junto a otros tres pacientes para llamar la atención sobre la donación de órganos. De regreso a Rauch comenzó un exigente entrenamiento de 6 meses y 6 días a la semana que incluía natación, caminatas con un peso de 15 kilos dentro de una mochila más trote y bicicleta.
“Dividía la semana en tres días para nadar y otros tres para el resto de los ejercicios a los que yo no estaba acostumbrado”, contó Roberto. Además, el entrenamiento arrancaba a las ocho de la noche, recién cuando salía de la veterinaria.
El ascenso al Lanín no fue fácil. La falta de nieve de mediados de enero ponía al descubierto las inmensas e irregulares piedras de la ladera del volcán. “El primer día caminamos cinco horas y media hasta un refugio, descansamos un rato y, a las 3 de la mañana, hicimos el trecho más largo: ocho horas y media de escalamiento sin parar hasta la cumbre”.  
Cuando estuvieron en la cima y llegó el momento de desplegar las banderas la emoción se adueñó de todos. “De repente se me vino a la mente toda la historia, la mía y la que compartí con los demás, entonces empezamos a llorar y a abrazarnos, y fue tan fuerte que hasta nuestros guías lloraban y nos abrazaban”.   
La historia no termina ahí. Después de media hora en la cumbre caminaron otras 6 más hasta el refugio y otras 4 hasta la base. “Ahora sigo entrenando para noviembre porque voy a competir en los juegos latinoamericanos y argentinos de trasplantados”, aseguró. Su meta es mostrarle al mundo que donar es realmente dar vida y “con estos desafíos los trasplantados queremos llamar la atención a todo el mundo para que ningún paciente muera por un órgano que nunca llega”.

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