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LICENCIATURA EN ADMINISTRACION DE EMPRESAS: CARRERA INSIPIDA

(Por AGD). Una película que ven todos pero pocos logran internalizarla, y muchos menos, manifestarlo. La probada inutilidad real y práctica del ejercicio de carreras de administración en la ciudad de Tandil.

Es amplio el variopinto de carreras de nivel universitario que pueden pretender estudiar y, eventualmente culminar, aquellos jóvenes de 18 años que finalizaron su período como alumnos del sistema de educación secundaria, polimodal o como lo rotule el gobierno de turno.

Dice la estadística que de cada 10 de esas personas con residencia en Tandil que apuntan a un título universitario, 3 zarpan hacia Buenos Aires, 2,5 desamarran su navío con destino a La Plata, 3,5 mantienen su domicilio real en Tandil, y 1 busca repartir suerte en ciudades de la talla de Olavarría/Azul/Mar del Plata u otras localidades del interior del país.

Ahora bien, en el sentido de lo que se ha dicho ut supra, el menú ofrece carreras de todos los talles y colores. Y no sólo eso, sino que también son diversos los estilos de cada carrera elegida, conforme se la curse en una u otra Universidad. Partiendo de establecimientos públicos con bajísimo presupuesto y muy poca infraestructura, a excelsas instituciones educativas privadas cuyo coste sólo una alta burguesía puede financiar mensualmente. Pero ese análisis excede el marco del presente trabajo, y sólo lo mencionamos en tren de abrir la mente del lector.

Las “clásicas” carreras (NdR: en la acepción de que “no se apartan de lo tradicional, de las reglas establecidas por la costumbre y el uso”, ya que son las más elegidas por los estudiantes), son abogacía, medicina, contador público, y alguna otra de segunda línea, que se puede admitir en esa gama.

Con el avance de la globalización mundial, ha ido teniendo adeptos una carrera universitaria en grado de Licenciatura, denominada Administración de Empresas. Vale hacer notar, que el presente no tiene por fin conjeturar respecto del contenido de dicha carrera; ello no se discute (por ahora), sino que, el punto es destacar su poca autosuficiencia para provocar que quien se reciba en ella, pueda en forma autónoma real, dedicarse a una actividad que le permita sustentarse económicamente, en ciudades de la escala de Tandil.

No existe un flamante graduado en Administración de Empresas, que, en forma independiente o contratado por un tercero, tenga como requisito inexcusable para laborar, aplicar lo que estudió. Esa es la regla y como tal, admite excepciones mínimas, las cuales se traducen en: a) Contacto propio o de algún allegado –esta excepción es aplicable a cualquier carrera y/o relación laboral y/o actividad general–; b) Liquidez que permita desarrollar una actividad en forma autónoma y así poder administrar su propia empresa.

Para que se entienda, el administrador de empresas no goza de un rótulo, título, o capacidad que le permita llevar a cabo una actividad matriculada (extremo que por si solo tampoco condena a una persona), sino que, aparentemente resultan aptos para administrar empresas.

Vayamos a las entrañas de ese silogismo. “Administrar” según la Real Academia Española significa “Ordenar, disponer, organizar, en especial la hacienda o los bienes”, y por otro lado, “empresa” alude a una “unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos”. Ergo, podríamos decir que quien termina la licenciatura en ciernes, es un organizador de recursos materiales y humanos.

La elemental pregunta que dinamita la validez que puede tener la administración de empresas es: ¿es menester e indispensable estudiar una carrera universitaria para ser un organizador de recursos materiales y humanos? La  única respuesta verdadera a ello es la negativa; todos lo saben, hasta incluso lo pueriles estudiantes de esa carrera. Llueven los ejemplos de empresarios, gerentes, y administradores que, sin haber estudiado carrera universitaria alguna, y aun sin caer en las mentadas excepciones a) y b) antes referidas, han llegado a las mismas –o superiores–  metas que las que hubiesen tenido otras personas en sus mismas condiciones, pero recibidos en administración de empresas.

No resulta ocioso aclarar, que el presente no apunta a hacer una suerte de proselitismo del estudio de carreras universitarias tradicionales, sino tan sólo demostrar las dificultades que ofrece una carrera universitaria que muchos estudiantes eligen para su futuro en Ciudades de la gama de Tandil, cuando recién recibidos, terminan realizando faenas para las cuales no era necesario aquel título; máxime cuando se observa, una sucesión cuasi-indetectable entre la explotación efectuada por el padre, que pasa como si nada, a su hijo/a.

Tampoco negamos que existan médicos, abogados o contadores que ejerzan otras actividades ajenas a sus carreras. Eso es harina de otro costal.

Pero, ha de hacerse notar, que 10 años al mando de una empresa sin la mencionada licenciatura en administración, no resulta un absurdo, pues ambos elementos de esa oración pueden prescindirse recíprocamente. Intenten formular ese silogismo con carreras matriculadas, y confirmarán el atino de este trabajo.

NO EXISTE UNA ACTIVIDAD CONCRETA PARA CUYA REALIZACIÓN SEA IMPRESCINDIBLE SER ADMINISTRADOR DE EMPRESAS. Si alguno la sabe, que la diga.

Extraigan correctamente las conclusiones que se coligen de este artículo, y no elaboren proposiciones falsas, pues obtendrán un resultado incorrecto. Es decir, no estamos defendiendo la salida laboral de las llamadas carreras tradicionales, lo cual también tiene sus bemoles en la comarca serrana. Tampoco sostenemos que no es útil el contenido de la carrera de administración de empresas.

Y desde ya, es ajeno al presente, cualquier ejercicio de la carrera de administración de empresas que no sea en la Ciudad de Tandil. Es absolutamente distinto el encuadre que puede efectuarse si se quiere vivir de esa carrera en otras Ciudades que no sean del matiz de Tandil.

En suma, el presente no se escribe desde un pedestal, pero tampoco podrá ser refutado. Quien así no lo crea, que lo acredite con un ejemplo concreto, claro, preciso y actual, que eche por tierra lo antedicho. Y aquellos licenciados en administración de empresas que, trabajando en Tandil, adviertan que para lo que están haciendo no era necesario estudiar esa carrera, no se acongojen; sólo basta con aplicar siempre el siguiente adagio: no olvidar de donde venimos, para mirar donde estamos, y proyectar hacia donde vamos.

No es poco.

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