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La vida es un Carnaval

Flor de Murga cumplió 30 años y en esta nota se habla de su líder, Dardo Casal, el hombre omnipresente en cada evento tandilense con la alegría de su comparsa

La historia de Dardo Casal esta íntimamente relacionada con el Carnaval y la alegría. También con la participación y el compromiso, otra característica fundamental de Flor de Murga. Mucho se ha escrito de los 30 años de la murga más representativa de Tandil, pero pocos conocen la historia de Dardo. Sus orígenes en el Barrio de la Estación, la infancia, la militancia junto a Carmen y el nacimiento de un Personaje que quedará para siempre en nuestra memoria.

Nació en el año 1952 y aunque no lo parezca tiene 64 años. Horacio Casal, su padre, era enfermero en el Hospital Ramón Santamarina, al tanto que se mu madre (Orlinda Malisia), trabajó un tiempo como mucama en el mismo lugar y luego se dedicó a la familia.

Dardo los recuerda alegres, joviales. "Antes que nada siento un enorme orgullo por mi padre. Hasta no hace mucho me encontraba con gente que lo recordaba como un hombre servicial y atento. Tenía pasión por su oficio. Llueve o truene salía en la bicicleta a visitar pacientes. No importaba que fuera en el molino o en la otra punta. Siempre salía puntual. El trabajo era sagrado. Los dos eran solidarios, alegres. Incluso mi abuela, que estaba invalida, siempre la veías de buen ánimo. Y mirá que hubo momentos buenos y malos, a veces faltaban cosas, pero no sé, éramos optimistas", dijo a ElDiariodeTandil.

La familia Casal – Malisia vivía en una casona ubicada en Arana y Roca. El Barrio de la Estación fue el escenario de su infancia y la de sus dos hermanos. El mayor un apasionado del folclore.

"La escuela primaria la hice en la Escuela 80, que estaba en calle Machado. No tenía mucha fama, pero la pasé muy bien. Demás está decir que me encantaban los actos y las representaciones. Siempre era el primero en disfrazarme. Eso es algo que lo recuerdo desde siempre. Me gusta hacer reír a la gente. No sé. La sonrisa era y es una caricia para mí", comentó.

Mientras habla gesticula mucho, repite las frases que le quedan resonando. Se ríe, pero también se emociona. Estos días deben ser especiales para él. Su mayor obra de arte cumple 30 años y los gestos de felicitaciones y agradecimiento se multiplican por toda la ciudad.

Todos en esta ciudad lo vieron alguna vez en vivo. No es necesario ir al carnaval para encontrarlos. Flor de Murga puede estar en un cumpleaños, en una prueba atlética o en distintas movilizaciones sociales. Flor de Murga siempre está.

"No sé si en todos los barrios la vida era igual, pero en el nuestro era hermosa. En la cuadra éramos todos parientes o amigos. Estaban las tías, los primos, me acuerdo de los Caresía. Éramos tantos que siempre había un cumpleaños o un festejo. Los ferroviarios del barrio también eran alegres", explicó.

Entre historias y anécdotas, aparecían continuamente las del carnaval. Esos días de febrero están marcados a fuego en su alma: "Mi vieja se disfrazaba, los chicos del barrio. Era una fiesta. Toda mi vida fue igual. Siso sintiendo lo mismo que la primera vez".

"Disfruté tanto la infancia. Fuimos tan felices que es difícil explicarlo. Teníamos el potrero donde ahora está El Palenque, en la esquina donde está la Ludoteca Municipal. Cuándo llegue a los 17 o 18 sufría porque me hacía grande", esta última frase la sigue repitiendo. "Sufría porque me hacía grande". Lo dice como quien tiene un descubrimiento.

"La niñez me empezaba a quedar lejos y lo sufría. Tenía los mismos gustos que cualquier flaco de mi edad: iba a los asaltos, a los bailes de Unión, seguíamos a las pibas, pero quería seguir jugando". Por supuesto que lo imaginamos con camisas llamativas y amplios pantalones Oxford estridentes. "Tenía el pelo largo, me gustaba hacerme el hippie. Nunca me compré un traje, ni siquiera para el casamiento. Me mandaba a hacer la ropa o conseguía ropa usada. Me divertía", agregó.

Buena madera

Un tema recurrente en los #Personajes que pasan las seis décadas es su iniciación temprana en el trabajo. Este no fue la excepción. Dardo con solo 10 años encontró su oficio en la madera. Dijo que le llamaba la atención su olor, la textura.

"Cuando terminé la primaria mis padres me querían anotar en la Escuela Técnica, pero no quise saber nada. Yo quería trabajar. Ya estaba haciendo mis primeras armas en una carpintería de unos primos de mi madre. Estaba en Villa Italia y me hacía feliz. Me encantaba armar autitos, íbamos a lo de Artero a pedir cajones de Cinzano".

El primer trabajo rentado lo consiguió en una carpintería que estaba en Moreno, casi Arana. Siempre en el Barrio de la Estación.

Ni siquiera el servicio militar le cortó su carrera de ebanista, ya que por un contacto se quedó en Tandil y cumplió funciones como carpintero en las FFAA.

Por esos años también descubrió su sintonía con el peronismo. En la casa no se hablaba mucho de política, pero su madre simpatizaba con el "Pocho" y su padre era radical.

Recuerda con orgullo el primer afiche que tuvo de Perón. "Entré rápido a la unidad basica y se lo pedí a un compañero, después lo metí entre la ropa y salí pedaleando rápido".

Al salir del servicio militar decidió probar suerte en otro rubro. Trabajar en Metalúrgica significaba encontrar una buena posición económica. Las vueltas de la vida le acercaron una chance en Esmeta y allí fue a probar suerte. Las metalmecánicas abundaban en Villa Italia y Villa Galicia. Imágenes de una ciudad que fue cambiando su semblante.

"Era una fábrica grande, más de 140 obreros. Entré como carpintero y tuve la suerte de conocer a María del Carmen, mi compañera. Ella entró después que yo a trabajar como oficinista y buscaba cualquier excusa para ir a verla".

Los 80 fueron años de cambio en su vida. La amistad decantó en amor y formaron una hermosa familia. Argentina salía del peor momento de su historia y ellos apostaban al amor y la alegría. La militancia también comenzó en esa época. Más precisamente en el año 1983 con la llegada de la democracia.

No importó la victoria de la UCR a nivel nacional y municipal, Dardo estaba feliz por la vuelta a la democracia. Las leyendas cuentan que el día de las elecciones tomaron prestado un bombo de la banda municipal para arengar a los compañeros decaídos. Siempre la sonrisa como bandera.

El noviazgo se prolongó varios años. Querían tener la casa donde mudarse. Dardo tenía un terreno en calle Montevideo y lentamente comenzaron a construirla. Al igual que su amor, se dio de a poco. Paso a paso y sin apuros.

De este amor nacieron dos hijas. Manuela y Victoria. Ahora son abuelos y, por supuesto, todas participan de la murga. Lo llevan en la sangre.

"No hay forma de escaparse. El bombo se te mete en el alma y no lo sacas más. Es el corazón de la murga. Cualquiera con un poquito de sensibilidad lo escucha y rápidamente se familiariza. Es mágico".

Recién en el 86 funda la murga. Su historia la contamos en la sección de Cultura de estas páginas: "Fue el 17 de octubre de 1986, cuando nuestro entrevistado revoleaba una matraca entre los cuerpos sudados de los peronistas en la Plaza de Mayo. ?En ese momento me invadió la necesidad de formar una murga en el barrio de las ranas. Cuando veníamos de vuelta con los compañeros de la JP yo les decía de aprovechar el carnaval, hay que aprovecharlo para cantar, para decir cosas. Teníamos que animarnos a sonreír luego de lo que había sido la última dictadura?.".

Luego vino un camino difícil. Dardo sintió como una traición el gobierno de Carlos Menem. "Nosotros apoyábamos a Antonio Cafiero en las internas", pero luego de la derrota levantó la bandera del riojano. "Algo pasó en algún momento, porque no puede ser que este fantoche nos haya traicionado de esta manera. Fuimos a Plaza de Mayo cuando ganamos pero había algo que no estaba bien. Los compañeros nos mirábamos distinto. Nuestra sospecha se confirmó cuando nombró al gabinete. Había gente que no tenía nada que ver con lo que era el peronismo. Ya teníamos la víbora enroscada en el cuello".

Si hay algo que destaco de casal es la coherencia, por eso no me sorprende que haya sido uno de los primeros "compañeros" en salir a marcarle la cancha al neoliberalismo. "Empezamos a burlarnos y a denunciar la entrega de Menem. Algunos compañeros nos decían que paremos, pero después se dieron cuenta. La murga es mi trinchera. Nosotros denunciamos y reclamamos pero siempre a través del humor. Hay que reírse a pesar de todo. Burlarse de los que le mienten a la gente. Yo nunca fui cantar ?la cucaracha¿ a carnaval. Desde el primer momento cantamos nuestras verdades con alegría".

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