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El pequeño gran Tricolor

“Tatuna” Braile es parte de la historia de Ferrocarril Sud. Durante años salió con los equipos del club de la Estación a la cancha como aguatero, y tras un período alejado por algunos malentendidos, volvió y tuvo su homenaje.

(Por Mauro Carlucho – Fotos de Nicolás Procopio)

Tatuna es de los grandes personajes del futbol local. A punto de cumplir 80 años, lo visitamos en su casa del barrio de la estación. Pese a ser nacido en Benito Juárez encontró en los adoquines un lugar de pertenencia. “Yo soy tandilero puro y de la estación”, nos dijo inflando el pecho.

Sus padres se mudaron a Tandil cuando todavía era un niño. El matrimonio vivió junto a sus tres hijos en Montevideo al 600. Allí se criaron y plantaron las raíces.

“Estudié en el Colegio San José hasta sexto grado y después empecé a trabajar con mi padre que era ebanista. Estuve con él hasta que conseguí trabajo en el Correo Argentino donde estuve más de 30 años como ordenanza. Fueron muchos años trabajando en el Correo, adonde me jubilé finalmente”, repasa junto a ElDiariodeTandil.

No estuvo casado y se anima a confesar que nunca estuvo enamorado: “La camiseta de Ferro es el único amor de mi vida”, dijo en un pasaje de la entrevista. Su vida era el trabajo y los viajes. Cada peso que ahorraba lo invertía en turismo. En una pared de su humilde casa encontramos la memorabillia de cientos de destinos. Hay llaveros, fotos, mapas, recuerdos. Nos habla con emoción de sus viajes. De Cuba, España, México. “De Argentina solo me falta Tierra del Fuego y después conozco casi toda América. Brasil es lo más lindo que vi. El último viaje fue en el 2012 cuando estuve en un crucero por el Océano Atlántico”, nos cuenta.

Hay imágenes por toda la casa. Cada pared tiene un poster, una foto. Les agrega anotaciones, frases. El Pato Garate tiene un lugar de importancia. Fue su amigo y compañero. “Lo extrañé y lo sigo extrañando, era un pingazo”, lo recuerda.

Se siente la melancolía en el ambiente. Tatuna está un poco flojo de salud. Los problemas de los médicos con el municipio le retrasaron una operación que sigue en espera. Pero hace menos de un mes recibió una invitación que le alegró el alma. La actual Comisión Directiva de Ferrocarril Sud le hizo un merecido homenaje en el estadio Dámaso Latasa.

Cientos de veces escuchamos la frase: “A los homenajes hay que hacerlos en vida”. Este caso nos habilita a seguir repitiéndolo hasta el cansancio. Ese pequeño gesto del club fue una caricia al alma.

El amor por Ferro empezó a través del alambrado. Como hincha. Pero un día lo empezó a vivir desde adentro. “En una época iba a ver los entrenamientos, Ferro tenía unos jugadorazos. Salía de trabajar del Correo y me escapaba derecho para la cancha. A veces ni comía para no perderme nada. Un día les empecé a alcanzar el agua a los jugadores y me dieron el lugar. Después salimos campeones en el 77/78 y quedé como la cábala. Aldo Villar era el entrenador”, recuerda.

Lleva las estadísticas marcadas a fuego. Se pone serio cuando afirma que estuvo en más de 600 partidos, 6.500 entrenamientos y arroja un dato digno del Libro Guinness de los Records: “Llevé 7.200 bidones de agua”. Tan incomprobable como hermoso. Porque es normal que un delantero se vanaglorie de ser el máximo artillero o un arquero exponga sus vallas menos vencidas, pero Tatuna tiene su marca. Un aguatero record, que disfrutó de ayudar a los verdaderos protagonistas: los futbolistas del tricolor.

“¡Si serán años!”, nos dice. Tiene mil anécdotas, historias de todo tipo. Fue aguatero, masajista, colaborador y parte de la familia de Ferro. Muchos técnicos hablan de la importancia del grupo, las individualidades son importantes pero en el futbol los grupos ganan campeonatos. Ahí se hizo fuerte Tatuna. Desde el primer día fue uno más. Estaba en los entrenamientos, partidos, viajes, cenas, en las rondas de mate. El club lo adoptó como uno más. Fueron casi 30 años de presencia ininterrumpida. Hubo buenas y malas épocas, pero su diminuta figura seguía presente.

“Creo que me gané el lugar por insistencia. Adentro de la cancha debuté en un partido contra Loma Negra, me acuerdo como si fuera hoy. El mejor equipo que vi fue el de 1977 y 1978. Era una máquina y Aldo Villar un verdadero señor. Antes había muy buenos jugadores, pero ahora no tanto”, analiza. Nombra a Perandones, al “Diente” Areozarena con quien también dio la vuelta olimpica, al Tucumano Calderón, a quien dice lo vio hacer el mejor gol que apreciaron sus ojos. “Todavía lo recuerdo, ¡que fenómeno!”. De su última etapa destaca al “Hormiga” González, ese 10 habilidoso que descolló en la década del ’90.

“Usted no se imagina lo que sufrí cuando me fui del club”, afirma. Sus más cercanos saben del dolor. En el 2003, cuando Oscar López era el entrenador y Santoro el presidente, Tatuna se quedó sin lugar en el banco de suplentes. La reglamentación del Torneo Argentino B permitía un número menor de colaboradores y le tuvieron que pedir seguir los partidos desde afuera. Braile no lo pudo aceptar. Llevaba más de 600 partidos sin faltar a ninguno, en una agenda tenía anotadas todas las estadísticas. Ferro era una parte de su vida.

Lo cierto es que volvió lleno de rabia a su casa y armó una enorme hoguera con todos los recuerdos. Pensó inútilmente que el fuego podía borrar a Ferro de su vida. Hoy recuerda tristemente esos acontecimientos: “No sabía en que dedicar el tiempo. Extrañaba estar en el club, acompañar a los muchachos. Ferro es mi vida. Santoro y el “Amarillo” se portaron mal conmigo. Por eso me fui. Hoy estoy arrepentido de lo que hice. Quemé una parte de mi historia”.

Volver al Club

Desde aquella rabieta, pisó poco y nada a la institución. Digamos que no quería acercarse. Le hacía mal. Pese a esto, estuvo en el 2008 cuando homenajearon a los campeones del ‘78 a 30 años de aquel título histórico.

Así y todo siempre siguió la campaña por el diario, la radio o según lo que le contaban sus amigos por la calle. Le generaba expectativa esta nueva gente que agarró la manija. Ni hablar cuando lo visitó un dirigente para comentarle del homenaje que le iban a realizar.

“Como te dije lo anterior, también debo reconocer lo que están cambiando las cosas. Hace mucho tiempo que no se hacía nada en el club. Es una maravilla como están dejando todo. Cuando fui a la cancha fue una sorpresa. El club todo pintado, ordenadito, lo mismo en la sede. Parece mentira”, dice abriendo los ojos como el dos de oro.

“Me dan ganas de ir a ver un partido, lo extrañé tanto que aunque esté medio fulero de salud quiero ir”. En ese tiempo, alejado del club, nunca más fue a la cancha. “A Santamarina ni loco lo voy a ver. No me gusta”. La rivalidad eterna. “A ellos siempre lo ayudaron los árbitros, la liga. Ferro es otra cosa”. Se emociona y nos emocionamos. El ambiente se transformó en un minuto.

Aprovechó la ocasión y salió corriendo para el cuarto. Pensé que no quería que lo viéramos llorando, pero no. Aparece al instante con la camiseta tricolor. “Esta es la única que no tiré al fuego”, nos dice. La guardó pensando en este momento. Quizás internamente sabía que iba a volver.

“Estos chicos que están en la dirigencia aman al club. Eso es fundamental. El Viejo Díaz (otro histórico del club) era muy mal llevado, pero también amaba al club. Esa es la gente que vale”. Sin quererlo Tatuna nos dejó una máxima. Su amor por el club permanece inalterable. No hay berrinches o macana que pueda con esta pasión.

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