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Una sentida despedida “tricolor” para Willy

Hugo Rodríguez, reconocido hincha de Ferro, escribió una emotiva carta dedicada al emblemático personaje aurinegro fallecido recientemente.

Cuando la puta parca asesta la estocada final a un ser que conocí quedo sin reacción, y en este caso se potencia porque a quien le digo adiós no es un amigo (no lo éramos entre nosotros) si los teníamos en común. Son incomparables (las sensaciones y el dolor) porque disímiles eran los colores que defendíamos en nuestro “lugar soñado”, aunque iguales en esos que nos hacen la mitad más uno a lo largo y ancho del país.

Sigo intentando dar arranque a mi cráneo y no puedo, y como ningún hada acudirá en mi ayuda voy a comenzar con lo que tendría que cerrar.

Tranquilo amigo lector, confíe un poco, ya sabrán hacia donde voy.

Estamos, los argentinos, en un momento complicado de nuestra historia. La grieta política no se terminó, se ensanchó más. Cualquiera que ose pensar diferente es atacado, para bien o para mal; y en el fútbol es igual, lo dice siempre Braceli, el balompié nos espeja como sociedad. Y la pucha que es verdad.

Decía, por estos días en que nos auto desangramos, en tiempos en que parece que nada nos reconciliará con el vecino, en días en que cualquier excusa es valedera para insultar, golpear y matar; es, justamente en estos días, que estoy despidiendo a un tipo que nada tuvo en común con mi persona.

Me enteré de la muerte de Guillermo Triviño, “Willy”, por boca de Alicia Laco el mismo sábado 28 de mayo en cancha de Ferro Carril Sud, y, paradojas del destino, fue justo en vísperas de un nuevo clásico del pago chico.

Me dolió que no hubiese un minuto de silencio justo en ese partido. Me dolió que no reinara el sentido común. Me dolió que el primer equipo de Santamarina no saliera con un brazalete negro. Me dolió a mí, como hincha de Ferro.

Y me jodió más porque Willy era mejor que quien les escribe. Porque no le importaba quien presidiera el club y que secuaces tuviera este a su lado, a mí sí me ofuscan, porque siempre te usan y después te pegan un boleo en el culo. Pero Willy no era así. Él solo acompañaba y alentaba. Willy me superaba porque él, junto a Laco, Pianta, Castaño y alguna otra alma fueron los que refundaron el club cuando ya no tenían nada. Yo solo luché diez años para que Ferro no cayera al mismo pozo.

Willy no era hincha de la “categoría” como lo son muchos que hoy se dicen de Santamarina, Willy era hincha, hincha, como los de antes (Palabras de Fer Uranga).

Él, Fabiana, Alicia y sus hijas iban siempre, aunque “Santa” jugara con San José en cancha de Gimnasia. Ellos estaban, los otros no.

El título de hincha representativo es de Willy y no de los que hoy gritan goles de B Nacional. En tiempos de hinchas acomodaticios, él, era el estandarte del amor genuino.

En fin, no creo poder ser más didáctico, voy cerrando, pero, para eso, debo citar parte del discurso que el 4 de julio de 1974 el Dr. Ricardo Balbín vocalizó para despedir los restos de Perón en el Congreso Nacional.

El líder radical dijo: “Llego a este importante y trascendente lugar, trayendo la palabra del radicalismo y la representación de los partidos políticos que, en estos tiempos, conjugaron un importante esfuerzo al servicio de la unidad nacional: el esfuerzo de recuperar las instituciones argentinas y que, en estos últimos días, definieron con fuerza y con vigor su decisión de mantener el sistema institucional de los argentinos…”

“No sería leal, si no dijera también que vengo en nombre de mis viejas luchas; que por haber sido claras, sinceras y evidentes, permitieron en estos últimos tiempos la comprensión final, y por haber sido leal en la causa de la vieja lucha, fui recibido con confianza en la escena oficial que presidía el Presidente muerto. Ahí nace una relación nueva, inesperada, pero para mí fundamental, porque fue posible ahí comprender, él su lucha, nosotros nuestra lucha ya través del tiempo y las distancias andadas, conjugar los verbos comunes de la comprensión de los argentinos…”

“Como un ejemplo de los tiempos, como una lección para el futuro, a los cuarenta y un años, el país entierra a otro gran presidente. Pero la Fuerza de la República, la comprensión del país, pone una escena distinta, todos sumados acompañándolo y todos sumados en el esfuerzo común de salvar para todos los tiempos la paz de los argentinos. Este viejo adversario despide hoy a un amigo.”

No creo que haya palabras más justas que este histórico discurso final. Es por eso que hoy, aún en las hondísimas discrepancias con las que vivimos es que espeto; siendo miércoles 1 de julio de 2016 después de Cristo, yo, Hugo Alberto Rodríguez, hincha fanático de Ferro expongo y simplifico, en pleno otoño serrano y a más de cuatro días de su partida, un viejo adversario ferrocarrilero está despidiendo al mejor rival aurinegro.

Hasta pronto Guillermo, que en paz descanses.

Posdata Braceliana: Espero que las metáforas usadas se entiendan.

Posdata Braceliana 2: Al que le quepa el poncho que se lo ponga, o, el que pueda “Ponerse las botas” que lo haga (solo les pido que no los desaparezcan como en los años 90). Willy merecía algo más, y no ahora que respira aires mejores. El fútbol nos espeja. Somos bastardos, mentirosos y ventajeros. De seguro ahora habrá homenajes varios, lamentos avisarle que es tarde. Durante su agonía de setenta días solo Alicia y otras poquísimas personas lo visitaron.

Sí, el fútbol nos espeja. Me duele, pero es verdad.

Hugo Rodríguez

hugorodriguezprensa@gmail.com

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