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Formas creativas para combatir el bullying

Los alumnos de un Instituto de Rosario realizan talleres de rap para expresar sus emociones. Cada vez más escuelas buscan modos no convencionales para luchar contra el maltrato colectivo.

Nahuel Malanot filmó con su celular cómo uno de sus compañeros golpeaba a otro cerca de su escuela en Rosario. Lo subió a las redes sociales y empezaron las burlas. En vez de amonestarlo, el director decidió pedirle una acción reparadora: que hiciera un video sobre el clima escolar positivo. Así, no sólo logró que Nahuel se arrepintiera, sino que lo ayudó a encontrar en el cine su actual vocación.

Frente a un fenómeno tan complejo como el bullying -que puede generar depresión, exclusión social y efectos negativos en el rendimiento escolar- son cada vez más las escuelas que buscan evitarlo con propuestas creativas e innovadoras, donde el foco no está puesto en la sanción, sino en que los chicos trabajen la empatía y manifiesten sus emociones a través del arte, de la música, del yoga, de la meditación y de otras actividades de integración.

Según la Unesco, la Argentina es uno de los países latinoamericanos con más casos de acoso escolar. Estos episodios crecieron un 25% durante 2015 con relación a lo sucedido en 2014, de acuerdo con el último informe de la ONG Bullying Sin Fronteras. El año 2014 finalizó con 1305 denuncias de acoso escolar y 2015 con un total de 1631.

Entre los lamentables casos de este flagelo se encuentran los suicidios de Milton Amaya en La Pampa y el de Francisco Rodríguez de la escuela ORT de Núñez, en Buenos Aires.

Conscientes de esta realidad, hoy numerosas escuelas dan respuestas alternativas donde los chicos son los verdaderos protagonistas de la transformación. "La sanción punitiva no sirve porque el sufrimiento de un chico no se puede remediar con una amonestación", explica la especialista María Zysman, de Libres de Bullying, para quien no existe una fórmula única para combatir el problema.

Por eso resalta que es importante lograr un trabajo interdisciplinario donde el grupo pueda compartir espacios de verdadero encuentro. "Llegó la hora de que los chicos pongan el cuerpo, se reconozcan entre ellos como personas que sienten, se miren, se escuchen, se valoren", aconseja. A su vez, la especialista explica que, muchas veces, los chicos hostigados tienen virtudes que sus compañeros desconocen. Por ello, estos espacios son ideales para compartir sus fortalezas, sentirse valorados y alimentar su autoestima.

En este sentido, Zysman plantea que los escenarios fuera del ámbito académico tradicional -como actividades recreativas, lúdicas y de reflexión- cambian las reglas del juego y los ejes donde los chicos están acostumbrados a moverse y permiten que ellos expresen con mayor soltura sus emociones y talentos.

Ese cambio de actitud fue el que alcanzó Nahuel Malanot luego de viralizar el video que humillaba a su compañero. El mérito es de Arístides Álvarez, su director del Instituto Zona Oeste, de Rosario. Hoy Nahuel se convirtió en el autor de cortometrajes para concientizar sobre diferentes temáticas y estudia cine en la universidad.

"Como director uno no se queda bien cuando pone una sanción y a los pocos días los chicos vuelven a repetir lo mismo. Lo que reconforta es ver que los alumnos toman profunda conciencia y cambian de verdad", sostiene Álvarez.

Hace dos años este director se volvió a enfrentar con una situación conflictiva dentro de su escuela rosarina: un grupo de alumnos se juntaba a hacer rap, decir malas palabras e insultarse. Con el mismo espíritu de hacerlos parte de la solución, los invitó a un congreso donde los desafió a que interpretaran un rap sobre alguna problemática propia de su edad. Ellos eligieron la temática del bullying y, a partir de allí, comenzaron a darle un sentido útil y solidario a este género musical.

Actualmente los jóvenes raperos acompañan a Álvarez a dar charlas de concientización sobre el acoso escolar a otras escuelas y ellos son los encargados de organizar los talleres de rap. Después de reflexionar sobre la temática, los jóvenes invitan a otros chicos a que escriban sus emociones en un papel y luego ellos las interpretan al ritmo del rap.

Santiago Espinosa, de 15 años, y uno de los responsables de esta tarea, cuenta: "Cuando hacemos estas actividades vemos cómo otros chicos van sacando afuera todo lo que sienten: si los agreden, si la pasan mal en la escuela. Es un método de descarga para compartir lo que tienen adentro y sirve para identificar el problema y poder actuar".

Además de los talleres de rap, la escuela utiliza un programa de radio a cargo de los propios alumnos, clases de teatro y desde el año pasado organiza el festival "Si nos reímos, nos reímos todos", enfocado en trabajar la convivencia escolar positiva donde invitan a participar a otras instituciones educativas, clubes, vecinos y murgas.

"Tal vez te sentás a hablar con un joven y le preguntás «¿qué te pasa?, ¿por qué estás triste?». Y no te lo dice porque no se anima o por vergüenza. Entonces los adultos tenemos que buscar diferentes formas para llegar a ellos, ya sea a través del rap, de la escritura, del arte u otros espacios de liberación de tensiones. Nos pasa como directivos, como docentes y también como padres", reflexiona Álvarez.

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