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Los 100 del Sapito

El DT cumple este sábado, ante Atlético Paraná, un centenar de partidos al frente del equipo aurinegro. Una nota en el diario El Eco de Tandil muestra la intimidad de este querible cordobés.

Mar del Plata, 26 de agosto de 2012. En el vestuario visitante del estadio José María Minella, una voz con tonada cordobesa se dirige a los jugadores de Santamarina que ese día enfrentarán a Unión, en el inicio del torneo Argentino A. Es Gustavo Coleoni, en la previa a la victoria 2-0, lograda con goles de su comprovinciano Angel Prudencio.

Fue el estreno del “Sapo” al frente de los aurinegros. El primero de una serie de partidos que este sábado alcanzará las tres cifras, cuando dirija por centésima vez al equipo tandilense.

Una excusa ideal para recorrer parte de la historia reciente y la actualidad de los aurinegros, con uno de sus principales protagonistas.

-¿Imaginabas llegar a cien partidos cuando empezaste a dirigir a Santamarina?

-Realmente no. Es el primer equipo en el que voy a alcanzar esa cantidad. En Juventud Antoniana de Salta tengo más de ochenta, era el club donde más había dirigido. Me pone feliz. El valor que le doy es por la parte profesional y por la parte personal. Más allá de los resultados, que han sido generalmente buenos, con Santamarina tengo una relación especial.

-Te tocó armar tres equipos totalmente diferentes. ¿Qué destacarías del primero de ellos, en 2012?

-El primero lo armamos casi íntegro, con Monay, Strada, Capella, Prudencio, Ledesma, Palacio, la primera etapa de “Pitu” González; más jugadores que ya estaban como Bertoya y Michel. Hubo casos como el de Bucci, que estaba en un momento difícil de su carrera. Tuve una charla muy rica con él y fue otro baluarte. Se hizo una campaña impresionante pero nos tocó el empate con Sportivo Belgrano que nos dejó sin ascender.

Después terminó mi contrato y me fui a Salta. Cuando me tocó volver, hubo gente que me miraba de reojo porque me había ido. Pero yo no me fui a mitad de torneo, lo hice cuando terminó el campeonato.

-Si te hubieras ido mal, no te hubieran ido a buscar nuevamente en 2015.

-Claro, tanto Pablo Bossio como la dirigencia y Alejandro Saurel me ofrecieron dirigir en el Nacional B, algo que les agradecí muchísimo. Me pasó que dirigí dos veces en varios equipos, Racing, Juventud Antoniana, Central Norte. Tengo una forma de ser y de manejarme que hace que generalmente me llamen de nuevo, no sólo por la parte profesional sino por la humana.

-¿Ahí vino el armado de otro plantel, ya con nombres de mayor jerarquía?

-Fue otra cosa. Ahí no podés equivocarte ni en el trabajo, ni en lo que decís ni en como te manejás. Aprendí mucho de ellos, con un plantel que dio mucho desde lo humano y está a la vista desde lo futbolístico. Llegamos muy justos al final, cansados, por promedio de edad y cosas que nos pasaron. Patronato llegó más fuerte, así y todo recién nos ganó en los penales.

-En el medio, por ejemplo, tuviste la posibilidad de ir a Quilmes.

-Fue justo en la previa al viaje a Mendoza, la vez que hubo problemas con el colectivo. Me llamó el presidente de Quilmes y me ofreció ir. Los muchachos estaban en duda, porque pensaban que me iba. En la charla les dije que quería llegar a Primera División, pero con ellos. Y nos faltó un penal para hacerlo.

-¿Cómo se trabaja con ese tipo de jugadores, varios con un recorrido importante en el fútbol?

-Tratando de que estén bien, de que estén frescos. ¿Qué le puedo enseñar a Mariano González o a Fernando Telechea? Nada. Hubo un momento en que Mariano se sentía mal porque no encontraba el rendimiento y estaba presionado por ser de Tandil. Le dije que estuviera tranquilo, que disfrutara, que no tenía nada que demostrar. Pero con todos los jugadores tengo historias. Es un orgullo que varios integrantes de ese plantel digan que les dejé cosas positivas.

-¿En 2016 se arrancó en un contexto muy diferente?

-Sí, Pablo me ofreció seguir y me pidió que nos diéramos una mano mutuamente. Que iba a ser una etapa de transición, que el presupuesto sería muy acotado, el más bajo de la categoría. Prácticamente no tuve vacaciones, porque me dediqué a buscar jugadores. Y se armó este plantel que era una incógnita para todos. Nosotros sabíamos que tendríamos muchas ganas, actitud, con trabajo en lo grupal. Si a la intensidad le agregamos juego, el nuestro será un buen equipo. Me ayudó mucho la vuelta de Sebastián Scolari, se armó un gran grupo de trabajo con Gustavo Liggerini, Mariano Doñate, Diego Colantonio y el resto de la gente.

-Supongo que a los tres equipos de Santamarina los disfrutaste. ¿El actual te da más orgullo?

-Cada uno tiene sus cosas. Siempre el cuerpo técnico tiene incidencia, pero en este equipo actual se nota más. Hay que estar atento a más detalles, porque muchos chicos debutan y otros están haciendo sus primeras armas. Deben saber que esto es importante para la carrera de cada uno de ellos. Hay varios chicos que en la euforia están en el cielo y cuando pierden están buscando petróleo. Parte de nuestra tarea es darles equilibrio.

-¿Te dolió más perder el ascenso en San Francisco en 2013 o en Paraná el año pasado?

-Todavía me lo pregunto. Lo de San Francisco dolió muchísimo y lo de Paraná me debería haber dolido más, porque era la posibilidad de llegar a Primera División. Pero a su vez sentí que el país había reconocido nuestro trabajo. La definición en San Francisco no fue tan mediática, esa campaña pasó desapercibida para los hinchas de otros equipos. En cambio lo del año pasado fueron diez meses que no se deben borrar por un penal.

-Tampoco pareció que los jugadores se hayan sentido tan dolidos en Paraná. ¿Lo notaste así?

-Puede ser, capaz en la cancha y en el momento no se demostró tanto. Pero cuando al día siguiente llegamos al estadio San Martín cada uno se sentó en su lugar del vestuario. Y ahí nos dimos cuenta que se acabó y empezamos a llorar todos. Les dije que teníamos que estar tranquilos, también dentro de mi llanto. Recién acá en Tandil nos cayó la ficha de lo que había pasado.

-¿Cómo es tu relación con Bossio?

-Con Pablo tengo una relación muy buena, será porque a veces conversamos de fútbol y otras veces no. Me da libertad absoluta para trabajar, algo que valoro mucho. Y soy una persona que trata de resolver los problemas y minimizarlos. La dirigencia nos ha dado muchas cosas y hay otras que nos faltan, pero entiendo que no es fácil llevar adelante un proyecto. Hay otros presidentes que quieren meterse en la parte futbolística y Pablo es muy inteligente en ese aspecto, sabe ocupar su lugar.

-¿En qué lugar te imaginás a Santamarina de acá en adelante?

-Yo dije que el ascenso de Santamarina debe ser terminar su predio e intervenir con las categorías inferiores en AFA. Sin perder el nivel de protagonismo en la B Nacional, hay que empezar a trabajar en la estructura de inferiores para apuntar a otro nivel. No es fácil por una cuestión económica, pero se debe apuntar a la gestión para conseguir apoyo.

-¿En ese aspecto Tandil es muy diferente a otras ciudades en las que trabajaste? Siempre acá se apunta a la falta de apoyo.

-No digo que me siento un tandilense más, pero ya tengo mi grupo de amigos y conozco bien la ciudad. Tandil tiene la idiosincrasia de no tener demasiada pasión por las cosas. Hay gente que va a la cancha y es incondicional, pero no refleja la característica general del tandilense. De a poco, hay una mayor identificación y sentido de pertenencia, se ve gente en la calle con la camiseta de Santamarina.

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