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Anteojos negros de… madera

Una buena nota sobre dos tandilenses que se destacan con su emprendimiento en el mundo de la moda

La Opinión de Tandil publicó una interesante nota de Marcos Aguilera y Simón Ventos Taborga, en la que destaca la buena senda por la que transita un particular emprendimiento de dos serranos, Nicolás Porto y Belén Agostini.

“Nicolás Porto y Belén Agostini son tandilenses. En 2013 iniciaron un proyecto muy original para fabricar anteojos en madera a partir de la experiencia que habían acumulado trabajando en distintas ópticas de la ciudad. Su historia, los desafíos cotidianos, sus sueños y expectativas se asemejan a los de muchos jóvenes que encuentran en el emprendedorismo una forma de potenciar su creatividad. Desacartonados, sin jefes y con tiempos propios, el techo parece ser el cielo.

Belén fue la que dio el puntapié para empezar a trabajar en el diseño de anteojos, algo en lo que Nicolás tenía experiencia por haber aprendido el oficio en diferentes ópticas de la ciudad. “Primero pensamos en hacerlo con inyecciones de plástico, hicimos algunos cursos y después nos dimos cuenta que los precios de las matrices eran completamente inaccesibles”, recuerda Belén sobre aquellos primeros pasos. La segunda idea fue comercializar anteojos: “Viajamos a Buenos Aires y conocimos un muchacho que fabricaba anteojos de metal. Compramos una cantidad importante y empezamos a revenderlos, pero no era lo que más nos gustaba”, continúa Nicolás con tono orgulloso en su afirmación. Y tiene lógica, no es lo mismo comercializar un producto que imaginarlo, diseñarlo y fabricarlo. Si bien hay relaciones, son dos mundos distintos.

Ante la imposibilidad de producir gafas con inyecciones de plástico y la dificultad de encontrar empatía en la reventa de productos ajenos, Nicolás pensó en fabricar armazones utilizando la materia prima con la que trabajó junto a su padre durante muchos años. Así, en 2013, cobró vida el primer anteojo de madera de Nómade. “Salió bastante feo, tenía forma de anteojo pero no tenía ninguna proyección o diseño” recuerdan, con auténtica honestidad, pero avizorando que se trata de un emprendimiento que busca constantemente la excelencia y la perfección. Ese primer anteojo todavía lo tienen en su casa, como marca imborrable que impide el olvido y muestra el avance.

La idea de realizar anteojos en madera de alguna manera los cautivó,“tuvimos que probar muchas técnicas y herramientas para poder trasladar el diseño industrializado de un anteojo a la madera” advierte Belén y cuenta orgullosa que “no hay máquinas para esto”. Seleccionar las materias primas es una parte medular del proceso de fabricación “tuvimos problemas con las maderas porque que hay más blandas o más duras, entre otro montón de diferencias. Probamos 15 maderas y finalmente nos quedamos con dos que resultaron ser las más nobles”. Esas maderas, nos dirán más adelante son “la Guayubira y el Guatambú”.

La prueba de fuego.

La primera tirada fue para la Feria de Semana Santa del 2014. En el acceso a la portada del Parque Independencia, los turistas y personas que recorrían la diagonal recibieron de muy buena manera la iniciativa de estos jóvenes tandilenses. Mail, contactos en las redes sociales y pedidos de gente de diversos lugares del país que querían anteojos personalizados y originales.

“Es más difícil que armar un anteojo convencional porque para esos ya vienen piezas fabricadas. Con estos modelos tenés que hacer prueba y error evitando romper lo que hiciste”, agrega Nicolás mientras, lija en mano, acaricia suavemente un par de patillas.

Hoy en día Nómade produce 40 anteojos por mes. Para llegar a ese número Nicolás y Belén producen partes en serie para después ensamblarlos. “La madera tiene tiempos que hay que respetar, en la prensa tiene que estar dos o tres días”. Como en muchas otras actividades, el tiempo es una variable sobre la que resulta difícil intervenir. “Cuando los armazones están en la prensa, sólo queda esperar” explica Belén que, además, es la responsable de todo el trabajo de difusión y publicación en redes sociales, una de las principales herramientas de comunicación con las que cuenta el emprendimiento y que les permite tener una atención personalizada con cada cliente.

Las jornadas de trabajo en el taller de Alberdi al 700 son de doble turno. “Trabajamos desde ocho y media hasta doce y media; después estamos desde las tres de la tarde hasta las siete”, comenta Nicolás. Después sigue en su casa. En su computadora lleva adelante uno de los procesos que diferencian a Nómade: “A la noche trabajo en el diseño. Más que nada en los personalizados: vos podes traer la foto de un anteojo que te gusta y acá lo hacemos, pero también interpretamos como te va a quedar” agrega convencido que ese es su valor agregado. La personalización de los anteojos es uno de los aspectos que les permite competir antes industrias extranjeras que venden sus productos a precios más bajos. El otro aspecto que les da competitividad es la posibilidad que tiene el cliente de conocer el proceso que llevan adelante, cualquier puede acercarse al taller de Nómade para ver su trabajo.

Si bien los comienzos con la madera no fueron sencillos, con el paso del tiempo el material demostró algunos beneficios: “La madera nos permite hacer muchas cosas que con otros materiales no podes hacer, por ejemplo si tu anteojo te aburrió, lo podemos lijar y pintarlo de otro color”. Pero no es sólo lo estético. Cada anteojo es tan único como el corte de madera de donde surge. Las vetas y las líneas naturales de la Guayubira y el Guatambú son únicas e irrepetibles en cada anteojo y, según los dueños de Nómade, eso hace que los clientes se “encariñen mucho con los anteojos de madera”.

Belén tiene fundamentos para asegurar que el cliente siente algo por los anteojos de madera. “Antes que nada, al encargarnos nosotros de la producción y de la comunicación, los que tienen nuestros anteojos y nos quieren comentar algo, hablan directamente con nosotros” y recuerda una anécdota: “Una de las chicas que compro sus anteojos en la Feria de Semana Santa del 2014, nos escribió para decirnos que le robaron sus anteojos y que había perdido todo su poder; la asociación que hizo nos llamó muchísimo la atención” cuenta Belén.

Los anteojos mejoran cada día porque se multiplica el esfuerzo y la dedicación para perfeccionar el objeto. Su método de producción es completamente artesanal y, desde su aparición en el mercado doméstico, llamó la atención por su terminación y calidad. Pero lo artesanal está exclusivamente dedicado al anteojo. Nómade tes un emprendimiento digital. Su página web http://www.nomadeanteojos.com/ posee un sistema de venta online y suman más de ocho mil seguidores en Facebook, con mucha interactividad y respuesta permanente a sus clientes.

Su trabajo tiene tan buena aceptación que llegó a París, la elite de la moda mundial. Allí, Micaela Argañaraz, una joven de Olavarría que hace carrera de modelo en Europa y a la que conocieron cuando tenían su negocio de óptica en esa ciudad, eligió los anteojos Nómade para posar en algunas fotos publicitarias. Aseguran que, en un evento que la modelo argentina compartió junto a los emblemáticos Rolling Stones durante su gira europea, los anteojos fueron marcadamente elogiados por miembros de la banda británica. Dicen que aún esperan la foto que grafica la autenticidad de la historia. A su vez, en el continente asiático, también hay algunos pares Nómade dando vueltas: una cliente de Taiwán pidió cinco modelos vía web. Los recibió en una semana.

“Uno de nuestros sueños es trabajar en lugares de alta moda, sabemos que hay estrellas del cine o rock que tienen sus propios diseñadores”, se sincera Nicolás, que pasó de imaginar un anteojo hecho en madera a soñar con el prestigio de una marca que ya atravesó, por lejos, las fronteras su ciudad.

Producción Fotográfíca | Carolina Gonzalo

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