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Julio Elichiribehety: «Tandil no vota petisos»

Interesante reportaje al estratega de las campañas de Miguelete en Tandil. (El Diario de Tandil, versión papel).

Es el jefe de campaña histórico del lunghismo, radical, hincha de River y de Chevrolet, con la rareza de que uno de los amores de su vida, su hijo Joaquín, le salió de Boca. En la Entrevista Picante de ElDiariodeTandil (papel) , además de sostener la curiosa teoría que da título al reportaje, Julio Elichiribehety no le esquivó el bulto a ningún tema, incluso a su muy probable regreso al gabinete de Miguel Lunghi en un conjetural cuarto mandato.

-¿Usted siente que en el peronismo resulta ser la única voz radical respetada en el tema de los derechos humanos?

-No sé, con el libro intenté hacer un trabajo en el que creo firmemente: el radicalismo es un partido que ha dado una lucha intensa en los derechos humanos en toda su historia. Me parece que la UCR después de Alfonsín no fortaleció esta línea ni retomó esta bandera. Alfonsín fue un factor determinante en este tema. Pero el radicalismo tuvo muchos desaparecidos, fundamentalmente profesionales. El peronismo tuvo muchos militantes de base. Y en Tandil fueron los hermanos Victorino y Juan Carlos Pugliese, Osvaldo Gutiérrez y el Choli Pedersoli quienes presentaban hábeas corpus en tiempos de la dictadura. Y no muchos más jugaban en ese sentido para la época. Yo lo que creo es que he construido y sostenido una relación con referentes de derechos humanos a nivel nacional, todos ellos sabiendo que yo soy radical y ninguno de ellos lo es, salvo Strassera, quien además era un radical de sentimientos alfonsinistas. He ido a los actos de reparación que se han hecho en Tandil, y he  tenido unas muy pocas situaciones de destrato…

-¿Y en cuánto colabora o no para ese destrato que Lunghi el 24 de marzo del año pasado haya dicho que el feriado nacional por el Día de la Memoria le parecía “un exceso”?

-Bueno… eh… Yo creo que los espacios de reflexión y memoria como lo es el 24 de marzo en general se han confundido como fines de semana turísticos. Eso es lo que percibo claramente. Y me parece que Miguel planteó eso desde la perspectiva con que él hace esas afirmaciones sintiendo que habría otras formas…

-Pero usted comprenderá que una reflexión de esta naturaleza lo vuelve a ubicar al intendente en un lugar muy cercano a la idiosincrasia mental de la derecha lugareña, o muy lejano a los derechos humanos…

-A ver, bueno… Si a los derechos humanos los acotamos a los derechos civiles y políticos y a la década 76/83, que es lo que ha hecho el kirchnerismo, uno podría decir que todos los que no tenemos situaciones de haber vivido trágicamente ese período estamos como invalidados. Y yo creo que Miguel evalúa los derechos humanos desde otra perspectiva. Es un tipo que aporta a los derechos económicos, sociales y culturales. El derecho a la salud es uno de ellos. Ahora Miguel no es un teórico de los derechos humanos ni le vamos a pedir eso. Y este tema, además, no ha sido un tema de agenda del radicalismo, sino que fue tema de agenda de Alfonsín. El kirchnerismo ha hecho un recorte de los derechos humanos con períodos de amnesia importantes. Por ejemplo el indulto de Menem. Y se saltean que está Milani en el Ejército. Lo trascendente sí fueron los juicios por la Verdad, porque por primera vez se investigó a civiles con su participación en los golpes de Estado.

-Hablemos un poco más de Lunghi… Además de la voluntad, la pasión por hacer, la obsesividad y el hecho de que no le guste casi ninguna otra cosa en la vida que ser intendente, ¿dónde observa usted que radica su pacto de fidelidad eterna con el vecino?

-Yo creo Miguel vino para permitirle a la sociedad elaborar el duelo de la muerte de Zanatelli.

-¡A la flauta! ¡Qué definición! ¿Está haciendo psicología política?

-Espere, no estoy haciendo comparaciones.

-¿Me quiere decir que Zanatelli se reencarnó en Lunghi?

-No, hablemos en serio. Creo que Lunghi de alguna manera vino a cubrir ese espacio. En el imaginario social interpreto que ese voto pragmático, ese voto del orden, como lo llama Oscar Nigro, ese voto de la tandilidad, ese voto soldado en la zona de integración encontró un cauce local en Miguel Lunghi. Que además es un hombre de porte físico grande. Escúcheme: Tandil no vota petisos. Esto es una teoría mía que tiene una base, no viene tirada de los pelos… Tiene que ver con una certidumbre de cierta paternidad, de imagen seguridad que debe transmitir un intendente, hay un voto paternal ahí. Tiene que ver también con que la gente visualiza a un hombre que toma decisiones.

-O sea que según esta tesis, Tandil no tendrá un jefe comunal de escasa estatura. Están fritos Carlitos Fernández, Auza, el Choli…

-Bueno, yo lo hecho dicho a veces en broma pero sabemos que un sector muy importante de la sociedad busca la previsibilidad, un voto paternalista de un intendente que le resuelva los problemas. Nuestra sociedad busca un hombre que ante una situación de turbulencia esté más cerca del tipo que aterrizó el avión con un ala en el río Hudson que el capitán que comandaba el Titanic. Eso es la previsibilidad.

-¿Cuándo duele tragar el sapo de tener que ir con el Pro?

-El radicalismo tiene matices. Hay un sector que observa un fino acuerdo de ir con Macri. Hay otro sector que vota por antagonismo: todo lo que le pueda ganar al kirchnerismo será votado. Y un tercer sector que no vamos a votar a Macri. Obviamente yo lo voy a votar a Sanz. Para mí hay una cuestión de tipo ideológico. Yo no voy a votar a Macri, como no lo voté a De Narváez ni lo voté a Lavagna. Nosotros no somos un partido de pensamiento único pero somos un partido orgánico. Yo sueño con radicalismo que tenga alguna potencialidad como en el 83, pero no siento esto como una nostalgia. Yo vivo con pasión la política, a los 60 pirulos milito como cuando tenía treinta y River, Chevrolet, Serrat y Sabina siguen siendo mis pasiones inalterables.

-Hay una percepción de que el gobierno comunal, desde que usted se fue de la secretaría de Desarrollo Social, fue perdiendo parte de su entramado político en el Tandil más vulnerable y periférico, un poco a partir de cierta militancia más directa y caminadora del kirchnerismo y otro poco a partir de que Teruggi no tiene sus mismas características, precisamente.

-A mí me critican porque dicen que como secretario del área utilicé las peores prácticas del peronismo… La realidad es que tanto con Kirchner como con Scioli el intendente privilegió las cuestiones del gobierno, sin hacerse K antes ni sciolista ahora. Eso nos permitió tener una mayor cantidad de recursos: construir los dos CIC, la Ludoteca… Ahora yo creo que Oscar Teruggi ha hecho una buena gestión. Tiene gente que ha seguido a su lado como Diéguez o Guillermina Cadona…

-A Diéguez parece que lo hubieran dejado bastante solo…

-Si usted se refiere a la causa por irregularidades en Desarrollo Social no creo que sea así. Nosotros hemos charlado mucho con Rubén, lo hemos acompañado, porque además no hay un solo hecho de delito ahí.

-¿Pensó que alguna vez lo iban a citar?

-Sí, como responsable político del área. Pero lo que se está evaluando es una cuestión meramente administrativa. Mire, si alguno se hubiera echado un mango al bolsillo, Lunghi le hubiera soltado la mano a cualquiera, usted lo conoce perfectamente. Yo le digo algo, frente a determinadas urgencias hay que estar en Desarrollo Social, eh… En todo caso, si algo se nos puede decir o criticar o cuestionar es que frente a determinadas urgencias uno no puede haber seguido el trámite administrativo. Pero hay que estar ahí, eh… A los teóricos les preguntaría: ¿qué hacés cuando se te muere una persona y tenés que resolver el tema de un velatorio? ¿Qué hacés cuando un vecino tiene que viajar y llevar el chico al Garrahan y no tiene recursos? Bueno, algunos teorizan y algún día les va a tocar gobernar. Yo también desde la vereda de enfrente fui bravo en las críticas, y cuando me tocó gobernar me di cuenta que no es lo mismo mirar el partido desde la tribuna y relatarlo que estar adentro de la cancha.

-Bueno, ¡ha hecho una autocrítica! Si esta entrevista llega a leerla la señora Cristina Faroppa, va a sonreír un poquito…

-Es que cuando uno gobierna hay que resolver situaciones inmediatas y dolorosas…

-¿Piensa volver al gobierno?

-No sé, no lo sé…

-Antes era no, nunca… ¿Qué pasó? ¿Extraña?

-No lo pienso inmediatamente ni con un cargo trascendente. Yo estoy más cerca del Lobo Ledesma que de Kranevitter.

-En un eventual cuarto mandato Lunghi va a precisar un gabinete fuerte, como el primero… ¿Le gustan las difíciles, no?

-Sí, por supuesto. Yo no digo que no vaya a volver, quiero decir que si vuelvo no lo haré para ser el próximo jefe de gabinete de Lunghi. Ahora si en algún  momento hay una situación complicada y Miguel me llama… bueno… ahí estaremos. La otra vez me dijo que yo era un jugador para el segundo tiempo… je. Creo en definitiva que Miguel, si gana –porque las elecciones hay que ganarlas y evitar el peligroso reduccionismo de que ya ganamos- va a armar un gabinete con fortaleza y con perfiles interesantes. Hay gente que puede pegar el salto. Es cierto que nosotros llegamos con mucha hambre y la maratón de triunfos hace que uno no conozca el lado oscuro de la derrota… Ese gabinete de 2003 tenía una polenta bárbara, éramos todos militantes, con Carlitos Fernández, el Flaco Frolik, Mario Civalleri que venía de hacer una experiencia interesante en la Universidad… Eran reuniones de gabinete durísimas, nos matábamos. Yo creo que con Carlitos no nos cagamos a trompadas porque él sabía que yo iba a surtirlo primero, pero después de eso a la noche íbamos a cenar sin problemas. Lo que quiero decirle es que teníamos en claro algo: como cuadro político tenés que tener piso y techo, saber sacar a un lado las cuestiones personales y las cuestiones de la vida.

-¿Le preocupan las críticas?

-Saramago decía: “Si los que hablan mal de mí supieran lo que pienso de ellos, hablarían mucho peor”. En el poder hay que tomar decisiones dolorosas. Yo después de cada campaña tengo cinco amigos menos. Hoy la cola de gente que dejó de saludarme (el reportaje se hizo en el Hotel Libertador) sería desde acá a la esquina de Irigoyen.

-¿El cuarto mandato es un acierto o un error?

-Es una necesidad…

-¿De quién? ¿O de quiénes?

-Es una necesidad del proyecto de gobierno y de la transición hacia un próximo candidato. Yo hablo mucho con Oscar Nigro, es una persona de referencia. Él mira con dificultades el tema de las reelecciones. Lo cierto es que Miguel quería un mandato más, tiene una vocación de poder inagotable. Nadie lo presionó demasiado. Si él no lo quería, no lo iba a hacer. Había entonces una posibilidad de trabajar cuatro años e intentar una continuidad para el 2019. Tandil va a cumplir 200 años y ha tenido 12 intendentes radicales y 6 solamente peronistas. Si nuestra ciudad tiene un perfil de transformación y desarrollo es porque ha estado mucho tiempo gobernada por los radicales. De modo que la ciudad es proclive a enamorarse de la UCR. El radicalismo tendrá que demostrar que además de Lunghi tendrá capacidad en el futuro para volver a enamorarla.

 

EL CUARTETO SUCESOR

“Yo no me sumo a los sucesores de Miguel para la intendencia. Digamos que si se votara solamente en la zona de vulnerabilidad, quizá ahí tendría alguna chance. Pero la verdad es que mi militancia en derechos humanos no acompaña la mirada electoral del tandilense medio. Lo asumo así y conozco mis limitaciones. Mi aporte desde lo que será la última jefatura de campaña que voy a hacer en estas elecciones es entender que empieza una etapa de fuerte renovación en el partido. En cuanto a la grilla para la sucesión están Mario Civalleri, Matías Civale, Marcos Nicolini y el Flaco Frolik. Todos ellos quieren ser. Los cuatro. Y vos tenés que querer ser, después el futuro habla.Trabajaré entonces para el que gane la interna entre ellos, porque seguro que después de Lunghi habrá elecciones internas, algo que estratégicamente potenciará al candidato”. (Julio Elichiribehety dixit).

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