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Linda nota al «Tano» Montaruli

Se la realizó Brando Bruni para el semanario El Diario de Tandil.

Piero Montaruli dedicó gran parte de su vida a ser cantante y actor, pero para Tandil ya pasó a ser más que eso. Además de ser conocido por su labor artística, ya forma casi parte del paisaje.

Sentado en uno de los bancos de la plazoleta de Rodríguez casi San Martín, contó aElDiariodeTandil que “es raro que a las 10 de la mañana no ande en mi placita. Ésta es mi placita. Se lo dije al señor intendente, me respondió que la hicieron para mí, pero le dije que se equivocó porque le puso “Plazoleta del Sol”, tiene que ponerle “Plazoleta de Piero” (risas). Después de las cinco de la tarde ya no puedo estar en casa, tomo unos mates y me vengo para el centro. Nos juntamos unos cuantos hombres de cierta edad y se tocan todos los temas. Empiezan con la criminología, las noticias, la temperatura, todos los temas. Ocho y media, ya estoy en casa. Me gusta cocinarme, mientras vivió mi finada esposa, no sabía hacer ni un huevo duro”. Y así, aprovecha los días de su jubilación, a sus 68 años, paseando y saludando a cuanta persona se cruza, porque lo conocen todos. “Desde que enviudé hace 11 años, mi vida pasa por las amistades, el arte, el teatro, tratar de cantar cuando me invitan en alguna fiesta italiana”, comenta, mirando para todos lados porque sabe que alguien en cualquier momento le hará un ademán, saludándolo. Es que la gente de la ciudad, lo quiere, y él lo sabe: “Me lo demuestran a diario, inclusive desde que me hice fanático de Facebook, veo la cantidad de gente que me aprecia. Para mi el humor es lo que vale, hacer reír una persona cuando va caminando y que me respondan con una sonrisa, para mi es fundamental. Y después, el cariño de la gente cuando estoy en un escenario. Me brindo, aunque a veces tengo vergüenza y miedo porque no salgan las cosas, con el aplauso me doy cuenta que vale la pena”

Y es raro que nos hable de nervios sobre las tablas, ya que lleva toda una vida cantando y actuando. Piero es del sur de Italia, de la provincia de Bari, el pueblo donde nació se llama Ruvo di Puglia, “es el taco de la bota italiana, bien del sur”, nos ubica. Pero desde pibe que anda por estos pagos: “Empecé cantando a los 16 años en la desaparecida Confitería Rex, con la orquesta de jazz de Don Vito, donde estaba mi papá también, Alfredo Montaruli, un gran contrabajista. Empecé en el año 61, hice un impasse cuando me casé en el año 69 bajo una promesa que le había realizado a mi querida esposa, que cuando nos casemos yo iba a dejar de cantar. Fue porque mi mamá había tenido la triste experiencia con mi papá, siendo músico en Italia, cada vez que nació uno de mis hermanos, él no pudo estar presente. En el año 80 me dediqué a este dulce métier que es el teatro, que me apasiona, y ahí volví a estar en los escenarios. Tengo 50 o 60 obras hechas, con la Comedia Tandilense, con Coquito Guimet, luego con la Comedia Universitaria, empecé nuevamente a estar con el público. Tuve la suerte de estar en coros, incluso ganando la medalla de oro en los encuentros bonaerenses, cantando para casi 2000 personas. He pasado mis cosas”.

“Evidentemente me reconocen porque me convocan continuamente”, sigue comentando sobre el afecto de la gente y el respeto de los pares. Incluso ahora está por empezar a ensayar una nueva obra, con gente joven, que lo llama para que aporte desde su experiencia. Pero él, más allá de los aplausos, no se la cree, “si no estaría vanagloriado”, aclara, para agregar que “yo camino por la calle y nunca tuve la cosa de irme a Buenos Aires. Siempre fui feliz acá en Tandil, tuve mi trabajo en Metalúrgica Tandil durante 35 años, aguantándome las cargadas cuando me iban a ver al teatro. Todos los días me levantaba a las tres y media de la mañana para ir a trabajar, y a veces estaba ensayando hasta después de la una o dos. Pero lo hacia con mucho humor y mi esposa siempre me acompañó”.

Y a su mujer, la nombra cada vez que puede. A pesar no estar con ella hace más de una década, emocionado confiesa que ella “también fue gestora de todo esto. Mirta Beatriz, mi único y verdadero amor. Íbamos a Saladillo, Rauch o Ayacucho a hacer teatro, y ella era la cebadora de mate oficial. Mirta Beatriz Mosca fue una de las precursoras de mi arte”.

Más allá de su origen y su arraigo con la cultura tana, Piero es de Tandil. Así lo conocemos todos y a él le encanta. Incluso, en la parte trasera de su coche se lee“Tandil te quiero”. Pero nos cuenta, poniéndose un poco serio, sin jamás perder la sonrisa, que la gratitud no llega de todos lados por igual: “Tengo 64 años de tandilense, a veces me duele que los reconocimientos de la parte gubernamental no aparezcan. No son celos, sigo igual, pero veo que no se le brinda al actor o al cantante tandilense los méritos que se merecen. Se trae gente foránea muy buena, pero hay poca convocatoria para los de acá, y si lo está haciendo la Universidad, ellos están resaltando a los actores”.

Como nos contó, hizo mucho y está feliz con lo que logró: “Tengo mi familia, un nieto, mi casa, mi pequeño vehículo, cobro una buena jubilación, no me falta nada. Como varón, no tengo deseos de estar en pareja, prefiero salir a comer algo con amigos, o a los bailongos de los jubilados que me encantan porque uno se divierte gratis. Después de mis problemas de salud, que por suerte me recuperé, el ansía mía es volver a andar en bicicleta, como lo hacía siempre, con mi Panetta autentica. La tengo media arrumbada, así que la voy a recuperar y voy a empezar a andar en bicicleta nuevamente”.

Nos despedimos y lo dejamos sentado en SU plazoleta, al lado del ex correo, solo por el momento, pero seguro que en un par de minutos ya está charlando con alguien.

 TANO POR SIEMPRE

En la nueva obra que está empezando a ensayar hace, una vez más, de italiano. Pareciera ser que siempre lo llaman cuando se necesita un tano. De todos modos, a él ese encasillamiento no le molesta en absoluto. “Vengo haciéndolo desde siempre. Me han llamado hasta para grabar algunos relatos para enseñar a los chicos la fonética en italiano”, recuerda sonriendo.

Y con acento italiano hizo, por ejemplo, obras como “El Casamiento de Chichilo”, “El Divorcio de Chichilo”“Las de en Frente” y “Putanesca”. Esta última, supo ser un éxito, allí lo acompañaron Marcos Casanova y Claudia Gayo, dirigidos por Alejandra Casanova. “Esa fue una de las obras que más satisfacciones me brindó. Empezamos con un tema y terminamos trabajando en base a lo yo proponía, aporté cosas italianas, como la salsa putanesca, que era la que se les preparaba rápido las prostitutas para que comieran y siguieran trabajando”

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