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Sandrina Maqueira: “Me queda poco hilo en el carretel de la noche”

Publicamos aquí la Entrevista Picante a Sandra Maqueira perteneciente a la edición número 2 de ElDiariodeTandil papel. La charla incluye en un apartado la memorable anécdota de la empresaria de la noche con el stripper marplatense en 1994.

Es el símbolo por antonomasia de la empresaria de la noche tandilense, fundadora de boliches que fueron grandes éxitos y responsable de haber organizado hace veinte años el primer show de strippers para mujeres en Tandil. Fue para la época una mayúscula transgresión que, por otro lado, le acarreó una anécdota memorable. Es Sandra Maqueira, sin filtro. La mujer que a la hora del reportaje decidió comenzarlo ella con una pregunta al cronista.

-¿Por qué me eligió a mí?

-Porque usted es un personaje.

-¡Ah! Qué bueno estar como un personaje para la gente, ¿no?

-Lo primero que se me ocurre preguntarle es si le va el apodo de “La Reina de la Noche”, como se la suele llamar en el ambiente…

-No me molesta, pero tampoco creo que sea la reina de la noche. Debe ser porque soy la mujer más nombrada dentro de la noche, pero la gente tal vez no conoce que hay otra persona, una empresaria muy importante, que hoy está al mando, en un perfil más bajo, como Sandra, una de las dueñas de Sol Tropical. Es una gran empresaria.

-Está bien, pero no tiene que ver con su caso que funciona más bien como un símbolo. Como alguien que fundó algo. ¿Cuándo empezó?

-Como dueña de un boliche empecé con Chiapas. Con Fernando Vergel, a quien le dije con toda la buena onda: “Che, si vos no aparecés es mejor”. Se lo dije bien porque no le aportaba al lugar dado que ya tenía un desgaste dentro de la noche. El mismo desgaste que tengo yo hoy en día, como lo tenemos varios.

-¿De verdad se siente desgastada?

-Sí, totalmente. Tengo un gran cansancio mental, la noche está tremenda, muy distorsionada. La gente tiene muchas opciones para salir pero el problema es la falta de plata. Quien sale no puede errarle con el boliche, y por eso nos están matando las previas, no solamente a los bolicheros. Las previas son tremendas, cada vez hay más fiestas privadas. La generación más joven me putea bastante porque cree que los bolicheros la queremos toda para nosotros, pero no es así… Estamos apostando a generar trabajo.

-¿Usted se ve desgastada en la mirada de los vecinos?

-Y algo así debe haber… Obviamente están los que te quieren y los que no te quieren.

-¿Está pensando en dedicarse a otra cosa?

-Estoy pensando seriamente en una retirada mía de la noche… me queda poco hilo en el carretel, sobre todo por mi edad. Tengo 46 años, vivo con mi pareja, trabaja conmigo, lo cual a veces es bastante complicado. Pero bueno, yo vivo de esto y hago de la noche mi vida. De hecho hoy Uma está planteado como un salón de eventos múltiples, por lo cual sigo estando en la noche sin tener la incidencia de la parte boliche.

-Bueno, a partir de Paca la sensación fue que lo que usted tocaba lo convertía en oro. Hasta que o cambió la suerte o le vino la mala, pero se dice que su cuarto de hora está cerrado, o, para serle más crudo, algunos creen que usted actualmente sólo construye fracasos.

-Esto debe venir por el tema de Museo… Pero yo no llamaría un fracaso al hecho de abrir durante seis años todas las noches un boliche. Eso pasó en Museo. Seis años, todos los días –menos los martes de descanso- con una temática distinta. Ego también tuvo seis años. Y la gente se cansa de los boliches. En esto se necesita reformar todo el tiempo y hoy una reforma no baja de los 400 mil pesos, como si fuera una monedita. En este tiempo realmente los boliches no cobran lo que tienen que cobrar el precio de una entrada.

-Alberto Cantarelli dice que si hoy tuviera Grisby, que era el mejor boliche de su época, la entrada costaría 500 pesos…

-Bueno, y estaría cerrado a la semana siguiente.

-¿En qué cambiaron los códigos de la noche?

-En muchas cosas. Cambiaron por empezar los códigos entre nosotros, los bolicheros. Cada cual tira para su lado y defiende su negocio. Y en la gente de hoy cambió todo también. Hay una agresividad tremenda. Hay mucha droga y mucho alcohol. Y las mujeres están mucho más liberales, más descaradas. Siempre fue así, pero antes eran las menos…

-¿Y qué haría si dejara su actividad?

-No sé, soy una gran vendedora. Me gusta vender.

-¿Hizo plata?

-No, deliré mucha plata… Viajé mucho, gracias a Dios. También me gusta el casino. Juego mucho a los dados. Se me hace muy larga la noche entre las 12 que abro hasta las 3 de la mañana que empieza a llegar la gente, y ese es el lapso en que voy al casino.  Hay veces que juego más o juego menos. Podría haber hecho mucha más plata pero me gusta vivir la vida. Y me gusta vivirla como la vivo. Sin deberle guita a nadie y tranquila conmigo misma.

 

La memorable anécdota con el stripper en La Terraza

“Fue en 1994, hace ya veinte años. Yo buscaba hacer algo novedoso y lo nuevo eran los espectáculos de strippers masculinos para mujeres. Creo que fue la permanente necesidad de innovar. En ese momento éramos muy pocos los que estábamos en la noche. El día del show tenía unos nervios tremendos porque no sabía qué era lo que podía pasar. El espectáculo de strippers lo organicé en La Terraza, un lugar que estaba arriba de Woody. Era un ventanal gigante que daba a la pista de la discoteca. Los tres chicos se pintaron la piel con flúo, lo cual les daba un aspecto genial bajo las luces negras, la imagen era muy woowww… No quedaron fotos, una pena. Nadie iba a sacarse una foto en ese momento. Era otra ciudad y un hecho muy revolucionario para Tandil. Y el show fue brillante. Quedóen la memoria visual mía y en la de las 300 chicas que estuvieron allí. Hoy muchas de las que se atrevieron a pasar y a bailar con los strippers recuerdan esa noche como algo increíble. ¿Si pasó algo más que el show de los strippers con las chicas? Pero noooo… No pasó más nada. O sí, pasó una anécdota que nunca la conté. Se me van a cagar de risa. Cuando le voy a pagar al stripper, yo tenía una oficina chiquita atrás de unos monitores que había. Y el tipo se tiró en el piso, me agarró el pie y me dijo…’Bueno má…dale’ y me empezó a tirar onda para curtir… Y yo me empecé a reír… ¡¡¡Dejaste con todos los ratones a 300 mujeres ahí y te vas a fijar justo en mí!!! El stripper era muy atractivo, pero bueno… cuando vio mi cara el tipo guardó la mano automáticamente, se dio cuenta que no había onda… Nunca lo conté porque me dio vergüenza y hasta pudor…” (Sandra Maqueira dixit).

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