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Del Potro, a cinco años de la gloria

-Por Miguel Angel Bertolotto. (Clarín).

No hace falta siquiera recurrir al archivo para certificar algún detalle que se pueda escapar: las imágenes conmovedoras permanecen intactas en la memoria del cronista. El tercer match point de una batalla para la historia. La derecha paralela mortífera de Del Potro, el irreverente que se atrevió a desafiar a su ídolo. El revés a una mano de Federer que se fue largo. El desplome de ese cuerpo inmenso, de 1,98 metros, sobre el cemento mítico del Arthur Ashe, con los dos brazos abiertos y con la raqueta a un costado. Las lágrimas incontenibles. El abrazo con elmaestro suizo. El saludo y las gracias a la multitud rugiente, a esas 23.763 almas que se pasaron un poco más de cuatro horas al borde de las butacas, aplaudiendo, ovacionando, sacudiéndose, alternando el favoritismo. La música de Matador atronando. La celebración eterna, en la tribuna, con su equipo. La ceremonia de premiación, con los cálidos elogios de Roger. Y la copa plateada, la más querida, la que soñaba de pibito, en sus manos: para besarla una y diez veces, para exhibirla a los cuatro costados.

Aquel bendito lunes 14 de septiembre de 2009, hace hoy exactamente un lustro, un Juan Martín Del Potro de 20 años se metía de prepo en el Olimpo de los grandes al arrebatarle el título del US Open al quíntuple ganador consecutivo de esa corona. “ Disfrutá, que éste es tu momento”,le susurró el genial Federer al oído.

“Lo mejor que me pasó en la vida; cumplí mi gran sueño”, confesóDelpo . Y les agradeció a sus colaboradores, a sus padres, a su hermana, a sus abuelos, a sus amigos, a todos los argentinos. Allá, en lo alto del estadio, brillaba el marcador: 3-6, 7-6 (7-5), 4-6, 7-6 (7-4) y 6-2. Atrás, habían quedado sus anteriores vencidos: Mónaco, Melzer, Koellerer, Ferrero, Cilic y Nadal. Una marcha indomable.

Pasada la medianoche, el festejo íntimo en Wollensky’s Grill -en la 3ª Avenida y la 49ª-, con Davin (el coach), Orazi (el PF) y Colombini (el agente), más nueve periodistas argentinos. Carnes, papas fritas, alguna cerveza, agua mineral. Y champán francés para el brindis y para empapar a los cronistas. Del Potro aún no lo creía, pero era campeón del Abierto de Estados Unidos. La gloria tenía un nuevo huésped.

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