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Calabró, un tipazo

El actor y cómico falleció a los 79 años. Fue, sin dudas, un fuera de serie como humorista pero, sobre todo, como tipo.

Habrían pasado 20 minutos de la nota para El Eco de Tandil y me interrumpió para gritarle al mozo: “Decime si éste no se parece a Silverter Stallone, che”. El mozo largó la carcajada y yo me acoplé. Y cómo vio que no me cayó mal su gracia, me verdugueó el resto de la nota con eso. “Preguntá, Rambo”. Así de sencillo se mostró en la nota que hicimos en un cafecito cerca del Botánico, enfrente a su casa. Pocos artistas son de interiorizarse por su entrevistador, saber de dónde vienen o preguntar simplemente cómo están. Habré hecho 500 notas en Capital Federal, a personajes de todos los rubros, en la cresta de la ola o ya de retirados. Pero pocos, muy pocos se “preocuparon” por preguntarme si estaba bien, si necesitaba algo. Es un gesto humano ante un pibe del interior, notero en ese caso, que la estaba remando como cualquier otro. No me olvido más la buena onda del tipo y el humor simple y sano. Con cierto toque de ingenuidad, si se quiere. Así como en Calabromas o El Contra. Me pareció un tipazo, alguien que ya estaba realizado en la vida y que desde entonces se dedicaba simplemente a compartir buenos momentos con amigos, disfrutar de sus hijas –de las que no paraba de hablar con orgullo- y que encaraba sus hobbies con mucha fuerza. Una especie de Forrest Gump, porque a lo que se dedicara ya de “jubilado”, vaya si lo hacía con ganas. Me contaba que por ese entonces se había dedicado a pintar y que se había obsesionado. No paraba de pintar. Se levantaba temprano, salía a caminar y a la vuelta ya empezaba. Y por la tarde seguía. Un obsesivo. Me habló media hora de sus pinturas y yo medio que me aburría pero no quería cortarlo. En otra época había sido ciclista, y lo mismo: se la pasaba arriba de la bicicleta. 
Sus personajes serán recordados por toda una generación. Durante los 80, con su ciclo Calabromas, inmortalizó a Johnny Tolengo, Gran Valor y Aníbal. El programa se convirtió en un éxito humorístico y aún hoy pueden verse las imágenes en canales de televisión y en redes sociales. Y en los 90, creó El Contra, en un programa que compartía con Antonio Carrizo y semana tras semana tenía a diferentes invitados.
Sus apariciones en cine también quedaron registrados como clásicos. Compartió pantalla con Juan Carlos Altavista -Minguito Tinguitella- en Mingo y Aníbal, dos pelotazos en contra (1984), Mingo y Aníbal contra los fantasmas (1985) y Mingo y Aníbal en la mansión embrujada (1986). 
También participó en Donde duermen dos, duermen tres, Yo también tengo fiaca y Me sobra un marido, —las tres junto a Susana Giménez-; Gran valor; Gran valor en la Facultad de Medicina; Diablito de barrio; Villa Cariño; y Villa Cariño está que arde.
Que descanso con toda su sencillez donde quiera que esté.

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