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Huuuuuy loco: Paolo pasó por el diván

Otra destacada entrevista de Jorge Gentile para El Eco de Tandil.

-Bueno, póngase cómodo. Creo que este tipo de entrevista le va a gustar.
-Siií, totalmente, lo del diván, ¿no? Conozco. Soy lector de El Eco y además soy un adicto a Rogelio Rotonda. Para mí es un ícono, porque cuando empecé con mi primer grupo de música, Mauricio’s Trío, Rogelio era el conductor en Acaro, donde debutamos, y Rogelio tenía una manera tan particular de conducir y…
-Hablemos de usted, por favor.
-Sí, bueno: hago mucha terapia. Me hace muy bien porque toda la bosta que tenés si no se la contás al terapeuta, le quemás la cabeza a tus amigos. En cambio si tenés un terapeuta -en el caso mío una chica joven, que me escucha- yo ahí cuento todos mis logros.
-¿Qué sería contar “logros” en la terapia?
-Ya no revuelvo más el pasado. Estoy en un presente en el que recojo frutos: voy a hacer una publicidad muy importante para una ciudad muy importante y se relanza “Los bañeros más locos del mundo I”. Eso me serviría a mí para hacer temporada, sería una gran publicidad para estar de nuevo en los medios.
-Paolo El Rockero vuelve con todo. ¿Sabe que muchos en algún momento pedían que lo jubilara?
-Me la tiraron a ésa, sí.
-¿Y?
-Y yo lo viví como una equivocación de la gente. Yo había desaparecido de los medios y entonces pensaron “Paolo ya fue”. Y a mí eso me dolió.
-¿A usted no lo cansó?
-¿Paolo? Nunca, porque es un personaje que tiene frescura, ternura y una locura total y eso gusta mucho, tanto a la gente joven como a la gente grande. En realidad Paolo es el anfitrión, tengo miles de personajes,  como Olmedo, que sacaba personajes de los amigos. El día de mañana uno de mis personajes va a ser Guillermo Demarco.
-¿Qué personaje quedó en el camino por culpa de Paolo?
-Y… nos perdimos un poco El Gaucho (lo dice con una gran tristeza). El Gaucho es muy buen personaje y lamentablemente a Badía no le era muy de su agrado. Lógicamente él tuvo la intuición con Paolo y la persona que me dio el espacio televisivo para que pueda mostrar mi caudal artístico fue él, Juan Alberto Badía. Que Dios lo tenga en su santa gloria.
-Luego sobrevinieron tiempos muy complicados. ¿No se le ocurrió  volver a acudir a Badía?
-Sí, lo volví a ver en 2005. Me presenté ante él y le dije que quería volver a la televisión. Y me dijo “Jorge, vos sos un ícono de la televisión, sí, déjame que yo me ocupo”. Y no me llamó nunca más. Se ve que ha intentado cosas y lo rebotaron. Discúlpeme, pero no sé donde dejé los cigarrillos y soy un adicto al tabaco. Es mi único vicio, pero lo necesito. Esto es parte de la entrevista. (Desaparece por  dos o tres minutos).
-Ser Paolo, un hippie, ya no sería tan raro hoy, ¿no? ¿Usted se sintió hippie alguna vez?
-Totalmente: hoy Paolo es un clásico, ya no es trasgresor, pero ahora los chicos que son trasgresores son hijos del hippismo, por más que ellos digan que no. Yo era trasgresor. Y llegué a ser hippie desde los 16 hasta los 21, que me empezó a interesar mucho lo del teatro y Les Luthiers, entonces ya no me sentía identificado tanto con el hippismo sino con querer llenarme de plata. Pero lamentablemente, como Charly García, me manejé muy mal con el dinero.
-¿Qué hizo?
-Hice muy malas inversiones y terminé perdiendo todas las Harley Davidson. Como ve, tengo motivos para deprimirme  y para ir a terapia. Pero por suerte me curé de la depresión. Totalmente. Ahora voy al psicoanálisis por diversión.
-Qué habrá pasado para que alguien vaya al psicólogo a divertirse…
-Ya no tengo que andar esperando que salga un show en vivo de Paolo para ser feliz o para ganar unos pesos. Simplemente me tengo que levantar a las 8.30 de la mañana, ver el día; antes era un vago. Me levantaba a la una del mediodía, deprimido.
-¿Pero qué fue lo que sucedió para que esa depresión haya quedado atrás?
-Por un lado mi compromiso con Judith, un amor nuevo desde hace siete meses; pensamos casarnos en cuanto salga el relanzamiento de “Los bañeros” y por otro lado lo que me dijo mi psiquiatra: “Viste, Jorge, el cambio no estaba afuera, estaba dentro tuyo”. ¿Sabe por qué me levanto temprano? Porque ahora tengo cosas que hacer. Además de músico y actor, soy artesano y ahora soy el único fabricante de motos Harley Davidson en cuero en el mundo, en escala, chopper, con todos los detalles.
-¿Se anima a desmentir eso de “el tren pasa una sola vez”?
-Siií. ¡Eso del tren es una mentira! ¡Qué mentira! Esa persona que te dice que aproveches que el tren pasa una sola vez es alguien que está lleno de envidia, de codicia, de ganas de verte con los puñales en la espalda, de verte fracasar. La persona que te dice “Jorge metele para adelante que vos tenés talento, tenés que volver a la tele” ésa es la que vale. La que dice “el tren pasa una sola vez” te está clavando un puñal en la espalda. En mi vida el tren pasó más de una vez.
-¿Cuál es la fórmula para volver a subirse a otro tren?
-Pasé todos los golpes de la vida. Los sobrepasé a todos. La fórmula estaba adentro mío. En mi caso no dejar morir el artesano, porque ahí en las maquetas, yo tengo mi tiempo ocupado y la mente no tiene que estar pensando en depresiones, bajones, en “uy, la pucha, no me están llamando de la televisión”, yo, cuando estoy haciendo las Harley, estoy disfrutando de la vida y ese disfrute de la vida lo llevo en todos los caminos. 
 
FUERA DE SESION
Esas motos que iban a mil
 
De pronto, cuando ya nadie apostaba a un regreso con gloria, el teléfono de Paolo El Rockero empezó a sonar y desde hace varios días Jorge Montejo es voz repetida en grandes medios nacionales. Andy Kusnetzoff, Pato Galván, Sebastián Basalo, entre otros, mantuvieron largas charlas al aire a raíz de un disparador exclusivo: el 9 de enero de 2014 se relanzará en todos los cines del país la versión original de “Los bañeros más locos del mundo I”, remasterizada, en 3D, arreglada cuadro por cuadro como la mejor de las películas de Hollywood.
A 27 años del lanzamiento de “Los bañeros”, y con 55 años él, Jorge vuelve a estar en el centro de la escena en entrevistas donde a su vez irrumpen los nuevos caminos que emprendió el tandilense, siempre vinculados a su eterno amor, las motos Harley Davidson, en una especie de metáfora de su vida: las tuvo, las perdió y ahora vuelve por ellas, aunque sea desde otro lugar.
“A los 20 tuve una y a lo largo de mi vida pasaron seis, pero las fui perdiendo”, cuenta. No sería tan trágica esta parte de la historia si no fuera que la última Harley, una de colección, edición limitada, que poseía desde 1999 la perdió a causa de una estafa provocada por una persona de su confianza, asegura Jorge, quien antes de irse de viaje al exterior dejó en manos de esa persona  “cédula verde, papeles, todo”.
En pocas palabras: alguien vendió en 7000 dólares una moto que vale alrededor de 35-40 mil dólares y el verdadero propietario no vio un peso. De ese dolor surgió un nuevo personaje: Jhonny Riders, motoquero obviamente, “alguien que está dentro mío porque la pasión por las Harley no la voy a perder nunca. ¿El estafador? No sé, sé que todo se paga en esta vida. Todo da vuelta”.
Luego apareció Judith, un amor que le renovó la vida y al mismo tiempo la terapia lo llevó a descubrir que su oficio de artesano bien podría devolverle las Harley: fabricó una en cuero, en escala, y mientras llevaba su primera obra a entregar a un comprador se cruzó con el escultor Alejandro Azcue, quien de inmediato le encargó otra: “¡Esto es una maravilla, Jorge!” le dijo el  “Toto”, que de arte algo sabe.
Requeridas desde todos lados, esas maravillas artesanales ahora son la pasión de Jorge-Paolo y confiesa que ellas comparten con su nueva novia la misma calificación: “Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida”.

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