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Machi González: el hombre que tocó fondo y salió a flote con mucho coraje

Luego de dos horas y 15 minutos, logró el mejor resultado de su carrera: se impuso al bombardero polaco Jerzy Janowicz (14°) por 6-4, 6-4 y 6-2; aquí, la historia de un obrero del tenis. (Por Sebastián Torok | canchallena.com)

Después de pasar la clasificación del US Open, Máximo González estaba cenando, con el cuerpo fatigado, pero feliz. Todavía no había llegado a la ciudad neoyorquina Leonardo Olguín, su entrenador desde hace casi dos años, con quien había convenido, por las limitaciones económicas que padecen los tenistas que no son top 100, que viajaría sólo si ingresaba en el cuadro principal. Mientras esperaba que el mozo le trajera un plato de pastas a la mesa, Machi encendió el teléfono celular, se conectó a la red social Twitter y así se enteró de que su rival de la 1» rueda sería el bombardero polaco Jerzy Janowicz, 14° favorito y una de las máximas promesas de la nueva generación. El domingo por la noche llegó Olguín a Nueva York; también su novia, Cecilia. Anteanoche, al mejor estilo Paula Ormaechea, González encordó sus propias raquetas con una maquinita portátil que le prestó Chuky Junqueira en el último Challenger de Meerbush; cenó pastas y milanesas a la napolitana; descansó bien. Ayer por la mañana entró en calor con el español Montañés, fue al vestuario, se cambió la remera sudada por tanta humedad y temperatura, se besó el tatuaje que luce en el antebrazo izquierdo con el apodo de su padre fallecido (Lito) y se dirigió al court 13 para tratar de frenar los saques a más de 200km/h del último semifinalista de Wimbledon. Dos horas y 15 minutos después, Máximo lograría el mejor triunfo de su carrera.

La historia de González es la de uno de los tantos obreros del tenis, de esos jugadores a los que no les sobra nada, de los que las luces los enfocan poco. "El año pasado estuve a punto de dejar el tenis, pero la gente que me rodea y mi entrenador me motivaron para seguir", confesó ayer, a corazón abierto. Es que sus últimos tiempos fueron tormentosos y a los 30 años, el camino es más espinoso para los que no son elegidos como Federer, Haas y Ferrer. El sorpresivo 6-4, 6-4 y 6-2 de ayer frente a Janowicz [en la 2» rueda se medirá con el joven local Jack Sock, 86°] fue su primera victoria en el circuito ATP desde?, Montecarlo 2011. Machi comenzó el año en el puesto 347° [hoy es 247°, aunque avanzará después de Nueva York] y en esta temporada sólo había disputado partidos del Challenger Tour y ninguno de ellos sobre cemento, la superficie de Flushing Meadows. El partido frente al polaco tuvo un sinfín de condimentos, porque el jugador de 2,03 metros se mostró irascible y varias veces cruzó el límite de la caballerosidad. Aquejado por algunas molestias en la espalda, discutió con la jueza de silla, pidió que echaran a una jueza de línea, arrojó la raqueta en un par de oportunidades y hasta sacó de abajo en el tercero, cuando mental y tenísticamente Machi ya lo tenía dominado. "Los problemas de espalda empezaron hace tres días en la práctica. Es como si me clavaran un cuchillo. Me hice acupuntura. Estoy decepcionado", dijo el europeo después del partido. Pero algunas actitudes dentro del encuentro no parecieron del todo verídicas. Tampoco González creyó en muchas de ellas. "Si tenía dolores, se hubiera retirado. Si yo me siento así, juego un set y me retiro. Por momentos hacía doble faltas y después cuando estaba 15-40 sacaba a 200", masculló Machi, que fue superior en todos los registros: sumó 9 aces contra 3 de Janowicz, sólo cometió 4 doble faltas contra 11 y 24 errores no forzados contra 53 del polaco.

En tiempos en los que los treintañeros parecen rocas difíciles de franquear en el circuito, Machi se anima a fantasear a su manera y con sus limitaciones, a soñar con ganar su primer trofeo y terminar entre los primeros cien del mundo en 2013, para lo que participará de varios challengers hasta fin de año. Éstos son tiempos de fantasías para el amigo de Pico Mónaco. Claro, es que los tiempos de disgustos ya pasaron. De esos golpes padeció y mucho. Pero cómo olvidar aquella rotura de ligamentos cruzados de la rodilla derecha en diciembre de 2009, en plena pretemporada. Lo peor es que fue por una chiquilinada que los tenistas profesionales no deben cometer: jugando al fútbol con sus amigos en Tandil. "¿Qué experiencia me dejó la lesión? Que no tengo que jugar nunca más al fútbol y tratar de ser cuidadoso. Después volví a estar dentro de los cien mejores, pero caí y ahora me siento con nivel y ánimo de volver a pelear. Ya hace casi cuatro años de esa lesión, ya quedó atrás", rememoró Machi. "Aquello fue en el mejor momento de él. Ahí estaba en una edad justa", recordó ayer Olguín ante la nacion, no bien salía del court 13, todavía con lágrimas por la emoción del triunfo de su pupilo y amigo. Ninguna lesión es oportuna, pero aquélla fue un mazazo para la carrera de González: era 66° del ranking, casi su mejor récord (58°, en julio de 2009). Pero hoy, maduro y plantado, la vida le sonríe a Machi González. Y va por más, obvio: "Estoy sorprendido porque hace tiempo que no jugaba cuatro partidos en cemento, estoy físicamente bien, me siento fuerte, sin problemas. Y estoy para ganar uno o dos partidos más, ¿quién sabe?".

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