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Mauro Camoranesi, con su estilo, pasó por el diván

Guillermo Gentile sentó a otro protagonista de Tandil para El Eco y lo sacó un poco de su tema habitual: el fútbol.

-Si nos permite, Mauro, vamos a hablar poco y nada de fútbol. ¿Sí?

-Sí. Como quiera.

-¿Realmente se siente tanta felicidad al momento de ganar un título deportivo como aquella copa mundial de 2006?

-Sí, se siente. Es una felicidad muy grande, porque no es una cuestión de un partido de fútbol y nada más: es algo que soñaste, te dormiste años en la infancia pensando en eso, lo viste en la tele… Y yo siempre soñé con el fútbol, como la gran mayoría de los chicos en Argentina.

-Alguien que no vivió situaciones tan fuertes tiene la sospecha que sucede como con los pequeños logros que cualquiera tiene a su alcance: durante un instante y ¡zas! Se terminó.

-Y sí. Es así también. Como todas las cosas. Lo que dije recién ya pasó (risas). Es lo normal, son situaciones que le pasan a todos. Pero con el tiempo empezás a reconocer y ver cosas que en ese momento por la propia felicidad o el propio trajín de lo que estabas haciendo no le prestaste atención.

-¿Qué le pasó a usted aquella vez?

-Es el momento fue una felicidad indescriptible. Y después pasó, obviamente, ya está, pitó el árbitro y terminó; te vas a tu casa y a la noche empezás a vivir de lo que es el recuerdo de todo lo que sucedió. Lo que queda vivo de todo eso, y es lo más lindo, es el recuerdo de la gente. En Italia me agradecían por la calle y eso es lo llamativo: el hecho de que por algo que uno hace -y que a la vez es lo que le gusta- crea felicidad o tristeza en los demás.

-Los personajes que pasan por el diván son atractivos, no tanto por sus triunfos, sino por sus fracasos. ¿Usted los tiene?

-Siempre lo digo: en este laburo, en nuestro trabajo, el ochenta por ciento son tristezas.

-¡Ochenta por ciento!

-Si. Usted juega veinte años, juega entonces más o menos treinta torneos, ¿no? Bueno, si de esos logra ganar uno ya se puede dar por hecho. De ahí en más todo lo que venga es bueno.

-Sorprende verlo tan desenvuelto en las entrevistas por TV. De chico era bastante chúcaro, al menos de pibe, en Tandil.

-Siempre fui chúcaro. Pero obviamente por obligaciones e imposiciones tenés que brindarte y también te tenés que empezar a abrir porque sos parte de este mundo. Y a lo mejor en aquel entonces no tendría muchas cosas para decir.

-Tiene razón. Siempre recuerda que sus inicios fueron más que humildes. ¿Qué se siente ganar tanta plata de golpe?

-Sigo teniendo esa humildad. Tengo mis ideas, mis ideales, mi manera de comportarme, mis objetivos, los mismos que hace veinte años.

-No me respondió del dinero. ¿Cómo le pegó ser de pronto un millonario?

-No sé si ésa es la pregunta justa. (Silencio). A ver: ¿qué te puede permitir el dinero?

-Cuénteme.

-No. ¡Yo le estoy haciendo la pregunta a usted! ¿Qué haría?

-En lo inmediato me compraría un montón de cosas que deseo, supongo. Después no sé.

-¿Materiales, no? En lo inmediato.  ¿Lo ve? Pero en definitiva de los que fueron mis objetivos que no tenían que ver con lo material algunos logré cumplir y otros todavía estoy por cumplirlos. El resto, el dinero, es una consecuencia de lo que genera el trabajo que uno realiza.

-¿Qué desafío le queda pendiente?

-Tengo la incertidumbre de no saber lo que voy a hacer el año que viene, sabiendo que estoy en un momento de mi carrera que es prácticamente el final.

-El tipo rudo también fuera de la cancha ¿fue una receta para conseguir en la vida el mismo éxito que en el fútbol?

-Todos los que están fuera del fútbol te hacen esa pregunta porque está eso de que como uno se comporta en la cancha es en la vida, y la verdad es que hay un poco de eso en la realidad. Mi personalidad me ayudó dentro de la cancha. Y a su vez lo que hice dentro de la cancha me ayudó afuera.

-A veces, aunque seguramente no le guste a usted, parece un tipo muy sensible.

-Es que en definitiva, el que mira la televisión ¿Qué puede captar de mí? Un tipo que corre atrás de una pelota. Ve mi comportamiento pero no conoce absolutamente nada de mí. ¿Qué puede captar ese tipo que está sentado en su casa viendo un partido de fútbol? ¿Qué puedo captar yo de un… cantante?

-Se supone que el artista puede expresar mucho más.

-No. ¿Qué diferencia hay entre un cantante y yo?

-Manifestará, confesará más sentimientos.

-¿Yo no demuestro sentimientos en la cancha? Si es mi manera de expresarme… Para el que no te conoce, para la gente, soy un personaje, represento a un jugador de fútbol, no la persona, por eso Tandil,  aunque voy muy poco, es mi lugar en el mundo. Todos mis amigos en Italia saben cómo se llama mi ciudad, porque para mí Tandil es  importante por eso, porque vuelvo a ser yo, ahí soy yo otra vez: el que fue a la escuela, el que estuvo en el barrio, el que iba a la cancha, al supermercado. Es mi lugar en el mundo. Y lo va a ser siempre. 

 

El futuro técnico de fútbol que se desvive por el golf

Sin medias tintas, tal cual su estilo, Mauro Germán Camoranesi se prestó a un diván improvisado en el mismísimo Cilindro de Avellaneda y entre otras cosas aseguró allí que está muy cerca su retiro como jugador.  A los 36 años siente que dejar la actividad puede ser la mejor de las opciones.

“Por el momento disfruto de ser jugador, pero sé que todo tiene un final, entonces me mentalizo tratando de decirme a mí mismo que el final está cerca. Tengo que tomar una decisión. Sé que puede ser mi talón de Aquiles o mi fortuna, pero mientras tanto me lo tomo con calma, voy viviendo el día a día, disfrutando y sufriendo al mismo tiempo”.

-¿Se imagina lejos del fútbol?

-Estoy tratando de visualizar las dos cosas: dentro y fuera del fútbol, porque todo puede pasar. Es mucha gente la que está en el fútbol, pero si llego a encontrar lo que quiero voy seguir en él, quiero ser entrenador. Eso es lo que quiero hacer porque amo el mundo del fútbol.

Mientras se focaliza en eso, Camoranesi  es un padre de familia (cinco hijos) que recomienda otro deporte: el golf, una nueva pasión que le mueve el piso a punto tal de hacerlo entrar en pánico. Sí, a él, nada menos.

“Todos los que empiezan a jugar al golf y lean esta entrevista se van a reconocer: yo me paro en el tee de salida del primer hoyo y me agarra un nerviosismo tremendo, pánico. Y si hay tres, cuatro personas alrededor, ¡peor! Y todo el mundo me dice “pero vos, que estás acostumbrado a jugar en una cancha ante 70.000 personas y no sentís nada, ¿Ahora te da terror de tener tres tipos al lado tuyo en el golf?”.

-¿Encontró la respuesta?

-Sí. Cuando entro a una cancha de fútbol, yo sé lo que tengo que hacer. Tres horas antes de llegar al estadio, ya tengo en claro todo lo que va a pasar, cómo van a suceder las cosas y cómo se pueden ir modificando y qué es lo que tengo que hacer para llegar a revertir algunas situaciones. Pero en el golf, que recién empiezo, no sé lo que tengo que hacer, entonces todo el nerviosismo está en el resultado. Creo que es eso, cuando juego al fútbol me aíslo, cuando uno está en su hábitat, se aísla, esa es la fórmula”.

por Por Guillermo Gentile

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