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Lucas Arnold: «Me encantaría poder pasarla la pasión de la Davis a Del Potro»

Uno de los tenistas argentinos, ahora meramente doblista, más queridos y respetados en el circuito le tiró flores a Pico Mónaco y algún palito a Juan Martín. Ojo, del Rey David también fue crítico: «Tampoco es un santo».

Cuando Lucas Arnold Ker cierra los ojos, decenas de postales deben florecer en su imaginación. Alegres, tristes, angustiantes, conmovedoras… Fuertes, todas muy fuertes. Cumplirá 39 años el 12 de octubre y su vida es como aquel final de la inolvidable película italiana Cinema Paradiso, cuando Salvatore regresa al pueblo siciliano y se estremece en la butaca del cine observando un montaje dejado por el paternal y fallecido proyeccionista, Alfredo, con los recortes alguna vez censurados. Una imagen detrás de la otra, sin pausa, sin advertencias, sin filtro, directas al corazón. Lucas las pasó todas en el circuito de tenis, pero sobre todo en su vida cotidiana, con un divorcio de por medio, con el fallecimiento de su querida madre (Lucas se agregó el segundo apellido en memoria de ella) y hasta enfrentando un cáncer testicular del que se recuperó, tras la quimioterapia, para volver a jugar, en 2007. "Llegué a sentirme al borde de la muerte. Y esa situación me cambió todo y me sirvió para darme cuenta de cuáles son las cosas importantes. Ahora todo me resbala mucho más", cuenta hoy, cuando se siente bien físicamente, aunque "algo más viejo", y está en Europa montado en el circuito ATP. Aunque éstos son sus últimos cartuchos como profesional: varias veces anunció que se retiraba [la última fue en el US Open 2011], pero afirma que lo hará en el próximo Abierto estadounidense, jugando dobles junto con Juan Mónaco, su amigo.

"Soy cero computadora, estoy hace un mes en Europa sin celular, soy un poco ermitaño", se disculpa Arnold Ker, telefónicamente desde Kitzbühel, tras un par de semanas de búsqueda periodística. En el ATP austríaco jugó con Pico y llegaron a los cuartos de final. Todavía está allí alentando a su socio y 2° favorito del cuadro de singles. La semana próxima jugará el Challenger de San Marino, precisamente el primer título que logró (en 1996, con Pablo Albano) y luego regresará a Buenos Aires para prepararse para Flushing Meadows. Pero especialmente para abrazar a sus hijos: Bautista, de casi dos meses ("Es de mi nueva pareja", aclara), e Ignacio, de 10 años. "Esta vez sí siento que debo retirarme, lo siento, lo estoy asumiendo. Ya no estoy dispuesto a viajar ocho o nueve meses. Ahora estoy en Europa [también actuó en Bastad y Gstaad] desde hace algunas semanas y me pesa estar lejos de mis familiares. Para muchos la vida del tenista es sencilla, pero hay cosas muy bravas. Pasó el día del amigo y casi no me escribí con nadie. Siendo tenista tenés que estar medio en la tuya, te perdés muchas cosas, tenés que estar meses de viaje. Ahora dejé a mis hijos y me quería morir. Cuando sos joven te vas acostumbrando a estar en tu mundo, decís «Estoy acá, entreno, juego, sigo», y te vas olvidando de otras cosas. Es muy loco. Te olvidás de cumpleaños, dejás muchas cosas, hay sacrificios. Cuesta caro ser tenista profesional", le confiesa el tenista de Olivos a LA NACION, sin tapujos, directo como una piña de Tyson. No piensa en el qué dirán. Vivió lo peor para un ser humano y salió a flote. Dice lo que piensa, genere lo que genere… Y tiene autoridad para hablar: creció en una familia con tradición en el deporte de las raquetas, fue semifinalista de dobles en Roland Garros 1997 (junto con Daniel Orsanic), y participó de 14 series de Copa Davis, con los recordados triunfos en pareja en las semifinales perdidas de 2002 ante Rusia (con David Nalbandian) y de 2003 frente a España (con Agustín Calleri).

-Hace unos días estuviste en Gstaad, donde en 1998 le ganaste a Federer su primer partido como profesional y justo Roger regresó al torneo después de muchos años. Muchos recuerdos, ¿no?

-Fue especial estar en ese lugar increíble de nuevo. Me puse a pensar bastante en mi vida. Es una lástima, pero no lo vi a Roger; no es que no me acerqué, sino que no me lo crucé. Él perdió rápido, está en un momento difícil de su carrera, y todo tiene un final, ¿no? Todo termina. Su reinado está terminando. Recuerdo que en aquel partido Roger me devolvía con slice y yo subía y le voleaba. Lo bueno es que nunca se sabe cuánto va a evolucionar un jugador y haberle ganado al mejor de toda la historia en su debut es mágico. Tengo la raqueta con la que le gané a Roger, la guardo como un trofeo; pero estoy pensando en donarla para una acción de caridad. El tenis me apasiona, pero ya me gustaría afianzarme en Buenos Aires, enseñándole a chicos. El tenis es lo que más me hace recordar a mi mamá, que me enseñó y ahora me mira desde el cielo.

– Pico Mónaco, tu compañero de dobles en esta última gira , te ponderó como una "inspiración" para los deportistas. ¿Te sentís útil transmitiendo tu experiencia?

-Sí, es lindo hacerlo. Pico es generoso. Creo que le di una mano cuando él era más chico, intenté incentivarlo para su carrera y él me está ayudando ahora para entrar en los torneos de Europa, porque mi ranking protegido es bajo y sin él no podría haber jugado.

-¿Observás algún cambio en el tenis de hoy con respecto al de hace 15 o 18 años, cuando empezaste a caminar por el circuito?

-No soy de los que dicen que el tenis cambió y que ahora es más físico, no. Lo veo bastante parecido en los últimos 10 o 15 años. Los jugadores de antes se entrenaban más. No creo que ahora sea más duro. Tampoco veo cambios de estrategias. Recuerdo cuando empecé a jugar, que vine acá [por Kitzbühel], mis primeros años, en el 96 o 97, veía a Muster que se entrenaba como un animal todos los días.

-¿Cuáles fueron los momentos más felices que viviste en el tenis?

-La Copa Davis fue lo más lindo de todo. Es más, me dediqué al dobles en 2000 porque veía una camada de singlistas buenísima y quería ser útil en algo. Por eso hay veces que me pongo mal con el tema de Del Potro, que se está perdiendo una oportunidad y no lo entiendo, es una picardía que no esté. Algunos dicen «Federer no juega la Davis en Suiza y no pasa nada». Pero el nuestro es un país distinto. Federer jugó la semana pasada en Gstaad y no pasó nada. Me encantaría poder pasarle la pasión de la Davis a Del Potro, que en algún momento la tuvo, porque fue sparring en Bielorrusia, en 2004, y se moría por jugarla, tenía 15 años.

-Pero evidentemente no se siente cómodo y tiene otro objetivo.

-Pero va más allá de los vínculos con los compañeros. Tampoco creo que David (Nalbandian) sea un santo. Es como la selección de fútbol: el año que viene jugamos el Mundial y si Messi está peleado con Higuaín, no importa, hay que jugar igual y ganar. No se da cuenta Del Potro de lo que se está perdiendo y de lo bien que le haría. Es más, si lo veo en el US Open le pediría que reaccione. Si no es este año, que sea el que viene. Pero que no deje pasar mucho más. Yo nací con el enfrentamiento de Vilas y Clerc; no se ganó la Davis porque no estaban unidos. Y ahora lo mismo: somos el único país con tradición en el tenis que no ganó la Davis. Siempre digo que del deporte argentino somos lo peor que hay. En el rugby, con las limitaciones que tienen, han hecho cosas increíbles. Las Leonas ganaron todo. El fútbol, ni hablar. No haber ganado la Copa Davis, que se juega todos los años, me da vergüenza. ¡La ganó Croacia! ¡Serbia! Hasta España con problemas. Es algo muy argentino. Ahora decimos que Cristina, que Macri… unámonos y ganemos la Copa Davis.

 

 

 

 

  • 15 títulos en dobles ATP ganó Lucas Arnold Ker, y alcanzó otras 18 finales en la categoría.
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  • 21° fue su mejor ranking ATP en dobles, alcanzado el 8 de marzo de 2004. En singles fue 77°, en 1998.
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  • 14 series de Copa Davis disputó Arnold Ker. Debutó en 1997. Su marca: 10-3 en dobles y 3-1 en singles.
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