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Adiós a la Taberna de Manolo

Se nos pianta un lagrimón…

Por años ocupó el bodegón de calle Rodríguez a pasitos de España. Luego se mudó al confín de Alvear, pero ya nada era lo mismo. Hasta que hace días cerró sus puertas la Taberna (de) Manolo, histórico restaurante que sirvió la más deliciosa Mayonesa de Ave que se recuerde en la comarca.

Fue célebre por su famoso plato, pero también por haber formado parte de una tradición gastronómica del Tandil de los años felices, cuando lo que menos importaba a la hora del menú era su contexto edilicio.

La Taberna (de) Manolo fue uno de los lugares más originales que dio Tandil en su rubro, sólo comparable –con otras especialidades culinarias- a la tablita de La Giralda (que también cerró sus puertas hace semanas) y a la parrilla Al Ver Verás, cosmovisión que fundó Mundo Yepail y que hoy sigue de pie a la manera de la última reliquia viviente de aquel Tandil gastronómico con tanta historia como nostalgias. De hecho, hasta la propia fisonomía de la fachada original de la Taberna de Manolo tenía su propia impronta.

El primer signo de alarma fue, precisamente, cuando la Taberna se mudó de la calle Rodríguez, frente a lo que por décadas fue el Cine Avenida (Hoy Museo Bar). Ocurrió hace ya un tiempo, y su destino final (como una suerte de mal presagio entrelíneas) fue un inmueble de la Avenida Alvear, ámbito que al cabo resultaría su último lugar en el mundo. Lo cierto es que el restaurante bajó la persiana hace algunos días, en completo silencio, y dejando para la posteridad el recuerdo literalmente inolvidable de su plato estrella: la Mayonesa de Ave, un verdadero manjar que los entendidos atribuían a sus generosísimas porciones de pollo y al secreto de su mayonesa, que era de elaboración casera, detalle no muy usual en los restaurantes locales.

Por la Taberna (de) Manolo pasaron, al menos, dos generaciones de tandilenses. Su tiempo vital en la sociabilidad gastronómica lugareña será recordado como una taberna de las nuestras, signada desde su origen por el merecimiento de acuñar una doble identidad: la propia -hecha de un estilo que la hizo única-, y la que forjó su clientela fiel durante décadas, verdadera sustancia de su larga historia.

Fotografía: gentileza Karina y Juan Carlos Giménez

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