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Cobran fuerza desde UNICEN las prácticas sociales y comunitarias

En un encuentro-taller realizado el lunes pasado en el Centro Cultural Universitario, representantes de las facultades, funcionarios y alumnos, reflexionaron en torno a las prácticas socio comunitarias que se realizan desde la Universidad en el afán que éstas integren un proceso regulatorio poniendo en debate su presencia obligatoria en los espacios curriculares.

Dichas prácticas, de diversas formas y metodologías, se vienen haciendo desde las distintas unidades académicas y precisamente su desarrollo cada vez más intenso exige una normativa que las unifique para que el impacto social sea más fuerte y armónico y a la vez para acentuar el compromiso de los estudiantes con estas acciones, que pueden llegar a ser obligatorias para la obtención del título de grado.

La reunión fue convocada por las Secretarías Académica y de Extensión, siendo sus titulares Mabel Pacheco y Daniel Herrero, respectivamente. En la apertura, Pacheco explicitó que “ésta es una oportunidad que debemos darnos, los desarrollos académicos y extensionistas  deben ir de la mano para que los contenidos curriculares estén en consonancia con las demandas de la sociedad. No es posible separar el conocimiento académico sin tener en cuenta la situación de aplicación, es necesario que se integre al bagaje experiencial del alumno. El aprendizaje es social, no individual”, sintetizó, además de reafirmar que “las prácticas socio comunitarias colaboran para la construcción de ciudadanía en la vida universitaria”.

A tono con estos conceptos, Herrero sostuvo que “este es un tema postergado en la educación superior, porque la formación académica ha estado desconectada de la realidad y sus complejidades inmediatas. Debemos estar preparados para articular y en ese escenario de articulación, aplicar estas prácticas vivenciales ya que constituye una oportunidad para tener una mayor amplitud del mundo que nos rodea. Hay saberes –prosiguió- que no se pueden desarrollar en el aula y sólo pueden hacerlo en un determinado contexto  que puede ser de vulnerabilidad económica, social o ambiental, con necesidad de organización, participación e integración. Esta es una manera concreta de pensar en el otro desde el conocimiento  e incluye una fuerte consideración ética desde la Universidad”.

Tras estas presentaciones, se presentó la conclusión de una encuesta hecha el año pasado con varias preguntas sobre las distintas prácticas que se realizan en las facultades y de las que ya participan cerca de mil estudiantes.  El  intercambio de experiencias permitió profundizar en  este conjunto de actividades de aprendizaje vivencial  fuera del aula para desarrollar conocimientos, valores y habilidades que mejoren  la actuación profesional.

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