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Notón a Elichiribehety

Uno de los pilares del lunghismo, de nuestros favoritos, se largó a armar un dream team local y desmentir eso de que es peronista. Banca a Alem hasta los tuétanos.

-De una vez por todas, Elichiribehety; ¿usted es peronista?

-No. Soy un enamorado del radicalismo. Orgullosamente hincha de River, radical y de Chevrolet. Algunos me endilgan que soy el más peronista de los radicales, pero ¿quiere saber la verdad?

-Sí, claro, estamos en terapia, sólo vale la verdad…

-No es algo que me preocupe. Todo eso viene de cuando gobernábamos con buena relación entre el Gobierno nacional y la municipalidad. Y cuando se gobierna, hay que tomar decisiones. Y si decimos “somos un partido plural que acepta la diversidad y no somos el partido del pensamiento único”, bueno, entonces no lo ejerzamos solamente hacia fuera, tenemos que construir con el resto, más aún cuando se es gobierno. Lo dije no hace mucho: uno crece y genera a partir de los aciertos propios y no de los errores de los demás y en ese sentido tengo una visión crítica en muchísimos aspectos hacia el peronismo. Pero no soy antiperonista.

-¿No será que se anima a hacer cosas que los radicales no se animan?

-¿A qué no se animan los radicales? Mire, yo tengo una larga militancia en el tema derechos humanos y el radicalismo tiene una historia ligada a este tema y sin embargo el peronismo, que hoy ha tomado esas banderas, es un movimiento que no podría exhibir lo mismo. Entonces no me molesta que me acusen de peronista, porque tengo tal convencimiento de ser y sentirme radical. Y si hay un partido nacional y popular, es el radicalismo.

-Evitemos los lugares comunes. Sigamos buscando a ver por qué parece que es peronista. Tal vez por el lado de que no sufre a la hora de tomar medidas polémicas.

-Ah, no, yo disfruto. Para mí la participación en política no cotiza en bolsa. Cotiza para todos.

-A ver cómo es eso…

-Mucha gente ve a la participación política como algo negativo, por pensar que se vive en la rosca o en mejoras personales y la verdad es que a esas cuestiones no las veo en el radicalismo y yo no me siento con mochila por ser parte de la política. Estoy orgulloso de ser el presidente del Comité, para mí es trascendente. Yo tuve opciones de estar en otros espacios del poder, no soy de los que no tuvo posibilidades, inclusive dentro del período de Kirchner me ofrecieron cargos.

-Con sinceridad: ¿No le gustaría que Lunghi le levantara la mano?

-(Risas). Yo no sé si Miguel lo hará con alguno… Lo que sé es que mi acción dentro del radicalismo local está ligada a cuestiones que están más en la planificación del partido y de políticas. Y ¿la verdad? No me siento candidato a nada.

-Sea sincero.

-En serio.

-Piense un poquito, el día de mañana es intendente, ¿con qué cara me va a mirar?

-¡Es así! Mire, yo fui padre a los 52 años y mis prioridades están puestas en mis tres hijos. Y si pensara en alguna candidatura, mmm, no sé si soy alguien que llegue a toda la gente de Tandil.

-Algún reconocimiento le gustaría.

-Es que mi cuota de afecto y de reconocimiento -por lo menos de parte de Miguel- ya las tengo, absolutamente, en lo que él cree que hago bien: generar planificaciones de política en ciertos tiempos y etapas. En realidad tengo otras cuestiones derivadas de la política que me reconfortan, no sé, poder ir a cenar con Adolfo Pérez Esquivel la semana que viene, o que Estela de Carlotto venga al nacimiento de uno de mis hijos o que a mi casamiento vengan Gil Lavedra y Strassera. Que Marta Peloni me llame para que la acompañe a la marcha del crimen de la Dársena.

-Esas cosas las sabe todo el mundo, y es casi un cholulismo de izquierda, Elichiribehety. Vayamos a sus deseos.

-Sí, sí, todos lo sabrán porque ahora pareciera que un sector del kirchnerismo entiende que el tema derechos humanos es una problemática que no existió antes, pero es importante recordarlo. Y mientras algunos ahora ponen el giro a la izquierda y doblan a la derecha, yo vengo de participar desde hace muchísimos años en la defensa de los derechos humanos y si usted se encontrara en Capital con aquellos grandes referentes nacionales y le dijera “te mandó saludos Julio”, todos me van a identificar. Y la verdad no sé a cuántos dirigentes de Tandil van a identificar ellos. Pero eso no es lo importante, lo importante es que lo hice desde un convencimiento genuino, no desde una postura de que es algo al que hay que rendirle culto porque ahora está valorado por la sociedad.

La relación con Lunghi

-Dígame una cosa: entre el Intendente y usted, ¿quién admira a quién?

-Miguel a Carlos (Fernández) y a mí nos dio trato de pares. Y yo tengo un enorme reconocimiento hacia Miguel. Del radicalismo tengo dos deudas personales: por un lado con Juan Carlos y Victorino Pugliese y por otro con Miguel, de distintas características, pero no le voy a decir los motivos.

-Critica el oportunismo de algunos peronistas tandilenses sobre los derechos humanos, pero convengamos que Lunghi tampoco es paladín del progresismo. ¿Usted realmente lo admira a Lunghi?

-No sé si lo admiro, pero le tengo un enorme reconocimiento que incluye el afecto y el reconocimiento de la persona más allá del político; a la tolerancia de los aciertos y errores de él y a su tolerancia a los aciertos y errores míos. ¿Sabe qué pasa? Yo soy un tipo complicadísimo, tengo mi personalidad, no le huyo al conflicto, me siento bien en el territorio ríspido de la política, soy de los que van al encuentro del conflicto y no espero que venga; juego con tapones largos y si hablamos de boxeo, soy de los que le gusta prenderse en el cuerpo a cuerpo.

-No suena mal. Su “ventaja” -por decirlo de algún modo- ¿no será que su vida afectiva tocó el cielo a los 50?

-Y se dio así. Mi vida se dio así. Tengo una separación anterior, soy –como decía Fontanarrosa- un padre añoso, y tengo que tratar de mantenerme bien porque cuando mi hijo Joaquín tenga 18, voy a tener 70; la verdad es que se dio así, y fue fantástico además por los chicos, pero no la busqué. Siempre fui bastante desbolado, y siempre me atrajo esto del límite, del riesgo y soy, creo, de los que siempre van por más. En el sentido de que a mí que no me vengan a correr. Si buscan un tipo para correr, aún en las cuestiones en las que yo pueda estar en desventaja, a mí no. Como Beatriz Sarlo a los de “6, 7, 8” o Pérez Esquivel a Clarín: conmigo no. Por ejemplo a los peronistas de Tandil yo les aclaro que con el tema derechos humanos no me corran. Participé como secretario gremial del primer Sindicato No Docente de la Universidad, entré por concurso en febrero del 83 y tengo en claro sobre algunos que hablan de derechos humanos qué actividades tenían. Sé de qué hablo. Conmigo no, muchachos. Mirando hacia atrás

-Está obsesivo con los peronistas de Tandil. Mejor vayamos al pasado. ¿Qué hubiera sido de su vida si Lunghi no era intendente y no se hubiese dado esa serie de triunfos de la UCR Tandil?

-Hubiese seguido ligado a las políticas sociales, como lo estoy ahora con chicos en situación de riesgo. Como cuestión complementaria seguramente hubiera profundizado más algo que ya hago y que son trabajos relacionados con consultorías, meterme, profundizar más en cuestiones de diseño de campañas electorales; a partir de que terminé Psicología Social ése era un rumbo que tenía decidido. Me hubiera dedicado mucho más a ese tema.

-¿Hubiera sido feliz?

-No sé, tal vez no hubiera conocido a Virginia (su esposa), que conocí estando en la Secretaría de Desarrollo Social, no sé, Miguel dice que mi felicidad, bueno, tal vez no tanto, por lo menos mi encuentro con Virginia, tiene un dueño: él. “Yo soy el que bendijo eso”, dice.

-¿Y usted qué piensa?

-Siempre le digo que tengo mérito propio (risas) “Miguel, vos pensarás que no, bueno, yo soy bastante más que la persona que planifica las campañas, tengo algunos méritos”, le digo. Y él insiste: “lo que pasa es que yo soy un poco quien ha logrado que vos te encamines” y le respondo: “si esa es la parte que te toca, te agradezco, yo creo habértela retribuido”. (Risas)

-Lo normal sería que hubiera tensiones.

-Sí, claro, es que le aseguro que tengo una lealtad absoluta con Miguel aunque a veces se genera tensión, por supuesto. Yo siempre hablo de lealtad, no de códigos porque código me suena a mafia. Y hablo sobre todo de lealtad conmigo: no hago nada que no sienta que no quiera. Y si les molesta, lo lamento. A mí, por ejemplo me gusta mucho el boxeo, porque creo que tiene mucho que ver con la vida de las personas y sé que los fajadores, los que solamente pegan, no terminan bien. Al que pega y recibe, pega y recibe, la sociedad y la política tampoco lo aceptan demasiado. A mí me gustan Marvin Hagler o Campanino, porque Marvin -por ejemplo- tenía un estilo: cuando había que pelear peleaba, pero también sabía correrse, esquivaba, tenía una estrategia de pelea como la tenía CassiusClay. La vida te va enseñando que no podés recibir todas las que te tiran, ni contestar todas. Pero tanto en el deporte como en la política no se puede vivir sin pasión.

-De todos modos en política usted no deja pasar una.

-Y… uno siempre tiene que prepararse para hacer el mejor trabajo y para el rival más exigente, y si hablamos de política, para que la gente acepte cada acción de gobierno, y respetar a los adversarios, sean quien sea. A mí me gustaba Brasil del 70 (lo recita de memoria, de corrido, sin errores: “Felix, Carlos Alberto, Brito, Piazza, Everaldo, Gerson, Clodoaldo, Rivelino, Jairzinho, Pelé y Tostao”). Y no subestimaban: le ganaron la final a Italia 4 a 1. Hay que prepararse, siempre.

-Estaba pensando si no sería bueno, a veces, dejar de remar, dejarse llevar. Un poco.

-No, a mí me encanta remar. No me canso de remar, yo vivo con mucha pasión todo lo que hago. Si me toca perder, redoblo la apuesta. Y en política me ha tocado perder muchas más veces que ganar. No me gustan los que surfean arriba de la ola: a mí me gustan los que en la política -y en todos los órdenes- cuando la mano viene adversa, juegan y redoblan. A mí me gusta aquella anécdota real y concreta de Obdulio Varela (otra vez el fútbol: Obdulio Varela, capitán de la selección uruguaya de fútbol, 1950) en el Maracaná, en una época donde no existía la manga para ingresar a la cancha o sea que salías y tenías doscientos mil brasileños, se dio vuelta y les dijo “los de afuera son de palo”. Y ganaron 2 a 1. Esa es una cuestión que a mí me gusta. Estar en el éxito, el triunfo, en el lugar donde se gana, es lo más sencillo; el asunto es mantenerse, por ejemplo, en el radicalismo cuando no le iba bien.

-Le voy a corregir: usted lleva más triunfos que derrotas.

-No. Tengo más derrotas que triunfos. En la política y en la vida. Me acordé de una cosa sobre eso de doblar la apuesta.

-A ver.

-Siempre me pregunto cómo un tipo como Cachela se fue al kirchnerismo, un hombre que hizo de la derrota un culto pero también de la coherencia, siendo siete, ocho veces candidato a intendente del Partido Humanista, un tipo para reconocer, por su coherencia, por su convicción, más allá de que sacara 600-700 votos, cómo pudo terminar entregado al kirchnerismo.

-Tal vez la explicación ya la dio usted: no sacaba más de 600 votos.

-Es que no siempre los que tienen votos son los que definen estrategias o tienen estrategias. Rubén Sentís es un hombre muy inteligente de la política de Tandil. No tengo claro si suma votos, pero si armara el equipo de 11 en Tandil, lo pondría. El equipo ideal

-A ver: ya me recitó Brasil ’70, armemos su selección local pero de políticos.

-(Se pone cómodo, se lo ve en su salsa). Lo pondría a Sentís, ya le dije; a Juan Carlos Pugliese (h) porque tiene una gran capacidad de análisis; a Roberto Mouillerón –tuve con él una charla de casualidad- y la verdad es que tiene una mirada muy interesante; a Juan Pablo Frolik porque no habla mucho pero cuando lo hace tiene una lucidez tremenda en sus intervenciones. Siempre te corre el eje por donde venís transitando. Después meto a Pablo Civalieri; a Natalia Correa y María Eugenia Civalieri; a Marcos Nicolini, porque a su capacidad le suma humildad; y Miguelito Lunghi, por su enorme pasión; son cinco militantes que más allá de lo que hagan de aquí en más tienen el radicalismo tatuado con pasión. Y a Miguel lo pondría como técnico porque siempre se necesita un técnico con espíritu ganador. A propósito de los pibes: ¿Sabe cuál es la diferencia entre operador y militante? La billetera. Y estos chicos son militantes.

-¿No lo va a poner a Carlitos?

-Si! Carlos Fernández es otro que tendría en mi equipo, claro. Un gran estratega y cuadro político de dimensión, una enorme lucidez y compromiso. Y el más militante.

-Salvo los jóvenes que no son tan conocidos, los otros son figuras que no tienen votos: Sentís, Mouillerón, Fernández, Pugliese. ¿Lo ve? ¿Será un rasgo especial en usted acaso?

-Tal vez. ¿Sabe qué pasa? A mí no me gustan los pechos fríos, los especuladores, los tipos que juegan cuando el partido va 3 a 0 arriba. A mí me gustan los que en la política y en todos los órdenes de la vida juegan con intensidad, con pasión. Y además, si me va a preguntar algo más…

-Estamos terminando.

-Bueno, le digo lo que siempre pienso: yo prefiero un jodido a un boludo, porque del jodido sabés siempre dónde está parado.

-Me parece que hemos dilucidado porqué dicen que es peronista. Esa frase suena a algo que dijo el General.

-No, yo me identifico con Alem, por la pasión, por lo idealista, por ser luchador en el fracaso, en la adversidad. Y por una cosa que muchos historiadores radicales le critican, para mí la frase más trascendente de Alem no es “que se quiebre pero no se doble”; no, la más trascendente es en la Revolución del Parque cuando dice “las armas quedaron en el Parque pero la Revolución se vino con nosotros”, porque él dice “yo estoy dejando sustancia, estoy dejando algo”.

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