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La conmovedora carta del padre de la joven fallecida en el accidente del domingo

Es para llorar…

“La angustia y tristeza no se van”, es el título que eligió el Pastor Martín Olesen para transmitir a través de una carta lo que nunca hubiera imaginado, mucho menos querido. Su hija fue una de las protagonistas del terrible accidente del domingo, que dejó como saldo varios heridos y a ella, Josefina, fallecida. Su sentida misiva, que incluso leyó en los micrófonos de la 104.1 de Multimedios El Eco, provocó la lógica congoja de los oyentes y todos aquellos que, a través de las redes sociales, leyeron lo que surge desde el más profundo dolor y resignación por la irreparable pérdida.

“El domingo pasado mi hija Josefina, de tan sólo 17 años, falleció. Nos hunde una profunda tristeza y el dolor se hace carne permanente en nuestras vidas. Ya no está más para compartir el almuerzo, ni tampoco para escuchar sus risas, ni para disfrutar de su excelente buen humor. Hay una cama vacía, que quedó destendida y no nos atrevemos a tocar. Hay una carpeta del colegio que dejó demasiadas hojas en blanco, hay un cepillo de dientes que ya no se va a usar, hay sueños que no se van a cumplir, hay abrazos que no vamos a recibir. Su lugar en la mesa queda vacío, así como vacía está nuestra alma. Hay un viaje de fin de curso sin realizar, una farándula sin organizar, una fiesta de egreso sin festejar. Se apagó, y duele la oscuridad”, expresa la carta.

Sigue diciendo que “la angustia y la tristeza se hicieron habitantes de mi hogar sin haber sido invitadas, pero se quedan, y no se van. El lugar que ahora no ocupa mi hija fue arrebatado por la desazón.  En un segundo la vida de Josefina se apagó; y todo cambió, para mí y para tantos”.

“El peor de los amaneceres. Como padre debí despertar a mis otros hijos y decirles la verdad. ¿Será un sueño, será realidad? También desperté a mis padres y se los tuve que contar, y abrazar, y llorar. Hermanos sin hermana, abuelos sin nieta, padres sin hija, tíos sin sobrina, primos sin prima, amigos sin amiga, escuela sin alumna, iglesia con un lugar vacío, bailarín sin compañera, piano sin pianista. Son demasiados vacíos para una sola mañana. Y duele, y duele mucho. Mi problema el día anterior era que el auto no arrancaba. Para este otro problema no hay mecánico, ni médico, ni cirujano; es irreversible”, señala.

En otro de los párrafos, expresa lo difícil que es “apaciguar el dolor, porque se instala demasiado adentro y no se va. ¿Debemos aprender a vivir con esto? Pareciera que sí. Pero yo no lo quería, ni imaginaba. Son noticias que les pasan a otros, que leemos en los diarios, que escuchamos en la radio, que vemos en televisión. Es una película, pero no somos espectadores, pasamos a ser actores. Y es una pesadilla, una pesadilla diaria y constante. Y ahí estamos, cargando un ataúd que lleva adentro un tesoro invaluable”.

Agrega con resignación que “nada ni nadie nos devolverá a nuestra amada Josefina. Se fue, se fue con Dios, descansa en paz, partió al Reino de los Cielos. Nos esperanzamos en el reencuentro en el día en que Dios nos llame a nosotros.

El año pasado Josefina puso en un sobre las cartas de sus amigos y familiares, y escribió en el reverso, premonitoriamente: ‘Sólo Dios llena el vacío interior’. Estas palabras ahora cobran sentido y me dan fortaleza”.

En medio del dolor, Olesen no olvidó “agradecer a todos los que, en este momento tan difícil, nos han acompañado y siguen haciéndolo y deseo decirles que todo ese acompañamiento recibido ha sido fundamental para que permanezcamos de pie”.

También pidió que “oren mucho por los heridos que quedan por recuperar. En mi oración le pido a Dios que no se lleve a nadie más. Quiero compartir la carta que le escribí a mi hija la noche siguiente a su fallecimiento”.

 

La carta

 

Josefina, mi hija, compañera, compinche.

Te siento dar vueltas a mi lado, y no te puedo agarrar.

Siento tu contagiosa risa, y no la puedo repetir.

Siento tus ganas de seguir, y no te veo caminar.

Escucho tus sueños, y se me van.

Quiero llenarme de tu energía, pero me siento vacío.

Deseo escucharte cantar, y voy olvidando tu voz.

Ya no te puedo retar, y ahora ya no lo quiero hacer.

Hay una niña en vos, que me llama Papá, y no puedo ir.

Anhelo las risas con tus amigas, y sólo las oigo llorar.

Quisiera tener más tiempo, pero tiempo no hay.

Hay abrazos sin dar, despedidas sin terminar,

hay canciones sin cantar y amigos sin conquistar.

Hoy te sentí partir, y se fue parte de mí.

Allá al Cielo, con Dios, te fuiste vos y gran parte de mí.

Quiero andar y no puedo,

quiero quejarme y no me atrevo.

Comenzabas a querer volar, y tus alas se abrieron.

Creías que todo era posible, y llegaste al Cielo.

Vuelo inesperado, prematuro.

¡Ay, Dios! Te la llevaste y estaba amaneciendo.

Rumbo a un nuevo cielo, rumbo a un nuevo día.

Querida hija: esperame, esperanos,

Que no falta tanto, sólo una vida, terrena y pasajera.

Esperanos, angelito, y llegaremos.

 

Martín Olesen

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