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Inédito: 9 mil vecinos cacerolearon contra el kirchnerismo en Tandil

Una manifestación política que no tiene precedentes en el siglo veintiuno vivió anoche Tandil. La imponente suma de 9 mil vecinos se concentró en la Plaza Independencia y luego se movilizó por las calles del microcentro serrano en protesta contra el gobierno nacional. La corrupción fue el eje del malestar.

Si los más optimistas soñaban con igualar en masa crítica lo ocurrido el 8N, cuesta imaginar cómo vivió e intenta digerir el nuevo cacerolazo el gobierno nacional. Desde poco antes de las 20 horas la Pirámide de la plaza principal del pueblo se fue poblando de vecinos que portaban cacerolas pero también otros utensilios (de los más variados) para hacer sonar su disgusto contra el gobierno nacional. Todo ocurrió en el lapso de una hora donde alrededor de una multitud de 9 mil almas, cuya densidad de clase su ubica en la clase media tandilense, produjo el acontecimiento político del año.

Con banderas críticas al gobierno nacional, pero enfocadas en su gran mayoría contra la “Korrupción K” –el tópico fue uno de los comunes denominadores de la marcha y algo tendrá que ver en esta secuencia las revelaciones ocurridas en el programa de Jorge Lanata-, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, niños y estudiantes, marcharon por las calles del microcentro lugareño constituyendo un acto no sólo masivo desde la muchedumbre que se dio cita, sino confirmando una ineludible lectura política hacia el interior de la tandilidad ideológica: la clase media lugareña está muy lejos de comulgar con el kirchnerismo.

Se vieron también algunas presencias del mundo político local, como el concejal del PRO, Claudio Ersinger, la edil del radicalismo Mercedes Fuente y el funcionario del área de salud Adolfo Loreal. Y si hubo otros representantes de la clase política fueron, sencillamente, devorados por la masa, una larguísima caravana de gente de a pie que con carteles y batiendo palmas, sin insultos ni entonando otras consignas que no fueran el propio caminar por las callecitas serranas, manifestaron su disgusto con el gobierno nacional. Es cierto que como trasfondo de la impactante movilización subyace cierto encono ideológico con lo que conceptualmente plantea el kirchnerismo, pero también los carteles y los comentarios de los vecinos expresaban una suerte de hartazgo ante la brutal polarización que divide a la sociedad argentina.

“No somos golpistas. Con respeto y en paz queremos un país unido”, rezaba una de las grandes pancartas que encabezaron la marcha. Si algo resultó llamativo de la multitud que participó del cacerolazo fue la ausencia de otras consignas como la inflación, la inseguridad, etc. Las hubo, sí, pero en franca minoría contra el dominante hastío K, cuestión que puso sobre la superficie del ágora social un sentimiento que va más allá de la política, algo que pareció, en la actitud de muchos manifestantes, una cuestión de piel.

Al cierre de este despacho se calculaba en 9 mil almas el cacerolazo del 18A. El doble del 8N. Que al consumarse dejaron para siempre en el pasado la tradicional apatía de los tandilenses a la hora de decidirse a ganar las calles y expresar su protesta de cara a la gente.

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