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¿Alguien puede medir la argentinidad de Del Potro?

-Por Miguel Angel Bertolotto para Clarín.

Desde una visión perogrullesca, se puede decir que Argentina no es Suiza y que Del Potro no es Federer. Si Federer no juega la Copa Davis, como generalmente ocurre, en Suiza nadie se rasga las vestiduras: el reconocimiento eterno y la idolatría incomparable de Roger están por encima de todo. Si Del Potro no juega la Davis, como sucedió en varias primeras rondas anteriores y como sucederá esta vez durante todo 2013, el país tenístico -y hasta no tenístico- estalla en mil pedazos. A partir del radical anuncio que realizó el viernes, los más benévolos tratan a Del Potro de egoísta y los más hirientes, directamente de antiargentino. Acá, se sigue confundiendo patria con deporte. Acá, el chauvinismo (“exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero”, de acuerdo a la definición de la Real Academia Española) se alza como una bandera intocable. Acá, parece que los que juzgan las conductas ajenas manejan un aparato imaginario para medir el grado de argentinidad. Antes, no hace tanto tiempo, median la argentinidad de Messi y le reprochaban, con virulencia, el no cantar el Himno y su escaso compromiso con la Selección. Hoy, el ogro de turno es Del Potro. Así estamos.

“No puedo dejarlos contentos a todos”, admitió el coloso de Tandil la tarde en que comunicó su renuncia a la Davis. Sabía (sabe) a lo que se exponía delante de la gente en general y del ambiente en particular. Sin embargo, decidió asumir el riesgo del qué dirán e hizo lo que debía hacer, lo más conveniente de acuerdo a la coyuntura: entre sus deseos inocultables de priorizar su carrera -ir en busca del número 1 y de los grandes torneos- y su quebrada relación con Jaite, prefirió blanquear la situación. ¿Para qué continuar dando vueltas? ¿Por qué no confesar cuáles son sus mayores objetivos? ¿Por qué no admitir que esta vez elige lo individual por sobre lo colectivo? “No hay que hacer un drama de esto”, enfatizó Delpo.

Y cuando este cronista le preguntó si su elección podía ir más allá del año próximo, aclaró: “No. Por ahora, es un año. El 2013…” Si se repara en que tiene 24 años, cualquiera puede imaginar con que habrá unas cuantas Copa Davis más en su vida deportiva.

Del Potro reconoce errores y dice que siempre se aprende de ellos. Es consciente de que a veces debe hablar más para evitar los malentendidos y las especulaciones, y que necesita aceitar cuanto antes la comunicación con los medios. E insiste con que nunca opinó -ante la dirigencia- sobre una designación de capitán de Copa Davis y que cree que tampoco lo hará en el futuro.

Aunque muchos -intransigentes, tendenciosos o veletas- creen que sí, Del Potro no mató a nadie. Sólo tomó una decisión. Y es tan argentino hoy como cuando levantó el trofeo del US Open o la medalla de bronce en Londres. Aquellas veces, claro, lo endiosaban los que ahora lo critican.

Hoy, Messi es más argentino que el dulce de leche. Quizás, mañana Delpo sea Gardel o alguno sugiera poner una estatua suya en el lugar del Obelisco…

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