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Miguelete: ¿va por 4 años más o se retira?

La encrucijada de Lunghi es planteada por Elías El Hage en La Tandilura.

Camino a cumplir 69 años, el jefe comunal afronta una de las encrucijadas más complejas de su vida: la de la lógica de saber irse contra el deseo natural de querer quedarse. Con una elección de medio término a la que considera vital para la continuidad del proyecto, la cuestión resulta mucho más profunda que esta decisión binaria y tiene que ver con una forma de vida. Con su propia pulsión de vida.

Probablemente en algo lo condicione su entorno: su círculo político de referencia, por un lado; su familia, por el otro. Sus amigos, que no son muchos. Y sus médicos, que tampoco son muchos. Pero, como siempre, la decisión final estará en sus manos. Miguel Ángel Lunghi debe tomarla a mediados del año que viene, de cara a las elecciones legislativas que sueña con ganar para encadenar un inédito ciclo de ocho victorias al hilo en las urnas. A partir de entonces la duda deberá convertirse en certeza. No es casual que uno de los cerebros ideológicos del radicalismo, Julio Chiribely, esté operando activamente en el Partido: sabe de sobra que uno de los máximos desafíos del lunghismo es que el proyecto político no se agote en Lunghi.  La presencia del Partido en esta nueva etapa está llamada a planificar y blindar políticamente lo que venga, algo que por ahora tiene la consistencia del vacío. Por una razón de Perogrullo: pocos proyectos políticos dotados de un fuerte personalismo como base de su éxito sobreviven a la retirada de su ícono. Y por otra razón existencial y metafísica: todo pasa. Cada tiempo es un ciclo más allá, incluso, de la propia biología.

Sin embargo, la realidad le presenta, hoy, a Lunghi una encrucijada íntima y personal a la que bien podríamos considerar como la posición sin salida que en el ajedrez le ocurre al rey acorralado. Instancia que se conoce como la del rey ahogado. Y que se verifica en dos movidas, ambas con (casi) idéntico final:

1) Si Lunghi decide irse a su casa le pasará lo que a cualquier jubilado –apagarse como una vela-, ocaso potenciado por su personalidad hiperquinética al retirarse de la única pasión que motoriza su existencia: la gestión. Nadie que lo conozca puede figurarlo como a un tipo feliz en pantuflas y mirando la tele rodeado de sus nietos. Ergo: eso y morirse para él resultaría lo mismo.

2) Si Lunghi va por una cuarta reelección y la gana tendrá algo más de 70 años, una válvula en el corazón, un físico trajinado y el propio y formidable stress del cargo que, más tarde o más temprano, le pasará la factura correspondiente. Ergo: todo ese combo ya sabemos a qué panteón conduce.

Así las cosas, la posición del rey ahogado en el tablero de ajedrez de la vida del jefe comunal también puede encontrar su metáfora poética en el estribillo de El Necio, canción del cubano Silvio Rodríguez: “Yo no sé lo que es el destino / caminando fui lo que fui / allá Dios que será divino / yo me muero como viví.

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