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Ahora más que nunca: «Michel y 10 más»

La famosa frase de Coleoni, revelada en el “Show aurinegro”, tomó estado de realidad indiscutible tras el hat trick del Cabezón vs. Brown de Madryn. «No lo puedo creer», dijo él.

La pequeña Lola está boca arriba, recostada sobre la falda de Guillermina, y sonríe cada vez que su mamá le abre y cierra las piernitas como diciendo “acá toy, ahora no toy”. Se ríe con la boca bien abierta, de esa manera tan sincera y contagiosa que tienen las criaturas. Probablemente ni sepa dónde está, pero se la nota como la personita más contenta del planeta. Ni enterada que su papá la está rompiendo allí dentro del rectángulo que para ella debe ser gigantesco y todo repleto de verde y que este sábado logró su mejor desempeño individual vistiendo la camiseta del Aurinegro. “¿La verdad? No lo puedo creer”, dijo él tras el partido.

Iban 0-0 y Santa evidenciaba superioridad, de todos modos al hielo siempre hay que romperlo y no es para cualquiera. Entonces, Martín Michel tomó una pelota a la salida de un lateral, no tan distante de la medialuna e inclinado hacia el sector derecho del campo de juego. La tomó como quien sabe con la pelota y demostró que no era verso: se la acomodó pisándola y sacó un fierrazo de nunca acabar. El golero Pereyra nunca supo por dónde pasó, apenas si atinó a levantar sus manos y el balón se enterró en el arco como la piedra fundacional de una noche mágica. El Cabezón está confiado y cada vez más expone sus armas. El potencial siempre lo tuvo, pero ahora como que lo está sabiendo explotar mejor. Tiene la cabeza más ordenada, da la impresión de sentirse una persona realizada que atraviesa su mejor etapa. Será virtud del cuerpo técnico el otorgarle toda la libertad de ser e intentar ser, la actitud del equipo de ir al frente y de su propia maduración. Porque nunca antes había anotado un hat trick en instancias de la tercera divisional del fútbol nacional. Es decir, volvió a demostrar de lo que tanto insistimos desde acá: que está para trepar uno o dos escalones más.

Y el resto de la base vertebral del equipo: Bertoya-Capella-Monay-González se está orquestando para que él termine la jugada. El 2-0 tuvo algo de eso y el vértigo que le impregna Coleoni: centro del Pitu y frentazo en el área chica de Martín.

Santa generó otras tantas, pero no iba a llegar al tercero recién hasta que la figura estelar de la noche no lo disponga. Buena jugada colectiva, centro de Bucci (que hizo un gran partido) y no puede meterla el hasta ahí “mufado” Prudencio, entonces, faltaba más: apareció el 7 e hizo una inteligente al agarrar a trasmano al golero y un zaguero, los eludió yendo para un costado y acomodó la pelota en la red. Era y fue su noche de gracia nomás.

A todo esto: Lolita estaba en otro mundo y se reía de un señor que le hacía morisquetas en la tribuna.

No importa si nació en Tandil, si Forestello le abrió la puerta o si, en realidad, el mérito es de Pablo Bossio por, al fin, lograr traer a alguien que Santamarina siempre tuvo entre ceja y ceja y, apenitas, en la otra vereda. La realidad indica que Michel atraviesa un momento de esplendor y, avanzado en edad de futbolista o no, vuela lentamente hacía una categoría superior (ó dos). Ojalá tenga la chance y que sea, de ser posible, con Santamarina en la B Nacional.

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