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Elichiribehety y el orgullo de ser

-Por Juan Perone para Política Tandil.

El milagro de una continuidad en el poder del radicalismo sin Lunghi todavía no ha sido descifrado, pero Elichiribehety sabe que si hay una oportunidad es fortaleciendo el partido y para ello es preciso hacerlo cuando existe en la ciudad una valoración positiva de la gestión.

De alguna manera era previsible.  Julio Elichiribehety no iba a seguir el derrotero silencioso de sus antecesores en la función de presidente del comité de la Unión Cívica Radical local.  En su momento, fue uno de los principales opositores a la estrategia de campaña que lo llevó a Miguel Lunghi al poder guardando en un arcón los símbolos del partido centenario, por entonces en plena implosión por el efecto De la Rúa. Luego, se atuvo a la teoría del “cerco” que llevó a confundir la gestión comunal con un “vecinalismo” pero no sin dar cierta pelea en las discusiones previas.  Finalmente, ahora, en el cargo de conductor de la UCR, ha comenzado una tarea de reconstrucción interna que tiene que ver con los “valores” partidarios que históricamente enarboló el radicalismo.

Elichiribehety no es Laplace (Ligia) ni Marcos Nicolini.  A diferencia del último, tiene un largo recorrido en la militancia y en la vida partidaria que en su momento lo puso frente de quien es hoy su jefe político.  A diferencia de Laplace tiene vuelo propio en el gabinete que ya no lo aloja, pero que todavía lo escucha y, sobre todo, tiene el respeto de Lunghi quien siempre lo tuvo como jefe de campaña porque sabe que pocos en su entorno suman a la práctica de la gestión el andamiaje teórico de la política que le dan cierto vuelo a sus estrategias.

Pero “Julio”, como le dicen en el Gabinete, además de todo eso es una radical orgulloso que sufre cada una de las decisiones que en el orden provincial y nacional hunden a los centenarios en las crónicas de la infamia. Y lejos de retirarse de la frontera y profundizar la teoría del “cerco” o de “alambrar Tandil” de todo lo que suene a “radical” ha decidido ir al hueso: prescindir de las figuras que hoy por hoy se desangran por conducir el partido y apelar al origen.  Ir hacia atrás para encontrar el camino hacia delante.

En ese marco, organizó la correcaminata “La 1891” una fecha clave para el radicalismo fundante, un origen lejano donde referenciar un camino que en las últimas décadas se ha perdido y que hoy, enfrentado a los últimos acontecimientos, devela cruelmente el desvarío de cualquier alianza con la derecha nacional.

Y no sólo eso.  Ha decidido salir del ala larga y pesada de la gestión municipal, del gobierno y del poder, y poner a la histórica entidad partidaria local a jugar su propio partido.  A diferencia de lo que han hecho sus antecesores, Elichiribehety no sólo quiere reportar beneficios políticos para su jefe circunstancial sino que quiere que eso beneficios se trasvasen al comité, que esa imagen de gestión que la ciudad de Tandil le reconoce a Lunghi sirva también para fortalecer una entidad que en los últimos años se desvaneció casi olvidando que el intendente era un “radical de cuna” como se define el pediatra.

“Julio” sabe que Lunghi no es eterno y desde hace cuatro años trabaja la idea de una base política que no ate el destino de la UCR local a la biología o al hastío del jefe comunal.  Y en eso podría estar trabajando ahora, según se desprende de sus últimas acciones.  Es una idea que lo cerca desde hace varios años: la construcción de la sucesión.

El milagro de una continuidad en el poder del radicalismo sin Lunghi todavía no ha sido descifrado, pero Elichiribehety sabe que si hay una oportunidad es fortaleciendo el partido y para ello es preciso hacerlo cuando existe en la ciudad una valoración positiva de la gestión.  Y de a poco intentará –a modo de espiritista experimentado- trasvasar esa valoración positiva de una persona a un conjunto para que desde allí salga la sucesión o, al menos, para que se recupere una estructura capaz de enfrentar una campaña electoral sin el caballo del comisario.

Miguel Lunghi participando de la correcaminata podría ser parte de esta estrategia.

Finalmente, el ex secretario de Desarrollo Social, ha demostrado también que no le teme a los lugares comunes de la antipolítica.  Por eso organizó un evento social y deportivo y lo cubrió de los símbolos de un partido que hoy lucha, a nivel nacional, por sobrevivir a las alianzas improvisadas.  Y llevó las promociones hasta las escuelas con quienes organizó el beneficio compartido del evento: el partido se llevó el rédito social y político; las escuela, el económico.

A diferencia de algunos de sus correligionarios, Elichiribehety, el más peronista de los radicales, el jugador fuerte que sabe que la política es el arte clásico de conseguir y mantener el poder, no muestra los pruritos de los puristas que no dudaron en crear un fantasma para plantear una discusión en el Concejo Deliberante ni el miedo de los que temen hacer enojar al jefe.  Y desde ese rol se moverá en su gestión partidaria, transando Lunghi; tratando de que el intendente devuelva al partido parte de lo que le ha negado hasta ahora por temor a unir su destino al nacional o al provincial; buscando la alquimia que contrarreste una dependencia por momentos asfixiante, sobre todo para los que tienen un antes y un después político al margen del Intendente.

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