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El Dios del sexo y la acción (I)

La vida de un personaje tandilense del que solamente podrás develar su identidad si te tocó ser testigo de algunas de sus aventuras.

Los hechos y/o personajes tandilenses de la siguiente y flamante sección no son ficticios, aunque cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia. Sépanlo.

 
Se sentó en la mesa de vagos y atorrantes y cuando le preguntaron algo, contestó tibiamente despejando el tema. Su postura fue evidente, no le agrada mucho que le rompan las pelotas y con pocas palabras él te lo hace saber. Agachó la cabeza para sumergirse en el fernet. Esa postura tan típica suya, apenas llega y se sienta con su grupo de amigos, se muestra tímido y casi que hasta inocentón. Prácticamente no emite sonidos, respira y observa. Analiza la jugada, aunque termina siendo en la mayoría de las jornadas, sin quererlo, el animador anónimo. Paradoja singular, si no le seguís el rumbo, nunca te vas a enterar. Llega impecablemente vestido: peinado de manera prolija y con una camisa siempre bien calzada al jean. Pero con el correr de los tragos saca a la bestia que tiene dentro. Y desde entonces, ya no hay vuelta atrás: es coger o reventar.
 
Sus historias son fábulas, él es una leyenda. Amigos lectores, desde hoy empezaremos a compartir pequeñas grandes anécdotas de una persona carne y hueso, como vos y como yo, pero que es capaz de todo. Y cuando decimos todo, nos referimos a TODO. Muchos se alarmarán con sus cuentos, otros lo tildarán de ídolo pese a que no todas sus andanzas culminen en un final feliz o algunas hayan derivado en denuncias policiales. Estén atentos porque estos párrafos pueden terminar, tranquilamente, en un best seller. Se trata de una bestia peluda que, de noche, no lo disimula. Bienvenidos, pasen, lean y conozcan historietas de quien hemos dado en llamar: “El Dios del sexo y la acción”.
 
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El Dios del sexo y la acción (I)

La vida de un personaje tandilense del que solamente podrás develar su identidad si te tocó ser testigo de algunas de sus aventuras.

Los hechos y/o personajes tandilenses de la siguiente y flamante sección no son ficticios, aunque cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia. Sépanlo.

 

Se sentó en la mesa de vagos y atorrantes y cuando le preguntaron algo, contestó tibiamente despejando el tema. Su postura fue evidente, no le agrada mucho que le rompan las pelotas y con pocas palabras él te lo hace saber. Agachó la cabeza para sumergirse en el fernet. Esa postura tan típica suya, apenas llega y se sienta con su grupo de amigos, se muestra tímido y casi que hasta inocentón. Prácticamente no emite sonidos, respira y observa. Analiza la jugada, aunque termina siendo en la mayoría de las jornadas, sin quererlo, el animador anónimo. Paradoja singular, si no le seguís el rumbo, nunca te vas a enterar. 

Llega impecablemente vestido: peinado de manera prolija y con una camisa siempre bien calzada al jean. Pero con el correr de los tragos saca a la bestia que tiene dentro. Y desde entonces, ya no hay vuelta atrás: es coger o reventar.

Sus historias son fábulas, él es una leyenda. Amigos lectores de Sex Tandil, desde hoy empezaremos a compartir pequeñas grandes anécdotas de una persona carne y hueso, como vos y como yo, pero que es capaz de todo. Y cuando decimos todo, nos referimos a TODO. Muchos se alarmarán con sus cuentos, otros lo tildarán de ídolo pese a que no todas sus andanzas culminen en un final feliz o algunas hayan derivado en denuncias policiales. Estén atentos porque estos párrafos pueden terminar, tranquilamente, en un bestseller. Se trata de una bestia peluda que, de noche, no lo disimula. Bienvenidos, pasen, lean y conozcan historietas de quien hemos dado en llamar: “El Dios del sexo y la acción”.

No sabemos con cual de tantas comenzar, el abanico es infinito y él cada semana nos regala de tandas. Pero vamos con una cortita y reciente. De hace dos semanas. No tenía con quién salir, mensajeó y no picaron. Entonces agarró el auto y se mandó a Sol Disco. Era viernes. Uno, dos, tres fernet´s y ya se consideró apto para la acción.

Jura y perjura que por la manera de hablar de la mujer, él puede deducir gemidos que lo lleven a conocer la verdadera identidad sexual de la hembra. Es decir, “si es bien putona” o “hay que enseñarle”. Para él, ésas son las dos clases de mujeres existentes en el planeta. O ya saben o las adiestrás, “porque a todas les gusta la…”.

Miró y miró, pero todas estaban acompañadas o en esos grupos inpenetrables de amigas que de a uno no se pueden romper. El Dios del sexo y la acción, si no queda otra consigue en cuestión de segundos un aliado ocasional. Nadie se le anima a decir que no. Y cuando se disponía a buscarlo, vio a lo lejos lo que sería su primer intento: una chica bailaba de manera exuberante arriba del parlante. Con esa mera interpretación del baile supo que no hacía mucha falta hablarle, que aquello del gemido en este caso podía obviarse. En otras palabras, fue directamente a los bifes y como ustedes irán conociendo de a poco en estos cuentos, ese estilo es uno de sus grandes méritos. Su lema, aunque no lo diga, es coger o reventar en el intento. Entonces le hizo un sutil tironcito del pantalón, desde la pista, y la chica reaccionó agachándose levemente desde encima del aparato que emana sonidos.

-¿Querés coger?

-¿Cómo?

-¿Si querés coger?

No te escucho nada.

-Bajate un segundo que te quiero preguntar algo.

(La joven baja sin molestarse).

-Decime.

-¿Vamos a coger?

-¿¿¡¡¡El qué!!!??

-Si querés coger. Tengo unas ganas de chuparte esa conchita hermosa que tenés.

-(la joven sonrió y hagan de cuenta que a DSyA se le abrieron las puertas del triunfo).

-Pero si no te conozco.

-Dale, vení, vamos, si te gusta. Vamos a mi auto y nos vamos conociendo en el camino.

Efectivamente la agarró del brazo y se la llevó para afuera. Se subieron al auto y en el trayecto él le iba contando todas las chancadas que le haría. Ella sonreía. “Te voy a llevar al telo, te voy a sacar la ropita, te voy a poner en cuatro y te la voy a chupar desde atrás, etc., etc.”.

Llegaron al hospedaje transitorio del amor, cercano al club Los Cardos, y se mandó como un campeón, sin preguntar cuánto costaba. Le dio una hora sin cesar, ella le festejó cada una de sus inventivas y no se arrepintió jamás de haber titubeado en ese instante que le valió al Dios del sexo y la acción la interpretación del sí y su posterior “secuestro sexual”.

Las palabras con él nunca sobran, “vestite que nos vamos”. Y a la salida, todo un caballero, “andá que yo pago”.

-¿Cuánto es?

-$160.

-(abre su billetera y nota que le quedan $130). Tengo $130.

-No, flaco. Tenés que pagarme lo que vale.

-No tengo más que esto.

-(él empleado del lugar piensa).

-(DSyA piensa).

-(ambos piensan).

-¿Te puedo dejar algo y mañana paso a completarte el pago?

-Bueno, dale.

-(Dios va a buscar algo al auto y vuelve con un matafuegos entre sus manos). Es lo único que tengo, fijate en mi auto que no tengo otra cosa. Mañana paso a buscarlo y te doy 30 mangos.

-Ok, si no queda otra.

-Chau loco, suerte.

 

Foto ilustrativa: http://nucleandoweb.com

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