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Reunión con el delegado del gran campeón

(Fotos). Cosa de Serranos comenzó la danza de encuentros con los hacedores de cada uno de los equipos para ir puliendo detalles de cara al próximo certamen. Y Emilio Miguel aconsejó…

Emilio Miguel, aquel purrete que se había dejado la cabellera larga y anhelaba entrar en cada campeonato de El Potrero cuando de pre-adolescente, mientras veía desde las gradas a su papá atajar, se demoraba en llegar. Su laburo en la sodería le quitó minutos de más. Su padre (Javier), aquel arquero, le abrió la puerta a Pepo con la calidez de su hogar. Al tanto absolutamente de toda la Copa Cosa de Serranos, felicitó al organizador por la gestión.

Al rato, apareció Emi, el delegado del gran campeón Pinocho F.C. Estacionó su auto, ingresó al hogar y casi de inmediato le pidió a su amorosa madre (Norma) que abriera una cerveza. Y ella, por sí sola, desplegó sobre la mesa una rica picadita. En su casa paterna, Miguel tuvo la delicadeza de atender a Cosa de Serranos y contar, punto por punto, qué le gustó y qué se podría mejorar de este apasionante certamen. “Fue el mejor torneo, por lejos, que he jugado. Y mirá que estoy en distintos torneos desde los 15 años”, aseguró. Y compartió un largo e interesante análisis, tras venir de una jornada laboral completa en la sodería. Por eso apreciamos el gesto, porque además, sobre el final, nos tiró un humilde “espero que haya servido de algo”. Eso pinta al delegado campeón: sencillo, comprensivo y gentil. Respetuoso y apasionado por el fútbol.

El trofeo de la Copa Cosa de Serranos relucía sobre una estantería y una gigantografía hecha en Darío Plotter impresionaba por su tamaño-calidad. Pinocho, sin dudas, contó con una organización que estuvo por encima de todos. Y eso le dio un salto de calidad a su equipo. Emilio fue, concretamente, uno de los mejores en lo suyo: tramando cada detalle, conociendo como nadie a sus compañeros, con el mapa del torneo y el reglamento bien impreso en su cerebro, movió fichas y armó un equipazo, mezcla de amigos con incorporaciones rutilantes. Y salió campeón, raspando porque reconoce que hubo otros grandes equipos tales como C.Q.C (subcampeón) y CAVI (terceros). “Ellos también podrían haberse proclamado campeones, tranquilamente”.

Valoró el tema de ser creíbles y duros con las sanciones, para evitar el juego brusco. Se disculpó de los gritos del Narigón Brutti en el partido CAVI vs. Materiales Tandil y deslizó que el próximo premio, para el campeón absoluto, podría ser un viaje para cada integrante del plantel hacia algún lugar costero. O ropa depotiva para cada uno de los integrantes del equipo.

Fue DJ y ponderó, por eso mismo, lo que fue la fiesta de la entrega de premios del torneo porque “yo sé de lo complicado que es armar algo así, por todo el esfuerzo y tiempo en organización, estuvo muy buena la idea. Nadie hace algo así”. Y no por eso dejó de reclamar que debimos darles un lugar más preponderante a ellos (Pinocho), en la misma. Con absoluta razón. “Incluso hasta a CQC, que fueron subcampeones, se le dio poca cabida. Pareció que fue la fiesta de La Caravana Mágica y, si te ponés a pensar, ellos salieron decimoprimeros”. Observador puro, nos regó de nociones que sirvieron y mucho. Por ejemplo, aquello de formar conciencia para que los equipos no se bajen a mitad de certamen. Un desafío para nosotros. “Es una falta de respeto para el rival que un equipo, porque ya no esté en la pelea, falte porque el otro quiere seguir compitiendo para consagrarse”. Hay que mejorarlo. Y desde esa misma lógica festejó el tema de los 4 campeones, dos en la A (A-1 y A-2) y otros tantos en la B (B-1, es decir, “campeón del ascenso” y B-2). “Porque eso le da una emoción especial hasta el final. De hecho, yo no lo seguí tanto porque estaba compenetrado con el campeonato de la A, pero me dijeron que el de la B estuvo muy apasionante”. Estuvo de acuerdo en que algunos partidos de la próxima edición se jueguen los sábados, onda el adelantado de la fecha, y que alguno puntualmente sea transmitido en vivo por radio. Es más, se le sugirió que cada equipo, por el pedido constante de cambio de horarios a lo largo del campeonato, puede llegar a ofrecer 5 opciones distintas de día y horario para competir. Cosa de que, en caso de coincidir con alguna de las 5 opciones de su rival, el partido salga derechito y sin reclamos. Y aprobó: “y si no coinciden, sorteo y listo”.

La charla fue amena, placentera y Miguel demostró estar tan empapado como nadie en el torneo. Por eso fue más que importante para nosotros. Por un tipo como él es que Pinocho F.C. marcó la diferencia. No le sobró mucho, porque equpos hay muchos y muy buenos, pero alguien como él se merecía este trofeo. De aquel pibito que soñaba con jugar estos torneos, que empezó comiéndose goleadas interminables, que mejoró y dio pelea, pero no le alcanzaba para consagrarse a este joven mentor –que el día de mañana será dirigente- de un equipo impecable y que supo conjugar los egos de figuras desequilibrantes con otros más raspadores. Todos fundamentales para el grito de Pinocho F.C campeón.

Felicitaciones y gracias por tu tiempo, Emilio. Sos un fenómeno.

 

Próximamente: reunión con más delegados.

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(Fotos). Cosa de Serranos comenzó la danza de encuentros con los hacedores de cada uno de los equipos para ir puliendo detalles de cara al próximo certamen. Y Emilio Miguel aconsejó…

Emilio Miguel, aquel purrete que se había dejado la cabellera larga y anhelaba entrar en cada campeonato de El Potrero cuando de pre-adolescente, mientras veía desde las gradas a su papá atajar, se demoraba en llegar. Su laburo en la sodería le quitó minutos de más. Su padre (Javier), aquel arquero, le abrió la puerta a Pepo con la calidez de su hogar. Al tanto absolutamente de toda la Copa Cosa de Serranos, felicitó al organizador por la gestión.

Al rato, apareció Emi, el delegado del gran campeón Pinocho F.C. Estacionó su auto, ingresó al hogar y casi de inmediato le pidió a su amorosa madre (Norma) que abriera una cerveza. Y ella, por sí sola, desplegó sobre la mesa una rica picadita. En su casa paterna, Miguel tuvo la delicadeza de atender a Cosa de Serranos y contar, punto por punto, qué le gustó y qué se podría mejorar de este apasionante certamen. “Fue el mejor torneo, por lejos, que he jugado. Y mirá que estoy en distintos torneos desde los 15 años”, aseguró. Y compartió un largo e interesante análisis, tras venir de una jornada laboral completa en la sodería. Por eso apreciamos el gesto, porque además, sobre el final, nos tiró un humilde “espero que haya servido de algo”. Eso pinta al delegado campeón: sencillo, comprensivo y gentil. Respetuoso y apasionado por el fútbol.

El trofeo de la Copa Cosa de Serranos relucía sobre una estantería y una gigantografía hecha en Darío Plotter impresionaba por su tamaño-calidad. Pinocho, sin dudas, contó con una organización que estuvo por encima de todos. Y eso le dio un salto de calidad a su equipo. Emilio fue, concretamente, uno de los mejores en lo suyo: tramando cada detalle, conociendo como nadie a sus compañeros, con el mapa del torneo y el reglamento bien impreso en su cerebro, movió fichas y armó un equipazo, mezcla de amigos con incorporaciones rutilantes. Y salió campeón, raspando porque reconoce que hubo otros grandes equipos tales como C.Q.C (subcampeón) y CAVI (terceros). “Ellos también podrían haberse proclamado campeones, tranquilamente”.

Valoró el tema de ser creíbles y duros con las sanciones, para evitar el juego brusco. Se disculpó de los gritos del Narigón Brutti en el partido CAVI vs. Materiales Tandil y deslizó que el próximo premio, para el campeón absoluto, podría ser un viaje para cada integrante del plantel hacia algún lugar costero. O ropa depotiva para cada uno de los integrantes del equipo.

Fue DJ y ponderó, por eso mismo, lo que fue la fiesta de la entrega de premios del torneo porque “yo sé de lo complicado que es armar algo así, por todo el esfuerzo y tiempo en organización, estuvo muy buena la idea. Nadie hace algo así”. Y no por eso dejó de reclamar que debimos darles un lugar más preponderante a ellos (Pinocho), en la misma. Con absoluta razón. “Incluso hasta a CQC, que fueron subcampeones, se le dio poca cabida. Pareció que fue la fiesta de La Caravana Mágica y, si te ponés a pensar, ellos salieron decimoprimeros”. Observador puro, nos regó de nociones que sirvieron y mucho. Por ejemplo, aquello de formar conciencia para que los equipos no se bajen a mitad de certamen. Un desafío para nosotros. “Es una falta de respeto para el rival que un equipo, porque ya no esté en la pelea, falte porque el otro quiere seguir compitiendo para consagrarse”. Hay que mejorarlo. Y desde esa misma lógica festejó el tema de los 4 campeones, dos en la A (A-1 y A-2) y otros tantos en la B (B-1, es decir, “campeón del ascenso” y B-2). “Porque eso le da una emoción especial hasta el final. De hecho, yo no lo seguí tanto porque estaba compenetrado con el campeonato de la A, pero me dijeron que el de la B estuvo muy apasionante”. Estuvo de acuerdo en que algunos partidos de la próxima edición se jueguen los sábados, onda el adelantado de la fecha, y que alguno puntualmente sea transmitido en vivo por radio. Es más, se le sugirió que cada equipo, por el pedido constante de cambio de horarios a lo largo del campeonato, puede llegar a ofrecer 5 opciones distintas de día y horario para competir. Cosa de que, en caso de coincidir con alguna de las 5 opciones de su rival, el partido salga derechito y sin reclamos. Y aprobó: “y si no coinciden, sorteo y listo”.

La charla fue amena, placentera y Miguel demostró estar tan empapado como nadie en el torneo. Por eso fue más que importante para nosotros. Por un tipo como él es que Pinocho F.C. marcó la diferencia. No le sobró mucho, porque equpos hay muchos y muy buenos, pero alguien como él se merecía este trofeo. De aquel pibito que soñaba con jugar estos torneos, que empezó comiéndose goleadas interminables, que mejoró y dio pelea, pero no le alcanzaba para consagrarse a este joven mentor –que el día de mañana será dirigente- de un equipo impecable y que supo conjugar los egos de figuras desequilibrantes con otros más raspadores. Todos fundamentales para el grito de Pinocho F.C campeón.

Felicitaciones y gracias por tu tiempo, Emilio. Sos un fenómeno.

 

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(Fotos). Cosa de Serranos comenzó la danza de encuentros con los hacedores de cada uno de los equipos para ir puliendo detalles de cara al próximo certamen. Y Emilio Miguel aconsejó…

Emilio Miguel, aquel purrete que se había dejado la cabellera larga y anhelaba entrar en cada campeonato de El Potrero cuando de pre-adolescente, mientras veía desde las gradas a su papá atajar, se demoraba en llegar. Su laburo en la sodería le quitó minutos de más. Su padre (Javier), aquel arquero, le abrió la puerta a Pepo con la calidez de su hogar. Al tanto absolutamente de toda la Copa Cosa de Serranos, felicitó al organizador por la gestión.

Al rato, apareció Emi, el delegado del gran campeón Pinocho F.C. Estacionó su auto, ingresó al hogar y casi de inmediato le pidió a su amorosa madre (Norma) que abriera una cerveza. Y ella, por sí sola, desplegó sobre la mesa una rica picadita. En su casa paterna, Miguel tuvo la delicadeza de atender a Cosa de Serranos y contar, punto por punto, qué le gustó y qué se podría mejorar de este apasionante certamen. “Fue el mejor torneo, por lejos, que he jugado. Y mirá que estoy en distintos torneos desde los 15 años”, aseguró. Y compartió un largo e interesante análisis, tras venir de una jornada laboral completa en la sodería. Por eso apreciamos el gesto, porque además, sobre el final, nos tiró un humilde “espero que haya servido de algo”. Eso pinta al delegado campeón: sencillo, comprensivo y gentil. Respetuoso y apasionado por el fútbol.

El trofeo de la Copa Cosa de Serranos relucía sobre una estantería y una gigantografía hecha en Darío Plotter impresionaba por su tamaño-calidad. Pinocho, sin dudas, contó con una organización que estuvo por encima de todos. Y eso le dio un salto de calidad a su equipo. Emilio fue, concretamente, uno de los mejores en lo suyo: tramando cada detalle, conociendo como nadie a sus compañeros, con el mapa del torneo y el reglamento bien impreso en su cerebro, movió fichas y armó un equipazo, mezcla de amigos con incorporaciones rutilantes. Y salió campeón, raspando porque reconoce que hubo otros grandes equipos tales como C.Q.C (subcampeón) y CAVI (terceros). “Ellos también podrían haberse proclamado campeones, tranquilamente”.

Valoró el tema de ser creíbles y duros con las sanciones, para evitar el juego brusco. Se disculpó de los gritos del Narigón Brutti en el partido CAVI vs. Materiales Tandil y deslizó que el próximo premio, para el campeón absoluto, podría ser un viaje para cada integrante del plantel hacia algún lugar costero. O ropa depotiva para cada uno de los integrantes del equipo.

Fue DJ y ponderó, por eso mismo, lo que fue la fiesta de la entrega de premios del torneo porque “yo sé de lo complicado que es armar algo así, por todo el esfuerzo y tiempo en organización, estuvo muy buena la idea. Nadie hace algo así”. Y no por eso dejó de reclamar que debimos darles un lugar más preponderante a ellos (Pinocho), en la misma. Con absoluta razón. “Incluso hasta a CQC, que fueron subcampeones, se le dio poca cabida. Pareció que fue la fiesta de La Caravana Mágica y, si te ponés a pensar, ellos salieron decimoprimeros”. Observador puro, nos regó de nociones que sirvieron y mucho. Por ejemplo, aquello de formar conciencia para que los equipos no se bajen a mitad de certamen. Un desafío para nosotros. “Es una falta de respeto para el rival que un equipo, porque ya no esté en la pelea, falte porque el otro quiere seguir compitiendo para consagrarse”. Hay que mejorarlo. Y desde esa misma lógica festejó el tema de los 4 campeones, dos en la A (A-1 y A-2) y otros tantos en la B (B-1, es decir, “campeón del ascenso” y B-2). “Porque eso le da una emoción especial hasta el final. De hecho, yo no lo seguí tanto porque estaba compenetrado con el campeonato de la A, pero me dijeron que el de la B estuvo muy apasionante”. Estuvo de acuerdo en que algunos partidos de la próxima edición se jueguen los sábados, onda el adelantado de la fecha, y que alguno puntualmente sea transmitido en vivo por radio. Es más, se le sugirió que cada equipo, por el pedido constante de cambio de horarios a lo largo del campeonato, puede llegar a ofrecer 5 opciones distintas de día y horario para competir. Cosa de que, en caso de coincidir con alguna de las 5 opciones de su rival, el partido salga derechito y sin reclamos. Y aprobó: “y si no coinciden, sorteo y listo”.

La charla fue amena, placentera y Miguel demostró estar tan empapado como nadie en el torneo. Por eso fue más que importante para nosotros. Por un tipo como él es que Pinocho F.C. marcó la diferencia. No le sobró mucho, porque equpos hay muchos y muy buenos, pero alguien como él se merecía este trofeo. De aquel pibito que soñaba con jugar estos torneos, que empezó comiéndose goleadas interminables, que mejoró y dio pelea, pero no le alcanzaba para consagrarse a este joven mentor –que el día de mañana será dirigente- de un equipo impecable y que supo conjugar los egos de figuras desequilibrantes con otros más raspadores. Todos fundamentales para el grito de Pinocho F.C campeón.

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Emilio Miguel, aquel purrete que se había dejado la cabellera larga y anhelaba entrar en cada campeonato de El Potrero cuando de pre-adolescente, mientras veía desde las gradas a su papá atajar, se demoraba en llegar. Su laburo en la sodería le quitó minutos de más. Su padre (Javier), aquel arquero, le abrió la puerta a Pepo con la calidez de su hogar. Al tanto absolutamente de toda la Copa Cosa de Serranos, felicitó al organizador por la gestión.

Al rato, apareció Emi, el delegado del gran campeón Pinocho F.C. Estacionó su auto, ingresó al hogar y casi de inmediato le pidió a su amorosa madre (Norma) que abriera una cerveza. Y ella, por sí sola, desplegó sobre la mesa una rica picadita. En su casa paterna, Miguel tuvo la delicadeza de atender a Cosa de Serranos y contar, punto por punto, qué le gustó y qué se podría mejorar de este apasionante certamen. “Fue el mejor torneo, por lejos, que he jugado. Y mirá que estoy en distintos torneos desde los 15 años”, aseguró. Y compartió un largo e interesante análisis, tras venir de una jornada laboral completa en la sodería. Por eso apreciamos el gesto, porque además, sobre el final, nos tiró un humilde “espero que haya servido de algo”. Eso pinta al delegado campeón: sencillo, comprensivo y gentil. Respetuoso y apasionado por el fútbol.

El trofeo de la Copa Cosa de Serranos relucía sobre una estantería y una gigantografía hecha en Darío Plotter impresionaba por su tamaño-calidad. Pinocho, sin dudas, contó con una organización que estuvo por encima de todos. Y eso le dio un salto de calidad a su equipo. Emilio fue, concretamente, uno de los mejores en lo suyo: tramando cada detalle, conociendo como nadie a sus compañeros, con el mapa del torneo y el reglamento bien impreso en su cerebro, movió fichas y armó un equipazo, mezcla de amigos con incorporaciones rutilantes. Y salió campeón, raspando porque reconoce que hubo otros grandes equipos tales como C.Q.C (subcampeón) y CAVI (terceros). “Ellos también podrían haberse proclamado campeones, tranquilamente”.

Valoró el tema de ser creíbles y duros con las sanciones, para evitar el juego brusco. Se disculpó de los gritos del Narigón Brutti en el partido CAVI vs. Materiales Tandil y deslizó que el próximo premio, para el campeón absoluto, podría ser un viaje para cada integrante del plantel hacia algún lugar costero. O ropa depotiva para cada uno de los integrantes del equipo.

Fue DJ y ponderó, por eso mismo, lo que fue la fiesta de la entrega de premios del torneo porque “yo sé de lo complicado que es armar algo así, por todo el esfuerzo y tiempo en organización, estuvo muy buena la idea. Nadie hace algo así”. Y no por eso dejó de reclamar que debimos darles un lugar más preponderante a ellos (Pinocho), en la misma. Con absoluta razón. “Incluso hasta a CQC, que fueron subcampeones, se le dio poca cabida. Pareció que fue la fiesta de La Caravana Mágica y, si te ponés a pensar, ellos salieron decimoprimeros”. Observador puro, nos regó de nociones que sirvieron y mucho. Por ejemplo, aquello de formar conciencia para que los equipos no se bajen a mitad de certamen. Un desafío para nosotros. “Es una falta de respeto para el rival que un equipo, porque ya no esté en la pelea, falte porque el otro quiere seguir compitiendo para consagrarse”. Hay que mejorarlo. Y desde esa misma lógica festejó el tema de los 4 campeones, dos en la A (A-1 y A-2) y otros tantos en la B (B-1, es decir, “campeón del ascenso” y B-2). “Porque eso le da una emoción especial hasta el final. De hecho, yo no lo seguí tanto porque estaba compenetrado con el campeonato de la A, pero me dijeron que el de la B estuvo muy apasionante”. Estuvo de acuerdo en que algunos partidos de la próxima edición se jueguen los sábados, onda el adelantado de la fecha, y que alguno puntualmente sea transmitido en vivo por radio. Es más, se le sugirió que cada equipo, por el pedido constante de cambio de horarios a lo largo del campeonato, puede llegar a ofrecer 5 opciones distintas de día y horario para competir. Cosa de que, en caso de coincidir con alguna de las 5 opciones de su rival, el partido salga derechito y sin reclamos. Y aprobó: “y si no coinciden, sorteo y listo”.

La charla fue amena, placentera y Miguel demostró estar tan empapado como nadie en el torneo. Por eso fue más que importante para nosotros. Por un tipo como él es que Pinocho F.C. marcó la diferencia. No le sobró mucho, porque equpos hay muchos y muy buenos, pero alguien como él se merecía este trofeo. De aquel pibito que soñaba con jugar estos torneos, que empezó comiéndose goleadas interminables, que mejoró y dio pelea, pero no le alcanzaba para consagrarse a este joven mentor –que el día de mañana será dirigente- de un equipo impecable y que supo conjugar los egos de figuras desequilibrantes con otros más raspadores. Todos fundamentales para el grito de Pinocho F.C campeón.

Felicitaciones y gracias por tu tiempo, Emilio. Sos un fenómeno.

 

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Emilio Miguel, aquel purrete que se había dejado la cabellera larga y anhelaba entrar en cada campeonato de El Potrero cuando de pre-adolescente, mientras veía desde las gradas a su papá atajar, se demoraba en llegar. Su laburo en la sodería le quitó minutos de más. Su padre (Javier), aquel arquero, le abrió la puerta a Pepo con la calidez de su hogar. Al tanto absolutamente de toda la Copa Cosa de Serranos, felicitó al organizador por la gestión.

Al rato, apareció Emi, el delegado del gran campeón Pinocho F.C. Estacionó su auto, ingresó al hogar y casi de inmediato le pidió a su amorosa madre (Norma) que abriera una cerveza. Y ella, por sí sola, desplegó sobre la mesa una rica picadita. En su casa paterna, Miguel tuvo la delicadeza de atender a Cosa de Serranos y contar, punto por punto, qué le gustó y qué se podría mejorar de este apasionante certamen. “Fue el mejor torneo, por lejos, que he jugado. Y mirá que estoy en distintos torneos desde los 15 años”, aseguró. Y compartió un largo e interesante análisis, tras venir de una jornada laboral completa en la sodería. Por eso apreciamos el gesto, porque además, sobre el final, nos tiró un humilde “espero que haya servido de algo”. Eso pinta al delegado campeón: sencillo, comprensivo y gentil. Respetuoso y apasionado por el fútbol.

El trofeo de la Copa Cosa de Serranos relucía sobre una estantería y una gigantografía hecha en Darío Plotter impresionaba por su tamaño-calidad. Pinocho, sin dudas, contó con una organización que estuvo por encima de todos. Y eso le dio un salto de calidad a su equipo. Emilio fue, concretamente, uno de los mejores en lo suyo: tramando cada detalle, conociendo como nadie a sus compañeros, con el mapa del torneo y el reglamento bien impreso en su cerebro, movió fichas y armó un equipazo, mezcla de amigos con incorporaciones rutilantes. Y salió campeón, raspando porque reconoce que hubo otros grandes equipos tales como C.Q.C (subcampeón) y CAVI (terceros). “Ellos también podrían haberse proclamado campeones, tranquilamente”.

Valoró el tema de ser creíbles y duros con las sanciones, para evitar el juego brusco. Se disculpó de los gritos del Narigón Brutti en el partido CAVI vs. Materiales Tandil y deslizó que el próximo premio, para el campeón absoluto, podría ser un viaje para cada integrante del plantel hacia algún lugar costero. O ropa depotiva para cada uno de los integrantes del equipo.

Fue DJ y ponderó, por eso mismo, lo que fue la fiesta de la entrega de premios del torneo porque “yo sé de lo complicado que es armar algo así, por todo el esfuerzo y tiempo en organización, estuvo muy buena la idea. Nadie hace algo así”. Y no por eso dejó de reclamar que debimos darles un lugar más preponderante a ellos (Pinocho), en la misma. Con absoluta razón. “Incluso hasta a CQC, que fueron subcampeones, se le dio poca cabida. Pareció que fue la fiesta de La Caravana Mágica y, si te ponés a pensar, ellos salieron decimoprimeros”. Observador puro, nos regó de nociones que sirvieron y mucho. Por ejemplo, aquello de formar conciencia para que los equipos no se bajen a mitad de certamen. Un desafío para nosotros. “Es una falta de respeto para el rival que un equipo, porque ya no esté en la pelea, falte porque el otro quiere seguir compitiendo para consagrarse”. Hay que mejorarlo. Y desde esa misma lógica festejó el tema de los 4 campeones, dos en la A (A-1 y A-2) y otros tantos en la B (B-1, es decir, “campeón del ascenso” y B-2). “Porque eso le da una emoción especial hasta el final. De hecho, yo no lo seguí tanto porque estaba compenetrado con el campeonato de la A, pero me dijeron que el de la B estuvo muy apasionante”. Estuvo de acuerdo en que algunos partidos de la próxima edición se jueguen los sábados, onda el adelantado de la fecha, y que alguno puntualmente sea transmitido en vivo por radio. Es más, se le sugirió que cada equipo, por el pedido constante de cambio de horarios a lo largo del campeonato, puede llegar a ofrecer 5 opciones distintas de día y horario para competir. Cosa de que, en caso de coincidir con alguna de las 5 opciones de su rival, el partido salga derechito y sin reclamos. Y aprobó: “y si no coinciden, sorteo y listo”.

La charla fue amena, placentera y Miguel demostró estar tan empapado como nadie en el torneo. Por eso fue más que importante para nosotros. Por un tipo como él es que Pinocho F.C. marcó la diferencia. No le sobró mucho, porque equpos hay muchos y muy buenos, pero alguien como él se merecía este trofeo. De aquel pibito que soñaba con jugar estos torneos, que empezó comiéndose goleadas interminables, que mejoró y dio pelea, pero no le alcanzaba para consagrarse a este joven mentor –que el día de mañana será dirigente- de un equipo impecable y que supo conjugar los egos de figuras desequilibrantes con otros más raspadores. Todos fundamentales para el grito de Pinocho F.C campeón.

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Emilio Miguel, aquel purrete que se había dejado la cabellera larga y anhelaba entrar en cada campeonato de El Potrero cuando de pre-adolescente, mientras veía desde las gradas a su papá atajar, se demoraba en llegar. Su laburo en la sodería le quitó minutos de más. Su padre (Javier), aquel arquero, le abrió la puerta a Pepo con la calidez de su hogar. Al tanto absolutamente de toda la Copa Cosa de Serranos, felicitó al organizador por la gestión.

Al rato, apareció Emi, el delegado del gran campeón Pinocho F.C. Estacionó su auto, ingresó al hogar y casi de inmediato le pidió a su amorosa madre (Norma) que abriera una cerveza. Y ella, por sí sola, desplegó sobre la mesa una rica picadita. En su casa paterna, Miguel tuvo la delicadeza de atender a Cosa de Serranos y contar, punto por punto, qué le gustó y qué se podría mejorar de este apasionante certamen. “Fue el mejor torneo, por lejos, que he jugado. Y mirá que estoy en distintos torneos desde los 15 años”, aseguró. Y compartió un largo e interesante análisis, tras venir de una jornada laboral completa en la sodería. Por eso apreciamos el gesto, porque además, sobre el final, nos tiró un humilde “espero que haya servido de algo”. Eso pinta al delegado campeón: sencillo, comprensivo y gentil. Respetuoso y apasionado por el fútbol.

El trofeo de la Copa Cosa de Serranos relucía sobre una estantería y una gigantografía hecha en Darío Plotter impresionaba por su tamaño-calidad. Pinocho, sin dudas, contó con una organización que estuvo por encima de todos. Y eso le dio un salto de calidad a su equipo. Emilio fue, concretamente, uno de los mejores en lo suyo: tramando cada detalle, conociendo como nadie a sus compañeros, con el mapa del torneo y el reglamento bien impreso en su cerebro, movió fichas y armó un equipazo, mezcla de amigos con incorporaciones rutilantes. Y salió campeón, raspando porque reconoce que hubo otros grandes equipos tales como C.Q.C (subcampeón) y CAVI (terceros). “Ellos también podrían haberse proclamado campeones, tranquilamente”.

Valoró el tema de ser creíbles y duros con las sanciones, para evitar el juego brusco. Se disculpó de los gritos del Narigón Brutti en el partido CAVI vs. Materiales Tandil y deslizó que el próximo premio, para el campeón absoluto, podría ser un viaje para cada integrante del plantel hacia algún lugar costero. O ropa depotiva para cada uno de los integrantes del equipo.

Fue DJ y ponderó, por eso mismo, lo que fue la fiesta de la entrega de premios del torneo porque “yo sé de lo complicado que es armar algo así, por todo el esfuerzo y tiempo en organización, estuvo muy buena la idea. Nadie hace algo así”. Y no por eso dejó de reclamar que debimos darles un lugar más preponderante a ellos (Pinocho), en la misma. Con absoluta razón. “Incluso hasta a CQC, que fueron subcampeones, se le dio poca cabida. Pareció que fue la fiesta de La Caravana Mágica y, si te ponés a pensar, ellos salieron decimoprimeros”. Observador puro, nos regó de nociones que sirvieron y mucho. Por ejemplo, aquello de formar conciencia para que los equipos no se bajen a mitad de certamen. Un desafío para nosotros. “Es una falta de respeto para el rival que un equipo, porque ya no esté en la pelea, falte porque el otro quiere seguir compitiendo para consagrarse”. Hay que mejorarlo. Y desde esa misma lógica festejó el tema de los 4 campeones, dos en la A (A-1 y A-2) y otros tantos en la B (B-1, es decir, “campeón del ascenso” y B-2). “Porque eso le da una emoción especial hasta el final. De hecho, yo no lo seguí tanto porque estaba compenetrado con el campeonato de la A, pero me dijeron que el de la B estuvo muy apasionante”. Estuvo de acuerdo en que algunos partidos de la próxima edición se jueguen los sábados, onda el adelantado de la fecha, y que alguno puntualmente sea transmitido en vivo por radio. Es más, se le sugirió que cada equipo, por el pedido constante de cambio de horarios a lo largo del campeonato, puede llegar a ofrecer 5 opciones distintas de día y horario para competir. Cosa de que, en caso de coincidir con alguna de las 5 opciones de su rival, el partido salga derechito y sin reclamos. Y aprobó: “y si no coinciden, sorteo y listo”.

La charla fue amena, placentera y Miguel demostró estar tan empapado como nadie en el torneo. Por eso fue más que importante para nosotros. Por un tipo como él es que Pinocho F.C. marcó la diferencia. No le sobró mucho, porque equpos hay muchos y muy buenos, pero alguien como él se merecía este trofeo. De aquel pibito que soñaba con jugar estos torneos, que empezó comiéndose goleadas interminables, que mejoró y dio pelea, pero no le alcanzaba para consagrarse a este joven mentor –que el día de mañana será dirigente- de un equipo impecable y que supo conjugar los egos de figuras desequilibrantes con otros más raspadores. Todos fundamentales para el grito de Pinocho F.C campeón.

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