Está aquí
Home > Todo y Nada > Se nos fue «La Globera»

Se nos fue «La Globera»

Homenaje a un verdadero personaje de la ciudad. Y qué mejor que copiar y pegar el excelente texto que le dedicó Elías El Hage en La Tandilura.com.ar

Ayer se voló de la galaxia serrana el último personaje del Tandil de los años felices. Murió de una pulmonía Teresita Ester Ramona Arancibia, nombres y apellido que quedaron en un segundo plano frente al apodo que la hizo célebre: La Globera. Durante décadas fue la mujer cuidacoches de la Plaza Independencia, tenía 60 años y había logrado terminar la escuela secundaria y empezar la carrera de abogacía. Los trapitos de la postmodernidad la fueron desalojando de las calles tandileras.

Le decían La Globera, pocos los saben, porque había sido la esposa de Manuel Ramón Alonso, un hombre que en la década del ‘70 se ganaba la vida vendiendo globos de cumpleaños parado en la esquina del Bar Ideal (es célebre la anécdota de Homero Fortunato, otrora presidente de la Peña Amigos de la Burla, reventándole los globos con un rifle de aire comprimido desde un edificio de calle Pinto). Con El Globero, Teresita tuvo tres hijos: Diana, Isaías y Natalia. Y tres nietos: Candela, Enzo y Alma.

A la historiar su paso por este mundo, habría que decir que La Globera fue “el trapito” local mucho antes de que esta actividad hoy reinara entre las calles céntricas tandileras. De hecho, algunos creen que la irrupción de los trapitos “profesionales” acabó con su trabajo, dado que hubo una diferencia de concepto fundamental entre ella y los pibes o señores que hoy “cuidan” los coches de la comarca. La Globera fundó un estilo: no tenía ningún trapo, ningún pañuelo en la mano, apareció como desde la nada para estacionar su figura en derredor de la Parroquia del Santísimo, y se asimiló al paisaje urbano como un retrato ambulante: la calle Pinto o Rodríguez nunca más fue la misma a partir de 2007 cuando ella terminó la escuela secundaria y se decidió a estudiar abogacía. Por entonces ya los trapitos de la postmodernidad la habían desalojado de ese mundo propio que orbitaba en torno a su figura, aunque no de ese lazo intangible que supo construir con los vecinos, un vínculo hecho de un sentimiento tandilero más inherente al siglo pasado: un matiz de cariño y respeto rodeó la relación “comercial” entre La Globera y la vecindad, y en esa relación cotidiana inaprensible quizá radique su mayor tesoro como sujeto social de la comarca. La que fue capaz de construir desde su propio desamparo. Porque, mal que nos pese, Teresita no fue un personaje literario sino un ser humano de carne y hueso que vivió en el límite de las necesidades y los apremios. Su capacidad de reinventarse a sí misma fue el motor de su vida; el haber podido construir un vínculo fuertemente simbólico y sentimental con los vecinos la sitúan desde ayer en el panteón de los grandes y entrañables personajes de la sociabilidad lugareña, claramente constitutivos de aquel pueblo chico de las 70 mil almas que hace tanto tiempo también se nos voló de las manos.

Hoy un globo de carnaval, un globo de cumpleaños, un globo perdido de la mano de un niño, cruza el cielo con el rostro de Teresita sonriendo entre las nubes.

Deja una respuesta

Top