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Vení que te olvido

Somos todos muy hoy

Ella siempre le gustó. Desde Febrero se la venia chamuyando: Se le acerco como pibe buena onda hasta que consiguió su pin. Por BBM le dijo que era linda hasta que bailaron en un boliche. Bailaron hasta que se besaron. Se besaron hasta que la invito a su casa. Se fue de su casa cuando se tuvo que ir. Todo muy hoy.

Se vieron, seguramente, un par de noches más. El ya vendió todo lo que no tenia, ella ya compró y no hay devolución. Acá lo que se compra, se mastica y se traga. Cuando pueda lo vomitará y volver a comprar.

El amor se compra, como una remera o unos zapatos. Hay miles de vendedores: lindos, charlatanes o ingeniosos.

“El hombre propone, la mujer dispone” decía la señora mientras limpiaba la casa y amaestraba a esos pibes en plena “edad del pavo”, mientras sus padres trabajaban durante la semana. Los nenes veían televisión mientras de fondo sonaba la enceradora y la voz de la experiencia. Todo muy hoy.

La venta tiene sus reglas morales. Algunos vendedores las usan, otros no.

Durante su trabajo, a pesar de usar la mentira, están los que nunca se olvidan que:

– El hombre paga.

– El hombre no recuerda.

– El hombre no pega.

Esos tres valores se le agradecen a la palabras de domingo, esas que suenan en la verdadera iglesia. Las que repiten su abuelo, su tío y su papa. Esas no se traicionan porque se llevan en la sangre. Por mas gil lindo y exitoso que exhiba sus trofeos de guerra, el no lo va a hacer. No le vendría mal, pero no.

¿Dónde esta escrito que los tiempos cambiaron? ¿Por qué no le avisaron?

En esas cenas que se invitan después de muchos besos, comieron lo mismo y se conocieron sin Branca. Tomaron agua y mantuvieron las pocas formas que tienen: agarraron bien los cubiertos y masticaron despacio. Charlaron sobre amigos, proyectos y rieron.

Caminaron de la mano y llegaron a su casa, forzaron el beso. Ella se quedo a dormir, el no lo podía creer. Era tiempo de contarle que la venta habia terminado: Que le gustaba conocer gente, que no se imaginaba durmiendo con ella, que la quería lejos.

Se hizo de día. Le explicó y le abrió la puerta: ¿Tan poquito era tanto? ¿Una cena era compromiso? ¿Dónde estaba la chica de esa noche?

Una semana después, sonó su celular y estaba la pregunta: – “¿Vos te la garchaste a ella?” – preguntaba la mejor amiga de la mujer abandonada, expulsada y engañada.

Lo desmintió, explicó que solo fueron un par de besos, que no había pasado nada mas.

“Sos un negador como todos tus amigos, no podes decir que no te la garchaste: La haces quedar como una boluda”

Tembló su mundo, sus convicciones y su caballerosidad. Todo muy hoy.

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