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Revancha 2.0

¿Cuanto falta para que me quieran?

La vida es así: Siempre te da revancha, por eso se inventaron las redes sociales.

Viajó a Tandil por el fin de semana largo. El jueves, a las 12 de la noche, llegó a Retiro y esperó al bondi. Estaba ansioso por volver al pueblo.

Los fines de semana largo siempre lo excitan. Siempre recuerda cuando iba al colegio y ante la llegada de un largo, comentaba con sus amigos: “Seee, este finde se pone, vienen todos los de Buenos Aires”. Lo boludo es infinito, lo unitario también lo es.

El viernes pasó desapercibido. Aunque las vueltas por el centro se estiraron hasta las cinco de la mañana, nada lo marcó a fuego. Eso es lo que tiene la noche, te marca, te enseña: Te caga a palos y después te acaricia, para que vuelva a caer en ella, una y otra vez.

El grito paternal de “La comida” lo despertó. Con sed y ganas se acercó a la mesa. Tambaleo y se sirvió Coca Light. Cuidarse desde temprano lo pone a unos más confianzudo. Digamos que la Coca sin azúcar, es un pretexto para su confianza: el asado con papas fritas debería ser desmoralizador.

La tarde pasó como debe pasar: Twitteó para alardear, Facebookeó para concretar y navegó para despegar (¿?). Alguna vez escuchó de un sabio garchador: “La noche se prepara a la tarde. Mensajitos y chats con todas, cortitos y al pie: ¿Cómo andás, linda? ¿Salís? Nos vemos a la noche”. Lo que algunos llaman, preparar la cancha.

Llegó la hora de la verdad.

Fernet, Coca Cola, Marlboro de 10 (en realidad de 9, uno es un porrito) y ropa socialmente aceptada. Después de saludar a sus amigos, tomo un par de hielos y armó su ferne’ con coca: “Esta noche hay que ponerla” escuchó por allá, “Ja, si che” sentenciaron un par.

La suerte de ser muchos hombres en una previa o preboliche es, simplemente, ser muchos. En la cantidad hay cantidad. Más invitaciones, mas posibilidades parejas, mas mujeres. Nadie se invita sola, nadie se comparte.

La teoría no falló y pasada la medianoche, las calzas con tacos se presentaron en el lugar. Todas muy lindas, por cierto.

Los primeros minutos suelen ser fríos, la gente no se mezcla, juegan a los desconocidos. De ahí el éxito del alcohol. Pasada la media botella, todos son amigos. Otros se sienten fuertes y prenden su porrito en cualquier lugar.

Caminó del living a la cocina unas 30 veces. Salió para la vereda, unas 20, siempre para fumar un cigarrillo o tomar un poco de aire. Tarareó “Rakatakataka bum bum, lo bailan las chetas” unas 100 y dijo “Hasta aca llegué” tres veces.

Estaba fumando cuando dos chicas lo invitaron a sentarse. Ya reinaba la buena onda y los chistes fáciles. Las miró: “Ja, las que no me querían de pibe”.

– “Che, me hacen reír tus tweets”, le dijo ella. Morocha, tetona y con sonrisa grande.

– “Ja, viste, soy re gil”, el perrito mojado suele garpar y de la vergüenza no se vuelve.

– “Ja, no, no te sigo, pero te leo”.

“Que loco. El orgullo sigue intacto”, pensó después de tragar un poco de saliva.

Rierón, le prometió hacerle un homenaje, a lo que tuiteo: “El nuevo ser re capo es: Me haces reír, no te sigo, pero te leo. Bien capa, bien”.

Ella tuvo que aceptar el palito. La revancha se hizo carne.

Foto: Bumbum Niko

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