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«Es la crónica de una muerte anunciada», dijo Beatriz Martínez

Beatriz Martínez, la profesional que tuvo a cargo a Picu López, cuenta su versión sobre la historia del joven.

 

Sucesivos fracasos. Una historia familiar, la institucionalización, la falta de recursos en las políticas de contención estatal, todo contribuyó a un caldo de cultivo para este final de López, esposado. Hoy privado de libertad, ayer privado de todos sus derechos. 
La declaración que ayer aportó la trabajadora social Beatriz Martínez resultó fiel, tan cruda como respetuosa. Cuando el abogado Castaño le preguntó si podría equiparar el caso de "Picu" con el título de Gabriel García Márquez, "Crónica de una Muerte Anunciada", la profesional fue tajante: "sí". 
Al terminar su revelador testimonio, el acusado y Martínez se fundieron en un abrazo. La empatía entre ambos era tal que López, como a casi nadie en esos duros años de la adolescencia, le hacía caso. 
A los 14 años, el joven ya estaba alojado en un centro cerrado de La Plata. Eran tiempos donde la nueva ley de Promoción y Protección de los Derechos del Niño venía a reemplazar a la vieja normativa en Minoridad. La transición fue devastadora. Vulnerado en sus derechos, pronto López terminó vulnerando los derechos de terceros. 
"Tuvo 16 fracasos en experiencias de convivencias. Todas las institucionalizaciones" fueron negativas, "si no no estaríamos aquí", desnudó la trabajadora social. Luego reconoció: "fui parte de un sistema falente, hice lo que podía, hubo una gran falta de recursos provinciales" en la materia, canalizó Martínez. 
El pibe necesitó tratamiento farmacológico psiquiátrico. Estuvo internado 26 días en la clínica terapéutica "Ferromed S.A.". Intentó suicidarse en la Casa de Contención. Los referentes familiares "iban y venían, pues los vínculos" resultaban inestables, manifestó la trabajadora social. 
Pocas personas atravesaban en Tandil la situación compleja de López, por la cantidad de presuntos delitos cometidos y la debilidad de la contención familiar. La relación afectiva con el chico hasta llevó a pensar a Martínez en "llevarlo a vivir a mi casa", algo impropio para la profesión. "Era un joven con extrema vulnerabilidad que padeció la transición del sistema jurídico", completó la testigo. 
Más tarde, objetó: "las políticas sociales eran más discursivas que inclusivas". 
Pero los problemas no terminaban en la faz social, sino también en lo educativo. López, con 12 años, sólo tenía 3º grado incompleto, pasando además por numerosas escuelas. 
Tampoco puede olvidarse la marca indeleble que le prodigó la vida: "una madre suicidada, un padre preso y una familia" que no supo o no pudo contenerlo. 

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