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Un diálogo con dos parroquianos (Bar «Rocha», primera parte)

Bar “Rocha”, Alem y Machado. (Por Leandro Vecino. Fotos: Gonzalo Celasco).

           La ciudad está cubierta por la niebla. Estuvo todo el día igual. Ahora también llueve. El clima es pesado; con una mano sostengo el paraguas, con la otra me quito la bufanda. Vamos por el segundo bar. Otra vez a lo desconocido.

            Llegamos. Sólo hay dos parroquianos y Adela, la dueña del lugar. Nos presentamos, les contamos a qué venimos. Empiezan. Adela nos observa y escucha.

 

***

 

A:- Dijo el Bocha: ‘¿Sabés por qué se mueren los bares? Porque no hay reposición’.

B:- El pendejo no es de este boliche. El pendejo se mama en la plaza y se va a hacer quilombo a Sol.

Yo:- ¿Hace mucho que viene a este bar?

A:- Tengo toda la vida en los boliches. Igual, a este bar hace poco que vengo. Pero crecí en este barrio. La señora te puede explicar lo que era este bar. Acá venían los bolseros que trabajaban en el ferrocarril.

Yo:- Y para usted, que dice que tiene toda la vida en los boliches, ¿son peligrosos hoy los bares? Nosotros vamos contra ese mito.

B:- El bar es peligroso si lo hacés peligroso.

A:- Hoy en día no hay ninguno peligroso, porque seleccionaron gente.

B:- El jodido ya sabe que tiene las puertas cerradas.

A:- Desde los catorce años que ando en la calle. Y siempre me gustó el boliche. Mi viejo tenía una buena posición económica, pero yo salí a la calle a laburar. Te puedo decir que se terminó el quilombo del boliche. Vos venís acá y hablás de política, podés ser hincha de Boca o de River, de Ford o de Chevrolet. Podés discutir, sí, por pelotudeces, pero termina ahí. Antes te abrían. Yo a esa época la conocí. ¿Cagarte a trompadas? Mil veces. Pero era uno a uno, no es como ahora. Vos arrancabas para afuera. Llega una edad que no podés pelearte.

B:- Tenemos ese tipo de códigos, que lo tenemos hace mucho y va a seguir existiendo.

A:- A mí me podrás tomar el pelo, sí, me podrás decir ‘Yo te voy a romper el alma’. ¿Ah, sí? Bueno, vamos afuera. Pero vení solo, eh. Yo te puedo asegurar que conmigo no te metés. Vos no sabés para qué lado salgo.

 

(Segundos de silencio)

 

A:- En el boliche se manejan otros códigos. A los catorce empecé a salir de mi casa; a los dieciocho, tenía códigos. Los tuve a los veinte, a los cincuenta y los tengo a los cincuenta y cuatro. Son códigos de vida.

Gonzalo:- Y la sociedad oportunista te la pone.

A:- Sí, pero ¿quién te la pone? A ustedes, posiblemente, se las vayan a poner. A mí no me la ponen más, quedate bien tranquilo. La experiencia, mal o bien, es un rango y te aclaro que lo puedo llegar a tener.

 

(Silencio prolongado. Los hombres beben sus copas)

 

A:- Mirá si agarran al Viejo, a Luisito, al Pájaro, con las anécdotas.

B:- Tendrían para hacer un libro así (pone la palma de la mano a medio metro del piso).

A:- El Viejo era bolsero. Viene acá hace cuarenta años. Debe tener guardados los cuadernos en los que anotaban las copas.

B:- Nosotros ni figuramos.

Yo:- ¿Y qué le atrajo del boliche?

A:- Justamente, la gente, la experiencia. Vos tenés que escuchar. También podés escuchar, pero si no te entra en la cabeza lo que te dice una persona con experiencia, no servís para nada, no servís como persona; sos un estúpido. ¿Qué, tenés que tomarte dos vinos para cagarte a trompadas con un tipo? No la entiendo. Problemas de afuera, dejalos afuera. Acá los problemas quedan en la puerta. Acá no se discute, no se habla mal, no se putea. Aparte, tenés que tener en cuenta una cosa: atrás del mostrador hay una señora. Tiene sus hijas, tiene sus nietos, tiene sus bisnietos, que vienen acá todos los días. Si empezás a putear, sos el tipo más desubicado del mundo, hermano. Acá no podés venir a putear, a jetonear y a hablar al pedo.

 

(A hace una pausa)

 

A:- El que viene acá tiene que empezar a contar las patas. Si no cuenta las patas, Adela es la primera que lo echa. Y como siempre habemos dos o tres de los que venimos, ninguno viene a hacer estupideces. Acá venimos a tomar la copa, a charlar, a hinchar las pelotas. Fijate que no hay televisor. Lo único que hacemos es escuchar música.

A mí me gusta estar acá, me gusta estar con Adela; ella se va adentro y me dice que le cuide; no hay ningún problema. ¿Vos te vas a ensuciar la vida por cuatro pesos mugrientos que vale un vino? No. Pero hay gente que hoy en día sí se ensucia. Yo por cuatro pesos mugrientos que vale un vino no me ensucio ni las botas.

Yo:- Ya es la confianza de años.

B:- No son tantos.

Yo:- ¿Hace cuánto que viene, usted?

 

(A y B se miran)

 

A:- Yo empecé a venir cuando se murió mi viejo. Y deben hacer seis años que se murió.

B:- Y para esa época, yo ya venía. Entonces, deben hacer ocho o diez años que vengo.

 

(Adela baja la radio, para que nos escuchemos mejor)

 

A:- Adela, no me baje la radio, por favor. Con lo que me gusta escuchar música.

 

(Silencio. A vuelve a empezar)

 

A:- La cosa es así: te gusta la timba, te gustan las mujeres o te gusta el boliche. Si te gusta la timba, vas a timbear por plata; si te gustan las mujeres, vas al cabaret; y si te gusta el boliche, venís al boliche.

B:- Si te gustan las tres cosas, arreglate como puedas, porque no te va a dar el bolsillo. Tenés que elegir una. De última, de vez en cuando, date el gustito y andate a otra.

Gonzalo:- Qué frase esa, es verdad.

B:- No es verdad: es real.

A:- Es caminar la vida.

 

***

 

Yo:- ¿Usted a qué se dedica?

B:- No viene al caso.

A:- ¿Y qué problema te hacés? Sos empleado metalúrgico.

B:- Si no lo digo yo, no lo digas vos.

A:- ¡Y qué te molesta! ¿Los chicos van a salir a investigar donde trabajás vos?

B:- Bueno, pero si no lo digo yo, no lo digas vos.

 

(Pausa)

 

A:- Bueno, Adela, voy a tomar el penúltimo y me voy.

Yo:- ¿Cómo está hoy el laburo?

B:- Mal. Y lo que es metalmecánica, que es mi rama, está peor. Por la importación, la guita y el quilombo.

 

***

 

A no tiene problema en tomarse fotos, B prefiere evitarlas. Gonzalo deja la cámara en la mochila. Y sigue la charla. A y B discuten sobre los nombres y la delimitación de los barrios. Discuten sobre la inseguridad en los mismos barrios. Discuten, pero mañana van a estar otra vez acá.

 

Textual de: Caras de Bar

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