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«Las drogas en Tandil»

-Por Simón Ventos para Cosa de Serranos.

Esta vez, Pepo (El Ceo), me pregunto si tenía agallas. No respondí, porque no tuve tiempo. Al toque me dijo: “El tema que quiero para esta semana es Las drogas en Tandil”. Es difícil hablar de ellas sabiendo que muchos creen que ellas se viven, nada más. No se teorizan, ni se alardean, se sienten. Ok, los respeto, pero acá tiene una nota mas.

En mi caso, las primeras charlas de drogas fueron con mis viejos. Me contaban que era “un porrito” y demás drogas. Educación y prevención. Creo qué tenia doce años, creo. El televisor, mi mejor amigo allá por el 2003, rebalsaba en adicciones (como hoy, pero fue como “el bum de la transparencia”), Charly pintando las paredes, Calamaro con su “que linda noche para fumarse un porrito” y Andy Chango con Mauro Viale hablando de merca. Todo muy bonito y perturbador para padres. Tal vez confunda épocas, sepan disculpar mi memoria.

El tiempo pasó, “las drogas” volaron hacia mi grupo de amigos, sus casas y sus familias. En algunas nos alertaban, en otras no advertían de mala manera y en otras, se callaba. Todavía éramos chicos y los dealers no se metían con pendejos sin bigote. Digamos que no había un miedo directo, si no que solo a futuro.

La noche es todo un tema, cuando de adicciones hablamos. Luego de 4 o 5 boliches seguidos, las preguntas en casa eran: “¿Viste drogas?” “¿En los boliches se vende?” “¿Probaste?”. Yo reía y negaba todo, era la verdad. Mis viejos tenían miedo. Los otros padres, también.

El porro, la pepa, la merca o cualquier sustancia ilegal, no tardan en aparecer. Por suerte, ganas o lo que sea, se muestran. Acá arranca la parte que tendríamos que atender, dado que ya es tarde para prevenir.

Ante las primeras caras perdidas u ojitos rojos, la gente grande se alerta. No ponen su esmero en preguntar si pasa algo o están mal. No. Solo hablan de lo mal que esta fulanito, las juntas de menganito o el andar raro de chespirito. Murmuran entre ellos y rezan porque sus hijos no sufran el hechizo.

Algunos hijos, no escucharon las palabras de su padre antes de pitar, pero si aprenden rápidamente a separar. Se alejan del hechizado, hablan mal de el y hasta le quitan el saludo. Todo lo contario a lo que dictan las ciencias y la vida en general, cuando hablamos de gente con este tipo de problemas. Lo que para mí, es una falta de códigos entre hermanos.

En Tandil, sobre todo, reina el “conventillo”. Este no distingue clases sociales, ni bolsillos. El cual no es la mejor herramienta para ayudar o compartir. Falta interesarse y quererse. Falta saber, educar y, sobre todo, entender.

Tandil, hacete cargo. Lo soñado, a veces, es una pesadilla.

Pd: Párrafo aparte se merece el famoso “Juzgar sin conocer” pero ese, es otro triste tema.

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