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«El ser tandilense»

La columna de hoy en El Eco, del periodista que más admiramos de la ciudad, es magistral ultra. Nos tomamos el atrevimiento, por la causa serrana, de compartirla con nuestros lectores. Marcos G.: sos un crack.

En vías de extinción



-Por Marcos Gonzalez, marcosggonza@gmail.com



Mucho hemos hablado en este mismo espacio de “el ser tandilense”. Hemos, también, dejado sentadas las dos posturas que existen al respecto, esto es la existencia o no de una manera de ser que nos identifica y nos distingue del resto de los habitantes de los pueblos y ciudades que nos circundan.

Hay opiniones que fundamentan una y otra tesitura. No será éste el momento en que demos a conocer nuestra opinión. De lo que sí estamos seguros es que, de existir ese ser tandilense, ese estereotipo del nacido y criado o del venido y quedado, asistimos ya a su anunciada extinción. Creemos que quienes hoy rondan entre los cuarenti y cincuenti representan los últimos exponentes de esa categoría. Las nuevas generaciones, afortunadamente –y globalización mediante- han superado ese estigma. Hoy, un muchacho o una muchacha de Tandil no se diferencia demasiado de un congénere de Ayacucho, Rauch o Azul.

A riesgo de ser arbitrarios, puntualizamos a continuación una serie de características que –de existir ese ser tandilense- no le deben faltar. La lista, por supuesto, está abierta a nuevos aportes.



-El tandilense típico y en vías de extinción usa jeans clásicos de la marca de la “W” (tiene varios exactamente iguales) o pantalones pinzados.

-Hasta no hace mucho, llevaba el celular colgado del cinturón.

-Añora la época de las camionetas Ranchero. Si estaba un poco embarrada, mejor.

-De joven iba a bailar, pero no bailaba. Se la pasaba toda la noche dando vueltas con un vaso de whisky en la mano.

-Se conoce el linaje de la mitad de las familias tandilenses.

-A los mayores de posición acomodada, los trata de usted; a los otros, los tutea.

-Todavía no entendió el nuevo sistema de estacionamiento.

-Aunque no sabe mucho el rugby es hincha de Los 50 o de Los Cardos. Mira a los Pumas, pero no hay caso, sigue sin entender demasiado.

-En algún momento de su vida trabajo en el Banco Comercial o en el Banco del Fuerte. 

-Dice que conoce a Macoco desde antes de que empezara a tomar.

-Si un domingo no se puede pegar la vuelta por el Dique siente como que no cerró la semana.

-Cuando era chico rezongaba porque su padre escuchaba el segmento diario de necrológicas de Radio Tandil. Ahora no se lo pierde. 

-Si se encuentra con alguien que viaja a Buenos Aires, le encanta recomendarle restaurantes. La mayoría no existe más.

-Cuando no había Casino, se iba al de Mar del Plata. Al de acá fue un par de veces.

-Sostiene que el mejor boliche de Tandil fue Plateado. No se explica por qué cerró Kabak.

-Le queda la duda si Norbert Degoas es hermano de La Globera.

-Para él, las mejores pizzas siguen siendo las del Chicato Caviglia.

-Y la mejor parrilla, la de Mourelos.

-A los comercios tradicionales, los nombra por el apellido de sus dueños.

-El último colectivo que tomó todavía no tenía puerta trasera.

-Se pregunta por qué aún Tandil no tiene un shopping.

-Cree que el día que pongan un shopping “no va a andar”.

-En un momento místico de su vida, cada vez que cruzaba la avenida España se persignaba mirando El Calvario. Al poco tiempo se acobardó.

-En el furor del padel se compró una paleta. Desde hace años está tirada arriba del ropero.

-Nunca paró un taxi en plena calle; prefería ir hasta las paradas.

-Les dice a los hijos que era buenísimo jugando al pool. No hay constancia de sus logros.

-Tiene un amigo que vive en Europa desde hace años. No sabe si en Austria o en Suiza. Lo que sí sabe es que ´si allá tirás un papel en la calle la policía te lo hace levantar´.

-Cree a rajatabla que el tandilense de ley tiene que haber corrido al menos una vez la Tandilia y participado de las Escenas de la Redención.

-Una vez fue de vacaciones a Buzios. Desde entonces, defenestra las playas argentinas. 

-Le cae peor el marplatense que el porteño.

-Considera que Tandil tiene “algo especial”. Para fundamentarlo, ejemplifica con “el fenómeno” de los jugadores de tenis.

 

Foto: welcomeargentina.com

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