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«QUIERO METER MAS TENISTAS ENTRE LOS MEJORES DEL MUNDO»

Linda entrevista a uno de los mejores formadores de tenistas de todo el mundo. Es tandilense. Sí, el Negro Gómez.

Con raqueta en mano, una mirada profunda y una gran sonrisa, Marcelo “El Negro” Gómez camina por las canchas del club Independiente mirando atento los golpes de sus alumnos. Lo llaman también “el Mago” del tenis tandilense por haber formado en sus comienzos a cinco de los grandes tenistas argentinos: Juan Martín Del Potro, Juan Mónaco, Máximo González, Diego Junqueira y Mariano Zabaleta. Dice que lo suyo es puro trabajo, cero magia.

Gómez nació en Río Cuarto pero se mudó a Tandil muy chico. Allí, entrenó para ser tenista profesional bajo la estricta mano de Raúl Pérez Roldán. Por aquellos años admiraba a John McEnroe y a Guillermo Vilas. “Quizás por eso me gusta que el tenis sea ofensivo y que los puntos sean cortos”, cuenta. Pero quien lo inspiró a dedicarse a entrenar a chicos para alta competencia fue Zabaleta. “La primera vez que viajé fue con él; me gustó, me encantó cómo jugaba y quise formar jugadores como él”, dice.

Ahora está al frente de la academia del club Independiente y entrena a 60 jóvenes para competición, con la ambición de que alguno llegue a estar entre los 10 mejores del mundo.

¿Cómo es el entrenamiento de estos chicos?

Formamos jugadores. Tomás al chico cuando tiene 8 años y lo llevás a jugar un tenis profesional, como hice con Del Potro, Mónaco y el resto. Nuestro trabajo es la formación, no solo tenística sino mental, física y de carácter. No es tan sencillo. Yo siento el tenis con sacrificio y valores. El que llega tarde, no entrena. El que tira la raqueta, se va. Uno les va marcando límites, y es en eso que nosotros tenemos éxito.

¿Qué sentís cuando ves que tus alumnos empiezan a posicionarse entre los primeros puestos?

Y… es muy lindo. Lo que a mí más placer me da es haber practicado una jugada durante 15 días o un mes y después que el tipo la haga en un torneo ATP. Por ejemplo, cuando Juan Martín (Del Potro) pega un revés paralelo. Al ver que con ese tiro desequilibra, decís: “Esa jugada la trabajamos mucho tiempo”.  

¿Cuáles son tus secretos?

Tenemos cosas que hacemos distinto que el resto, pero nada que no venga de la mano del trabajo. El jugador de tenis necesita que vos estés ahí. A veces en otras academias los entrenadores buenos viajan con el jugador top. Y la verdad es que vos tenés que estar en el entrenamiento. Si no, no generás lo que vos querés.

¿Qué tienen en común los tenistas que salieron de tu escuela?

Son tipos aguerridos que van a dejar todo en la cancha y van a estar jugando 100% del tiempo. Después cada uno pone su sello, pero la base del tenis es prácticamente la misma. Además, tienen en común la técnica: todos sienten un tenis bastante ofensivo.

¿Qué sentís cuando te dicen que sos “el Mago” de Tandil?

No, no… [ríe] Eso lo dijo Mónaco una vez. A mí me da risa.

¿Y vos cómo te definirías?

Mago no… un trabajador. Me gusta construir un tenista. Me gusta sentarme en mi casa a ver un jugador mío y que me dé placer. Con Juan Martín lo logré y es eso lo que me gusta.

¿Qué te inspira a seguir enseñando?

Yo soy ambicioso. Si me conformara con lo que hice, ya está. Del Potro, un tipo que salió de mi casa, llegó a estar entre los cinco mejores del mundo. Mónaco hace mucho que está entre los primeros 30, y en un momento tuvimos a cinco en el top 100. Si yo me conformara con eso, me quedaría en mi casa. Pero ahora tengo tres jugadores que quiero que lleguen, y lo voy a lograr. Si pude meter 5, voy a tener 6; y si consigo 6, voy a querer 7. Trabajo para eso.

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