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¡QUE LINDO JARDIN INAUGURO EL SANJO!

-Por Luis Pepo Ibarra, cosa@cosadeserranos.com.ar

La primera vez que fui a ver el Jardín que se inauguró hoy, el legendario preceptor Carlitos Paz me llevó en su auto después de una linda charla que tuvimos en el histórico y “habitual” Sanjo. Y me quedé pasmado, dialogué con la Directora del área del flamante Jardín y recorrimos las instalaciones que son verdaderamente un lujo como tal vez no haya otras en toda la ciudad para niños tan pequeñitos. Todo está hecho a su medida, pensado y ejecutado a la altura de nuestras cinturas. Desde entonces, sumado un poco a la melancolía que me generó rondar los pasillos de la institución de los monaguillos, decidí sumarme al Centro de ex Alumnos. Allí me topé con grandes tipos que ostentan apellidos ilustres, encabezados por Alcides Fortunato, y que actúan con una sencillez de no creer, absolutamente por amor al arte, dedicándole un breve espacio de su vida, de alguna manera, al pasado. Al recuerdo de los viejos cuadernos y en agradecimiento a la formación que adquirieron.

Ayer iba corriendo con Gonzalo Berges (egresado de la “Garilaucha”, aclaro) hacia el Banco Provincia y me impactó ver al Jardín todo iluminado de noche. “¡Qué lindo quedó esto, che!”, exclamó Sonsina con poco aliento, ya que yo le estaba imponiendo un ritmo que no le daba para treguas ni charlas.

Le estaban haciendo, supone uno, los últimos retoques al edificio antes del estreno oficial pero ante la mirada de la noche cansina, pasar bordeando la banquina y ver la estructura tan bien establecida e iluminada como si fuera un edificio que se montó para meramente para ser visto en horas tardías, pues, precisamente daba placer a los ojos y mas en el contexto de la faz a la ruta fría.

Hoy no llegué a tiempo, como tantas veces, al estreno oficial pero capturé los discursos del “Blatter” y el “Grondona” de lo que vendría a ser la Comunidad de los Hermanos y la Sagrada Familia, según me graficó metafóricamente el gran Galli. Y el discurso del “Grondona” me pareció muy piola, atinado, apelando a la comodidad a los placeres del hogar.

El Colegio San José de Tandil, fundado el 9 de marzo de 1908, en torno a una pequeña comunidad de cinco hermanos y treinta alumnos distribuidos en los primeros años de la educación primaria, se constituyó en el primer colegio católico de varones de la ciudad y de la diócesis, y la primera obra de los Hermanos de la Sagrada Familia en la Argentina”, según dice el sitio safalujan.com.ar. Hoy todo eso quedó chico ante la evidencia de sectores de educación al nivel que ustedes quieran solicitar.

El remisero de Alas que me llevó decía, “no lo puedo creer, mirá que lindo quedó. Y esto nos servirá de mucho, no sólo a nosotros (los remiseros) sino a todo el centro porque descontracturará un poco la zona. Me toca ir a San Ignacio y Santo Domingo y es un caos de autos. Acá tienen lugar. Es un colegio ejemplar. ¿Semiprivado, no?”. El tipo estaba chocho y ni siquiera tenía raíces en el Sanjo.

Llegar hoy y ver el campo de enfrente a la Quinta de San Gabriel colmado de autos y luego toparme con muchísima gente que bien distribuida gozó del acto prolijamente, padeciendo el frío, fue emotivo. Desde el propio Carlitos Paz que fue el culpable de mi retorno al cole y se estaba bancando el frío custodiando, como quien diría, la tranquera, pasando por la figura de la (¿todavía profe?) Petrucci, quien supervisaba de fondo a quienes dictaban los discursos; ver desde un egresado de hace 10 años que hoy es preceptor, Diego Guerendiain, y le indicaba a un adolescente que se corra de lugar porque allí donde estaba sentado hacía mucho barullo en complicidad con otro; o a “Pericón” que supo hacer lo propio pero hoy está en un área más encumbrada, creo, del Profesorado. Saludar a Betty Málaga, siempre tan ubicada. Ver “caras nuevas” que se van sumando a la institución, como Tuny Martínez con su mujer Anita y los ojitos de vago de su nene Alvarito (que va al Jardín y pidió foto con el intendente Miguelete); en fin, Martín Zubeldía, Luis Lauge, todos los citados hombres de bien del Centro de ex Alumnos, y tantísimas y memorables rostros que a uno lo marcan… fue gratificante. Y con los niños de fondo, que ignoraban el acto mientras jugueteaban en sus aulas hasta que unidos de la mano (y tiernamente) ingresaron a escena para un cierre de lujo… con los padres filmando. Todo eso no tiene precio y para aquellos que pasaron por las aulas del Sanjo es ni más ni menos que orgullo.

Porque la institución pese a crecer tanto, lo hace paulatinamente. Siempre con gente en lista de espera para ingresar, podrían colmarse dos o tres aulas más cualquiera sea el nivel escolar pero no es tampoco la idea. Lo importante es enseñar con el sello de la institución. Que sea una gran familia. Tal vez mañana, allí mismo por la Quinta de San Gabriel en una ciudad que se está expandiendo tanto la primaria o inclusive la secundaria también se trasladen. Hoy el Jardín ya dio un paso vital para constatar que las instituciones ejemplares siempre tienden a actuar como tales.

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