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MOUILLERON Y FITO PAEZ

El diputado nacional y referente político de esta ciudad se refirió al texto que publicó el músico sobre la elección porteña. Recordó su derrota a manos de Julio José Zanatelli en 1991. “Creo que en algo voy a coincidir con Páez”, manifestó en un pasaje. A leerlo completo.

Roberto Mouillerón, diputado nacional y referente político de esta ciudad, se refirió al texto que publicó Fito Páez sobre el resultado de la elección para jefe de gobierno porteño.

En una reflexión, publicada en su página web, el ex ministro de Trabajo bonaerense recordó su derrota a manos de Julio José Zanatelli en 1991.

“Creo que en algo voy a coincidir con Páez”, manifestó en un pasaje.

Recomendamos su lectura completa, porque también aparecerá la disidencia con el rosarino y, como es costumbre en sus discursos, con la política que despliega el oficialismo nacional.

El primer párrafo es casi una confesión que atañe a toda la clase política argentina.

 

 

Ciudad de pobres electores

 

“En esta puta ciudad / matan a pobres corazones”

Fito Páez, del disco “Ciudad de Pobres Corazones” (1987)

 

 

El lamentable hecho de no llevar un candidato presidencial propio desde el espacio al que pertenezco –el Peronismo Disidente-  me deja, debo confesarlo,  en un campo donde dispongo de mayor facilidad para esa franqueza cuasi -absoluta que, seguramente por mala costumbre,  no suele permitirse quien  participa de una actividad proselitista tradicional.

En tren de confesiones entonces y como ya lo vengo haciendo, me gustaría recordar que en 1991, con viento de cola a mi favor  (como los kirchneristas hoy día) y con todo el apoyo del peronismo de entonces perdí las elecciones a intendente en mi ciudad, Tandil,  nada menos que frente a un militar; pero no cualquier militar sino el mismo que había sido quien el 24 de marzo de 1976 depuso, tanques y ametralladoras mediante, a un amigo mío, don Jorge Lester, un honesto y recordable jefe comunal democrático peronista elegido por el pueblo.

Y en virtud de ese triste recuerdo creo que en algo voy a coincidir con Páez.

Debe haber pocas cosas más dolorosas que perder una elección. Peor aun si es en tu propia ciudad. Aunque él no sea porteño, desde ese punto de vista entiendo el desánimo que pueda sentir este artista: que la gente no te elija o te dé la espalda es mucho más devastador de lo que suele confesar  aquel que desde la postura “políticamente correcta” atraviesa ese trance.  Pienso en Filmus y como nadie sé que no es sencillo estar en sus zapatos.

Porque cada vez que algo me dispara la memoria de aquel día que perdí frente a un miembro del funesto Proceso de Reorganización Nacional aún siento que algo se desgarra dentro de mí. Pero nunca, jamás, ni siquiera esa madrugada de 1991 (y aunque perdí por un puñado de votos, no por 20 puntos) sentí que la gente que no me votó me diera “asco” o el sentimiento que fuera.

Me dio mucha pena, sí. Pero uno pierde o gana las elecciones por un montón de razones entre las que, estoy convencido, las más importantes son aquellas que sólo conocen nuestras entrañas y ahí es donde uno tiene que apuntar.

He leído por estas horas líneas y más líneas controversiales dentro del propio oficialismo a raíz de los dichos de este muchacho que alguna vez confesó que compuso la canción “Ciudad de pobres corazones”, lleno de furia –textual- luego de que dos psicópatas asesinos mataran a sus queridas tías en Rosario.

Sé que tal vez me coloque en una posición cargosa, pero no me queda otra: estoy obligado a practicar la honestidad al máximo y quiero decirles que  la lectura es mi predilección, y que así como no tengo reparos en entender y disfrutar al complejo Jorge Luis Borges, José Saramago, Jean Paul Sarte, a mi favorito mexicano Carlos Fuentes o al jujeño Héctor Tizón o al cubano Alejo Carpentier no puedo evitar el testimonio en primera persona que jura que, desde que el kirchnerismo ha logrado poner sobre el tapete su mesianismo intelectual no me resulta de fácil lectura hasta el mismísimo Horacio González,  ni tan siquiera  Norberto Galasso o cuanto poeta “K” ande suelto invocando permanentemente frases de Arturo Jauretche o de Scalabrini Ortiz.

No los entiendo a esos iluminados (¿seré tan analfabeto?, ¿ésa será la condición de unos cuántos amantes de la lectura?) y no me avergüenzo pues veo que, como yo, son miles y miles los que finalmente detectan que esos incomprensibles textos no son otra cosa que una maraña ideológica  fomentada por la impotencia de tener que defender con ilaciones indescifrables una postura política saldada con un generoso sueldo o millonarias contribuciones monetarias para recitales en la avenida 9 de Julio junto a Cristina.

De todos modos respeto mucho al artista Fito Paéz, a quien desde mi fervor tanguero y pese a mis escasos  conocimientos de rock nacional siempre vi como uno de los tantos sucedáneos del genio único, Charly García.

Al músico autor de “Ciudad de Pobres Corazones” le quiero decir una sola cosa.

El casi 50 por ciento que votó  Macri –no fue mi candidato, lo reitero- no mató a sus tías, ni forma parte de las diez familias argentinas más ricas del país como algún otro de sus colegas músicos dijo por ahí y de paso hasta me pido me dé licencia para reparar el error de algún compositor de música popular colega suyo: las diez familias más ricas en la Argentina ya tienen nombres más cercanos a usted y a los Kirchner:  ese  matrimonio en sí, Cristóbal López, Lázaro Báez, Sergio Spolsky, y otros tantos que, por su penosa –interprételo como a usted le parezca- etiqueta de “testaferros”,  no podría aquí mencionárselos.

Quiero creer, Fito (si me permite la confianza de llamarlo así, con la buena predisposición que generan los músicos populares) que esta vez erró su odio, su furia. Ojalá que sea eso y no el hecho de formar parte de un selecto grupo de artistas que por subir a los escenarios en los actos oficiales cobra fortunas que, desgraciadamente, poco y nada tienen que ver con los pobres corazones; al contrario, “compañero”: mientras siga la intolerancia y el discurso y la práctica hegemónica- la historia de la humanidad lo demuestra por sí misma- habrá muchos, pero muchos, cada vez  más,  “pobres corazones”.

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