Está aquí
Home > Deportes > CRONICA DE UNA GRANDEZA ANUNCIADA

CRONICA DE UNA GRANDEZA ANUNCIADA

Excelente crónica de Ruya para La Nación sobre la despedida de Roger en Wimbledon. Lo único que retocaría es eso de «es el único sujeto del circuito que desprecia a la potencia. No la precisa». Murray es el otro, sin dudas.

LONDRES.- Es historia. La bola vuela demasiado lejos y sella el final. Acaso, para los más exigentes, puede ser el final de una era. Maléfica e insolente, no tiene idea de lo que representa ese golpe contra el césped, detrás de escena. La pelota es un demonio que juguetea con la historia, con el jugador más brillante de todos los tiempos en el arte de las raquetas. Se siente, casi se toca la historia misma en la Catedral tensa y dramática: Roger Federer acaba de perder mucho más que un partido. Acaba de completar, acaso, el círculo de sus mejores años. Lo que quede, lo que siga, ahora sí serán retazos de una leyenda. No está desconsolado: eso es lo más doloroso. Entiende el paso de la vida más que sus millones de adoradores. Crack de la excelencia, ganador entre campeones, sólo el ídolo sabe cuándo será el principio del final. Quizá sea mañana. O no. Acepta perder el Gran Roger, cuando espera las volteretas de su enfervorizado vencedor para marcharse juntos a los vestuarios. Ahí es cuando debe estar pensando que todo tiempo pasado fue mejor. El mejor de todos los tiempos.

Cuartos de final de Wimbledon, idéntico desaire como en el año anterior, se asemeja a una trompada en el estómago para el suizo danzarín, que no puede alcanzar al gran Pete Sampras, con siete grandes sobre la hierba. Primera vez que pierde en un Gran Slam, tras 178 partidos, luego de estar dos sets arriba. Jo Wilfried Tsonga lo hizo: una pantera arrolladora, potencia en estado bruto y un optimismo a prueba de mitos. El francés celebra el fin de todos los tiempos. Salta como un canguro, un mamífero devorador de leyendas. Logra el milagro: gana por 3-6, 6-7 (3-7) y un triple y magnífico 6-4. Maliciosa suele ser la realidad: acaba de ganarle a la historia misma y su nombre apenas cabe en un epígrafe.
Habla en inglés, en francés, en suizo, en alemán. Habla el Gran Roger sin desconsuelo: entiende el juego del presente. Como no lo comprenden sus fanáticos. Está erguido, celestial, para algunos. Es un animal herido, con la sangre fresca, para otros. Lo comprende Tsonga, que pierde los dos primeros sets y, sin embargo, lo descubre humano. Ahora resulta que Roger es un ser humano. Un dios terrenal. Que danza en esos primeros juegos, en puntas de pie y se encamina a otra semifinal de las grandes. No juega nada mal el suizo, no es el partenaire que suele ser con Rafa Nadal. Es el actor de una comedia con lo de siempre: saque y derecha en movimiento teatral. Es el único sujeto del circuito que desprecia a la potencia. No la precisa.
Sin embargo, los envíos paralelos del francés, el revés impertinente, un servicio que debe envidiarle hasta el propio Del Potro y esa sensación de que disfrazar la realidad está dentro de las posibilidades, hacen el resto. Perder es un verbo que no solía conjugar el gran maestro. No lo conocía. Lo novedoso: pierde sin jugar nada mal.
Adiós a otro grande; Melbourne versión 2010 fue su última vez. Adiós a volver a ser número uno; mayo de 2010, para alguien de su estilo, parece un siglo. Adiós al señor Londres, el que ahora sueña cerrar el círculo dentro de un año, desafiante para los Juegos Olímpicos, su última gran apuesta. Aunque los grandes, con Nueva York a la vuelta de la esquina, son debilidades propias de su estilo. Casi al límite de los 30 años, sólo motivado en las grandes citas y, sobre todo, en la imaginación de vestirse con una medalla dorada en el círculo de su cuello.
La Catedral lo despide a lo grande. Eso es lo que hace: despide a una leyenda. "Aquí empezó todo", había contado días atrás, con la emoción instalada en su retina por su primer Grand Slam, Wimbledon versión 2003. Ocho años después, convertido en el bronce, guarda la raqueta y levanta la mano derecha. Se despide en el túnel de la historia.
1 título sólo tiene Roger en el año, en Doha; 67 en su carrera.
11 errores no forzados tuvo apenas contra 22 del francés.
2009 fue su último título en Wimbledon, en una inolvidable final con Andy Roddick.
 
Djokovic sufrió ante Tomic y ya piensa en el número 1
LONDRES.- Nole pide que lo ignoren. Que el gran triunfador, aunque haya perdido, es su adversario. Bernard Tomic tiene 18 años y un grave problema de identidad: sus padres son croatas, nació en Alemania y vive y representa a Australia. Tiene claro algo: juega con la precisión de un relojero suizo. Novak Djokovic no jugó nada bien y su rival utilizó las bandas como si se tratase del living de su casa. Ganó el serbio por 6-2, 3-6, 6-3 y 7-5 y se encontrará mañana con Tsonga. Con una doble misión: si gana, será finalista de Wimbledon. Pero si gana, sobre todo, será automáticamente el próximo número uno. ¿Da vueltas ese dato en su cabeza? El serbio dice que no. Pero?
 
Nadal, sin dolores en el talón, pisó fuerte ante Fish
LONDRES.- El segundo partido en la cancha uno se juega casi con la misma intensidad. Es un escenario colorido, con clima futbolero, suerte de Bombonera del primer mundo. El español Rafael Nadal hace lo que suele hacer siempre: no hay dolores ni heridas en los talones que lo destrocen. Tiene a Djokovic en su espalda, pero sigue adelante con la fuerza de los elegidos. Alcanza las semifinales el campeón defensor, luego de una esforzada victoria contra el norteamericano Mardy Fish, uno de los mejores amigos de Juan Martín del Potro en el circuito, por 6-3, 6-3, 5-7 y 6-4. Jugó infiltrado y, como buen guerrero, no le importa: "Retirarme de Wimbledon, sólo si no puedo caminar".
 
Murray necesitó sólo tres sets para seguir soñando
LONDRES.- ¿Presión? ¿Qué significa esa palabra? Utilizada hasta la zozobra en el mundillo del deporte, el escocés Andy Murray la evita con su artística manera de defenderse, tanto dentro como fuera de las canchas. Es el único, de los tres fantásticos que siguen su marcha, que para alcanzar las semifinales precisa apenas de tres sets. Lo justo y necesario: le gana al español Feliciano López ("Deliciano", como lo llama su madre) por 6-3, 6-4 y 6-4 y sigue su marcha británica en el anhelo de conquistar Wimbledon luego de 75 años. Por ahora, siempre observado con malicia por su madre y con dulzura por su novia, su espíritu de juego se reparte parejo: entre la defensa y el ataque.
 
Las chicas tendrán hoy una oportunidad de redimirse, luego de las deslucidas primeras etapas. Se sabrá quiénes son las finalistas, que jugarán pasado mañana, en el centre court. Desde las 9 de nuestro país, primero, la búlgara Victoria Azarenka contra la checa Petra Kvitova y más tarde, Maria Sharapova frente a la alemana Sabine Lisicki.
 
Por Ariel Ruya (Enviado especial a La Nación). 

Deja un comentario

Top