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NOTON DE MARCOS GONZALEZ A GAMBA

Rastreamos este reportaje para La Vidriera de semanas pasadas y lo compartimos con vosotros por si se lo perdieron.

Vivir el fútbol
Mario Gambini es un personaje del fútbol. Y un agradecido de ese deporte, que le permitió criar a sus siete hijos y conocer el país. Sin embargo, sabe que "hay mucho verso" en torno a una pelota. Tratando de quitarle dramatismo a éxitos y fracasos, asegura que en ese oficio "hoy sos perro y mañana escopeta". Si el Míster Peregrino Fernández de Osvaldo Soriano hubiera existido, habría formado dupla técnica con Gambini. Y hubiera sido una fiesta ver ese equipo.

Tiene algo de Gerard Depardieu en los gestos y del Míster Peregrino Fernández en su manera de ver el fútbol. Mario Gambini entiende el fútbol como la vida misma. Con sus códigos, sus honores y sus deshonras. De vuelta en Tandil, dice que aceptó el desafío de asumir en un Santamarina que va último, "porque si hubiera ido puntero, no me llamaban". Aunque viva del fútbol, reconoce que hay mucho verso alrededor de una pelota. Mientras tanto, se ríe y trata de desdramatizar un deporte que, por definición, debiera ser para divertirse. Con Gambini hablamos de fútbol. Como si fuera la vida misma.

Mientras iba para el bar donde habíamos quedado en encontrarnos me repetí decenas de veces: "no hablar de fútbol, no hablar de fútbol, no hablar…". Le atribuí a la insistencia virtudes que no tiene (si no, los loros serían sabios); como cuando era chico y en el colegio me hacían escribir cien veces la palabra mal escrita: `necesidad`. Primero con ce y después con ese. Cien veces y después, en la primera de cambio, la volvía a escribir de las peores maneras posibles.
Con esto lo mismo: "no hablar de fútbol…". Y la primera pregunta que le hago a Mario Gambini es ¿cuál fue su primer contacto con el fútbol?

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Gambini me espera en una mesa del bar, afuera pero guarecido por un techo que le privilegia ver la lluvia a escasos centímetros, sin mojarse. La lluvia cayó hasta recién, torrencial y fugaz. Tropical.
La mesa la completaban el Conejo y un muchacho que habla por celular. "¿Cero a cero con Banfield? -no era un interrogante, más bien una introducción al comentario siguiente- No es un mal resultado, estamos hablando del anteúltimo campeón del fútbol argentino. ¡Y en su cancha!". Por estos días, los hinchas de Boca nos exprimimos el cerebro tratando de encontrar fundamentos que amortigüen la desesperanza.
El bar estaba cerrado, pero inexplicablemente, Mario y compañía compartían una cerveza. En realidad, todo tiene una explicación, pero hay situaciones que es mejor asumirlas como parte de un realismo mágico, ya que hablamos de lluvias tropicales.

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¿Por qué no hablar de fútbol? ¿Es una categoría inferior de la dialéctica? ¿Por qué esa necesidad de refugiarse en tipos como Albert Camus o Humberto Eco para justificarnos y autoconvencernos de que fútbol y pensamiento no se llevan a las trompadas? (Y ahora mismo me voy a  buscar una cita de Milan Kundera. Y la encuentro: "El fútbol es un pensamiento que se juega", dijo el checo. Tomá.).
Entonces, vamos a hablar de fútbol con Mario Gambini. Y tal vez, si uno lo puede escribir bien, y si el lector se hace cómplice y si se dan dos o tres condiciones indispensables, entonces tal vez, se puedan extraer un par de reflexiones acerca de la vida misma. Por lo menos, sacar un empate.

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Gambini es marplatense. Del barrio de La Perla. Cerca de Canal 10, de la playa y de alfajores Havanna.
Barrio de potreros generosos, donde jugó los primeros picados, hasta que fichó para Quilmes, donde debutó en primera a los 16 años.
Dice que era una época "difícil" para jugar, y nombra al Llamarada Eresuma o a Victorio Casa. Y a uno se le ocurre que, con ellos dos, el fútbol debió ser más fácil.
"Renegaba de todo lo que ahora pregono como técnico", confiesa y se asume como "un pibe arisco para entrenar". Así y todo, jugó más de diez años en primera. Hasta que a los 29 se hizo técnico.
El berretín de ser entrenador le venía de chico, de los 10 u 11 años, cuando acomodaba las figuritas arriba de la mesa: 4-3-3; 4-4-2, desplegaba los jugadores en la cancha. Aunque, uno sospecha que si de pibe tenía el paladar futbolístico de ahora, habría puesto más delanteros que defensores: 3-2-6 (como el Peregrino Fernández de Osvaldo Soriano, que hacía trampa para meter más goles).
Fue director técnico de los equipos del barrio y tuvo la osadía de dejar afuera del equipo titular a su propio hermano. Hasta que un día, la madre (que lavaba las camisetas), lo intimó: "si no lo ponés a tu hermano, juegan en cuero".
Aprendió, de pibe, que la dirigencia a veces tiene sus imposiciones. Aquella la cumplió por razones de fuerza mayor. Sin embargo, con los años aprendió a decir que no. Y fue entonces que se privó de dirigir algún equipo de la Capital.
Asignaturas pendientes, que le dicen. O banderas que no se arrían, también.
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Su debut oficial fue con Deportivo Camet, que por entonces militaba en la B de la Liga Marplatense. Salieron campeones, ascendieron. Después lo contrató River, "para zafar del descenso" y lo logró. Llegaron siete contratos seguidos, que significaron cinco campeonatos: con Alvarado, San Lorenzo, Cadetes San Martín, Los Andes.
Con Alvarado dirigió sus primeros regionales y también con San Lorenzo. Recuerda una final con Brown de Arrecifes, que "tenía un equipazo": Mandinga Percudani, Palito Galván, Chazarreta, el Flaco Chávez. Un auténtico combinado de nombres, imbatible, incluso para aquel prometedor San Lorenzo que, entre otros, había dejado en el camino a Ferro de Tandil.

Cuestión de edades
Por aquel entonces, los regionales se jugaban miércoles y domingo. Campeonatos que Gambini define con dos palabras: "mama mía…"
-¿Mejores o peores a los de ahora?
-Sería injusto decir que antes eran mejores que ahora o viceversa. Las comparaciones no sirven. Pasa que antes, en todas las ciudades había muchos jugadores. Hoy hay representantes por todos lados, que están en la plaza mirando a ver si un pibe se baja de la hamaca para agarrar una pelota para hacerle firmar como representante.  Y así, los clubes del interior se desangran.
No cae en el facilismo de criticar a Julio Grondona. Reconoce que "si hace tanto tiempo que está, por algo debe estar". Sin embargo, se pregunta por qué la AFA no ayuda más al fútbol del interior.
"El 80 por ciento de los jugadores de los clubes de primera es del interior. En vez de mandar a jugar estos campeonatos maratónicos en los que se funden todos, habría que tratar de darles una mano. No sé, yo no soy dirigente, lo digo desde una óptica de un tipo de fútbol nada más", dice, forzando la modestia.
Hubo un tiempo en que era muy difícil que un jugador llegara a militar en los clubes de la Capital. Ahora la situación ha cambiado, y cualquier chico de 13 ó 14 años que apunte como buen jugador, se va a Buenos Aires.
Para Gambini, es una cuestión de edad: "si tenés 13 ó 14 años y  te tomas cinco Fernet te va a hacer mal. Con esto pasa lo mismo. Si a los 11 años te vuelven loco los representantes, a los 20 años no querés jugar más al fútbol o te creés que sos Maradona. O te lo hacen creer. Porque hay padres que le hacen creer a los hijos que son  craks. A mí hay padres que vienen y me dicen `tengo un hijo que le pega con las dos… ` Y yo les pregunto: ¿con las dos a la vez? ¿Cómo hacen para no caerse?

De qué lado estás

Quienes aseguran que el fútbol no tiene ideología es porque nunca patearon un córner o nunca les tocó marcar a un wing endemoniado. En este último caso, un fútbol de derecha propone ponerle un marcador de punta que le rompa una rodilla; un fútbol de izquierda, en tanto, le pondrá un marcador con proyección. De manera de responderle cachetada por cachetada y si el wing no lo marca, que al menos se sienta culpable.
Gambini sabe muy bien de qué lado está. "A vos como periodista, seguramente te gusta ver a cómo escriben otros colegas. A mí como técnico me gusta ver a otros técnicos. Y desde que empecé escuchar hablar al Flaco Menotti o a Cayetano Rodríguez, le dije a mi familia `estos me están imitando…`
-Mal no les fue…
-No, ya sé. Pero te duele que te copien.
Se ríe a carcajadas de su propia ocurrencia.
-¿En el fútbol del interior se puede ser lírico?
-A mí un día me dijeron `en cada categoría se juega distinto. Se debe jugar así, se debe jugar asá…`. Llegué acá a Santamarina que no estaba pasando por un buen momento. Y  de siete partidos me tocaron cinco de visitante y hemos perdido uno solo. Nos ha ido bien tratando de practicar ese fútbol.
Con Santamarina salimos campeones sin pegarle para arriba. Todos los sistemas son válidos, cada uno tiene su libro, pero quién dijo hay que jugar con un cassette bajo el brazo, que la táctica prevalece a la técnica. Yo nunca gané un partido, los ganan los jugadores. Con la tiza, el pizarrón y las flechas no se gana nada.
Yo he escuchado técnicos que dicen hay que ganar como sea. Que me expliquen cómo es y jugamos. Pero que me lo expliquen bien, porque yo no sé cómo es ganar como sea.
-¿Y la cuestión física hasta cuánto influye?
-Tengo la suerte de trabajar con un profe de Tandil desde hace cinco años. El conoce cómo me gusta trabajar a mí. Tiene todas las libertades, pero lo físico lo hacen con pelota. El jugador debe entrenar con su herramienta de trabajo, que es la pelota. Hay muchos que le meten trineos, pero yo perros de ojos celestes no tengo. Creo que un profe de fútbol tiene que preparar futbolistas; un profe de maratón, tiene que preparar maratonistas. Para qué quiero un jugador con unos músculos bárbaros si no lo voy a hacer boxear.

Crece desde el pie
-¿Cómo ve el trabajo en inferiores?
-He visto mucho inferiores en Buenos Aires. Me encanta ver. Son muy pocos los equipos que hacen docencia.  Los técnicos quieren salir campeones ellos. Yo si fuera dirigente, a un técnico de inferiores le preguntaría cómo jugamos no cómo salimos. Pero se ve que el equivocado soy yo porque la mayoría pregunta cómo salimos.
-¿Está en contra de la competencia en las categorías formativas?
-Por supuesto. No quiero hacer nombres, pero hay técnicos que han mandado cartas a todos los clubes del país pidiendo chicos que midan más de un metro noventa. Y no sabés si es para jugar al básquet o al fútbol. Cuando sos chico sacás ventaja en lo físico, es cierto. Pero después se empareja. Si no, Maradona no hubiera jugado, ni Quintana, Romagnoli, Saviola o Aymar… No mintamos más. Tiene que haber una compensación de altura, me parece bárbaro. Pero Sanfilippo medía un metro setenta y metió doscientos mil goles.

De moral y otras cuestiones

Todo lo que sé con más certeza respecto a la moralidad y a las obligaciones del hombre, lo aprendí del fútbol. La frase es autoría de Albert Camus y de tanto en tanto es bueno citarla. Aunque sea para justificar desde la intelectualidad esta pasión que despierta el fútbol.
O, por qué no, para hablar de moralidad y otras cuestiones.
Gambini conoce el paño. Y sabe que hay mucho "verso" en torno a una pelota. Y aunque "quizás haga mal en decirlo yo porque vivo de esto", no se priva de decir que hay "mucho circo alrededor de esto.  Vemos por televisión técnicos que ahora son periodistas".
Sin dar nombres -como si hiciera falta- recuerda un programa deportivo durante un mundial, en el que dos técnicos "le tiraban cosas a un león y hacían otras pavadas. Y uno que miraba eso, no sabía si estaba viendo un programa deportivo o uno cómico".
Y hablando de comicidades, recuerda el caso de "un técnico que salió campeón del mundo que estuvo una y hora y cuarto esperando a que pase el tren antes de empezar un partido. Porque resulta que una vez había pasado el tren justo cuando empezaba el partido y ganó. Y como ahora no pasaba lo esperaron una hora y cuarto. Si estamos pensando que para ganar un partido hay recurrir a esas cosas, estamos para el psicólogo. Vos me dirás que yo dirijo Santamarina y él salió campeón del mundo. Pero él tiene que ir al psicólogo seguro… y yo también".
-Pero con Maradona salía campeón yo de técnico
-Capaz.  Sí sé que cualquiera de los cuatro equipos que llegaron a esa semifinal era campeón con Maradona. No quiero hablar mal de nadie. Pero eso del `gatorei señorita` salió por todo el mundo. Queremos dignificar la profesión y hacemos una payasada como esa.

Magia es otra cosa

-¿Es difícil ser técnico del ascenso del interior?
-Un día me lo dijo el profe Santella: es más fácil dirigir a Boca que a un equipo del interior, porque Boca te da todo, y en el interior, arreglate. A un equipo del interior le cuesta todo mucho esfuerzo. Tenés viajes de miles de kilómetros. Boca de Río Gallegos que dirigí el año pasado, está a tres mil kilómetros. Yo tenía la suerte de estar en un equipo que podía viajar en avión, pero los que iban a jugar allá no podían; iban en micro. Eso es maratónico, es desangrante. Y la gente no acompaña demasiado para ir a la cancha. Cada vez los clubes del interior tienen menos socios. Los chicos tienen más tecnología y no van al club.
-Y desde lo personal, ¿es difícil esta vida nómade que tiene un técnico?
-Sí. Cuando jugábamos esos regionales los miércoles y domingo, yo tenía cinco hijos. Cuando llega a casa, de madrugada, estaban todos durmiendo. Y yo me tenía que acostar sin hacer ruido, para no despertarlos. Pero tengo que decir que soy un afortunado que trabaja en lo que le gusta. Hay gente que trabaja doce horas por día y gana mucho menos dinero que yo y encima no le gusta lo que hace. Y hay otros que salen a buscar trabajo cómo llevar la comida a la casa. Un día me dijo uno, vos sos mago… Mago de qué, el que se levanta a las cinco de la mañana y gana dos pesos y le da de comer a la familia, ¡ése es mago!
Esto es fútbol. Hoy se gana, mañana se pierde. Hoy sos perro y mañana escopeta. Pasás de perro a escopeta en un minuto.
-¿Desdramatizar?
-Con Santamarina, ganamos 3 a 0 y salimos campeones. Cuando el referí pitó, me metí al vestuario. Quedaron todos festejando, yo me fumé un cigarrillo y llamé a mi familia. Y si pierdo un partido tampoco me doy la cabeza contra la pared. Eso no quiere decir que no sienta ni frío ni calor. Cuando gano no salgo a comprar tres diarios ni a pasearme por Nueve de Julio. Ni cuando pierdo me encierro a llorar. Yo estoy tranquilo con lo que hago. Si se pierde o se gana, salgo igual con la frente alta.
Por supuesto que el ser humano está preparado para lo bueno, no para lo malo, para perder. El que sueña que se muere, se muere.

Siempre se vuelve
Seguimos con las citas de intelectuales. Apelamos ahora a la escritora francesa Francoise Sagán, quien dijo que  “el fútbol es como los amores intensos, porque en ninguna otra parte del mundo, se puede llegar a querer u odiar tanto a alguien.
Gambini parece estar en la primera categoría. La gente lo quiere. Al menos, acá en Tandil.
"Honestamente, si yo hablara algo mal de la gente o de Tandil sería un terrible desagradecido y muy mala persona -confiesa-. Tengo este teléfono que ves acá con característica de Tandil hace seis años, nunca lo tiré. Sabía que iba a volver.  Dirigí los dos equipos de la ciudad y en los dos me han tratado muy bien, los dos me han cumplido todo. Si yo hablara algo mal de Tandil sería un desagradecido total.
–Se fue de Santamarina luego de haberlo ascendido y ahora vuelve cuando está último. ¿Por qué?
-Porque si fuera puntero no me hubieran llamado.
-¿Pero lo pensó?
-No. Lo que sí hable. Tuve una reunión de tres horas y cuando un colega tuyo me preguntó qué le promete a la hinchada de Santamarina, le dije que vayan caminando a la Virgen de Luján.

Equipos y grupos

-¿Cuál fue el mejor equipo que dirigió?
-Dirigí muy buenos equipos. Uno que jugaba muy bien fue River del 91; Alvarado del 94; San Lorenzo del 96; Cadetes San Martín del 2002, con el que salimos campeones con un promedio de edad de 18,6 años. Después dirigí la selección de Mar del Plata, salimos campeones invictos; le ganamos a Tandil 1 a 0 la final.
También el primer Grupo que dirigí acá, del que me fui yendo puntero. Y después el Santamarina campeón que terminó siendo el equipo más goleador de la última parte. Cuando me había sentado a arreglar con los dirigentes, se pensaron que había tomado algo raro. Porque empecé a hablar de los play off. Me decían  `usted no entiende: es por cuatro partidos`. ¿Y si gano me van a echar?, les pregunté.
-¿Cuánto hay de cierto en formar un buen grupo en un equipo?
-Ayuda muchísimo. En todo sentido. Es como un grupo de trabajo. Si se llevan bien, lo van a lograr. Pero si cada uno tira para su lado, el carro se queda estancado. Pero yo les digo a mis jugadores que no pueden ser todos amigos. Dentro de la cancha se tienen que defender a muerte. Afuera yo no controlo si van pescar juntos o si uno sale padrino del hijo de otro. Pero dentro de la cancha, defendemos la plata de la familia de todos. Y el honor, porque aparte de la plata que es nuestro trabajo, hay una palabra que es muy importante: honor.
-¿Se sigue hablando de honor en el fútbol?
-No sólo en el futbol, en la vida. Hay muchos que buscan en el diccionario a ver qué quieren decir. Honor no es desayunar con agua bendita, el honor es otra cosa.
-No debe ser fácil manejar un grupo con personas de edades diferentes, historias diferentes, condiciones sociales distintas…
-Eso es lo lindo. Hay cosas que se van perdiendo, como el pibe en el vestuario que escucha al más grande. Justamente hoy le contaba a un colaborador, el Turco Oudoukian, que cuando yo era chico iba al club Madrid, un club típico de barrio, con dos billares y las mesas de mus. Había dos mesas: la de los pavotes y la de los hombres grandes, los pícaros. Yo me sentaba en la mesa de los grandes. No hablaba nunca, no me dejaban meter un bocadillo. Pero el día que metí un bocadillo se lo conté  a toda la familia. Habían pasado como siete meses. Pero ser el líder de los pavotes no me gustaba. Es fácil, con poco lo lográs, pero cuando te acostás a la noche, vos sabés que sos el líder de los pavotes.
-¿Habla mucho con los jugadores?
-Me gusta el diálogo. El jugador sabe que conmigo se puede sentar en una mesa a tomar un café a charlar. Si me precisa a las tres de la mañana para algo necesario me tiene. Yo tampoco me olvido que crie siete hijos gracias a los jugadores de fútbol. Pero también tiene que saber que si me pusieron como técnico soy la cabeza del grupo, tengo que tomar decisiones y el corazón tengo que dejarlo un poco de lado. Si empiezo a manejar la cosa por amistades, por cuestiones de carisma, de llevarme mejor, armo un equipo de amigos, no un equipo de fútbol. Yo a los amigos los tengo de la infancia, si me hago de algún otro bienvenido sea, no es tan fácil. Cuando veo gente que busca amigos me preocupa.
-Pero todo técnico tiene sus jugadores de confianza.
-A veces me preguntan ¿viste el Inter contra el Madrid? No, les digo, vi Acassuso y Flandria. Porque al Inter no lo voy a dirigir nunca y a jugadores del Inter no los voy a poder traer. Entonces miro Acassuso y Flandria. El ascenso lo miro todo. Y compro un libro que sale todos los años en Buenos Aires, que están todos los planteles del ascenso, desde la D hasta el Nacional B. Si vivo de esto me tengo que interiorizar. Si mañana un dirigente me pregunta por un jugador y no lo conozco va a decir éste es farmacéutico o a qué se dedica.

Jugadores y jugadores
-¿Hay diferencias entre jugadores del interior y de Capital?
-Todo depende. Está el jugador de departamento, que tiene menos picardía que el que se crió en el potrero y empezó a jugar a los 10 años con los de 25. El que jugó en una cancha toda poceada. Hoy te dicen perdimos porque la cancha tenía matas ¿y al contrario no le picaba mal la pelota? O perdimos porque hacía mucho calor, ¿y el contrario jugaba con aire acondicionado? No me gustan las excusas. Ya di todas las excusas a mi mujer, cuando era joven. Ya se me acabaron.
-¿Qué jugadores recuerda?
-Tuve la suerte de dirigir a un (Obdulio) Trassante que salió campeón del mundo con Peñarol de Montevideo. De tener en un plantel a (Juan) Barbas, a un Turco Oudoukian que lo tengo ahora de ayudante, un jugador espectacular, con una zurda que parecía que tenía una mano.  Muchos jugadores. Cuando me contrató Juan Esnaider para el proyecto Mar del Plata Sport, llevé 98 jugadores de la provincia. Jugadores que hoy están en Buenos Aires, en Europa. Para uno, es una alegría.
-A Camoranesi le tocó padecerlo
-Lo tuve de contra, sí. Un gran jugador. Yo soy de Mar del Plata, vivo a cuatro cuadras de la playa y no le doy importancia al mar. Y hay tipos que se matan por ir. Acá en Tandil no sé si se dan cuenta que las estadísticas dicen que en proporción es la ciudad que más deportistas de elite tiene.
Acá en Tandil tuvieron personajes como el Conejo Tarabini. El que habla mal del Conejo es porque no lo conoció, porque habla de ojito. Un personaje que lo quería hasta el que lo conoció diez minutos antes. Esos tipos no hacen solamente al fútbol, hacen bien a la vida.

Sueños y metas
-¿Tiene fecha de vencimiento su trabajo?
-Todos dicen que cuando van pasando los años vas viendo mejor las cosas. También dicen que a las chicas jóvenes les gustan los hombres grandes. Díganme dónde están.
El día que no sienta esa necesidad terrible de estar en un vestuario y de agarrarme esas amarguras tremendas, voy a tener que dejar. Porque un técnico es un poco masoquista, vive haciéndose mala sangre. Porque cuando ganas te hacés más mala sangre todavía. Vos ganaste un par de campeonatos, perdés un partido y te dicen que sos un mentiroso bárbaro.
El día que no sienta esa necesidad, no sigo. Me mantendré ligado al fútbol. Cuando era chico tenía el sueño de ser técnico. Y lo conseguí.
-¿Tiene más sueños?
-El día que no tenga más es porque me entregué. Siempre soñás. Con que pase algo mejor, a vos a tus seres queridos, a los amigos del alma. Soñás dormido, imaginate si no vas a soñar despierto.
-¿La próxima meta?
-El domingo. Cuando te hacés metas muy largas, el tiempo no se te pasa nunca. Yo prefiero hacer metas cortas. Cuando la gente empezaba a ilusionarse con el campeonato de Santamarina, yo dije que era como que me estaba haciendo un tapado de zorro y recién iba por la parte de atrás. Ganamos un partido y era una manga. Hoy me preguntaron por el zorro, les dije vamos  tener que cambiarlo porque me van a agarrar los de Greenpeace y me van a escrachar.
-¿Tiene ilusiones con este equipo?
-Si no, no hubiera venido
-¿Y tiene material para ilusionarse?
-¿Tenes hijos vos?
-Sí
-Si te pregunto cuáles son los mejores hijos del mundo, qué me decís.
-Los míos.
-Claro, los míos también.  Y este equipo es como un hijo.

-¿Una asignatura pendiente?
-No me vuelvo loco. A mí me ofrecieron dirigir en Dock Sud, en Villa Urquiza, en otros equipos de Buenos Aires. Pero las condiciones que ponían no me iban. Yo soy un poco particular. Sé que soy empleado pero no esclavo. Tengo mi orgullo, mi personalidad y si no me gusta algo, antes de hablar mal después, mejor me retiro a tiempo.
Me enorgullece haber criado siete hijos con 25 años como técnico. Haber ganado 19 campeonatos es muy lindo. El que no sale campeón no sabe lo que se siente. A cada pueblo que voy siempre encuentro un conocido, un amigo para charlar y tomar un café. Cuando conocí a mi señora no sabía lo que era un tiro de esquina. Ahora cuando llego a casa me dice, `jugaron largo hoy, ¿no?`.

 

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