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PROYECTO MONACO TOP 10

Nota de Alejandro Klappenbach, periodista de ESPN, sobre el crecimiento de Pico y su gran fin de año.

Las sensaciones, muchas veces, son difíciles de explicar. Uno entra a un lugar, respira cierta atmósfera y percibe algo que se lleva grabado en los sentidos. ¿Lo puede justificar? Hmmm. Los datos o números de la realidad no siempre sustentan las impresiones personales.

Tras esta corta aclaración, me animo a decir que, en el 2010 tenístico, Mónaco mejoró su juego bastante más de lo que dice su ranking. Comenzó la temporada como el 30 del mundo y la termina, siendo el mejor argentino, en el puesto 27. Tres puestos pueden significar mucho cuando uno es el 5 de clasificación pero indican poco mas allá de los 10 mejores. Por eso lo de las sensaciones.

A esta altura necesito otra aclaración. Tras Roland Garros firmé aquí las líneas que decían que, en la plenitud de sus 26 años, Juan había dejado pasar la chance de jugar el mejor Grand Slam de su vida. En el Bois de Boulogne perdió en el estreno ante el desconocido Grega Zemlja y por su lado, Jurgen Melzer aprovechó todos los agujeros del cuadro para colarse en semifinales. Después de París, Pico decidió dejar pasar un tiempo para curar una rebelde lesión en la muñeca. Volvió a jugar en Cincinnati y Thiemo de Bakker lo despidió en primera. Después, cayó en la qualy de New Haven, Polansky lo expulsó en primera del US Open, Llodra le ganó en la Davis y Melzer lo derrotó en Tokyo. La respuesta de Juan ante la seguidilla de derrotas fue más trabajo. Internado con Nadal en Asia, se entrenó mano a mano con el mejor y aprovechó esas semanas con su amigo número 1 para recuperar la confianza.

El resultado fue inmejorable. Las sensaciones que el tandilense tenía en su cuerpo y en su mente, esas que comentaba en la intimidad pero no quería hacer públicas porque se acumulaban las derrotas,  se plasmaron en la cancha. De repente, cuando la mala racha llegaba a los 6 meses, las victorias aparecieron todas juntas. Shanghai fue “el” lugar de su clímax tenístico 2010. Allí se cargó a Serra, de Bakker, Zverev y Melzer. Allí alcanzó semis de Masters 1000 por primera vez en su carrera. Allí, el límite sólo lo pudo marcar Andy Murray, luego campeón ante Roger Federer. Pero la suerte, el viento, la mano, o lo que ustedes quieran, había cambiado. La cabeza del tandilense era otra y otra vez estaba convencida de que podía plantarse ante cualquiera y estar a la altura de los mejores. El efecto viajó con su equipaje y aterrizó unos días en Buenos Aires para luego acompañarlo a Valencia, donde se vengó de Murray en una de las victorias más importantes de su carrera, sino la mejor de todas. Mas allá del sabor amargo de su caída en cuartos frente a Granollers (sacó 4-2 en el tercer set) su fin de año tuvo lugar en París, en un partido contra Djokovic que volvió a mostrarle, en forma de numerosas chances desperdiciadas, que sus posibilidades están intactas.

La mirada argentina sobre el tenis 2011 pondrá la lupa fina sobre la vuelta de Del Potro, y la continuidad que pueda tener Nalbandián. En lo personal propongo tener un oído puesto en el eco que las actuaciones de Mónaco puedan generar. Y, ojala, la suerte le devuelva a Juan lo que le quitó en aquel traumático 2008, en el que estaba listo para llegar al exclusivo lote de los top-ten.

 

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