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EN LA RUTA CON DECAVENDISH

Brando Bruni se fue de gira con la banda y escribió una muy buena crónica del show en González Chaves.

El viernes 10, a eso de las 7 de la tarde, la Traffic de Lucho, el copadisimo chofer, se empezaba a llenar de instrumentos. Cual “Tetris”, las partes de la batería, las guitarras y los correspondientes equipos iban llenando la camioneta como si hubiesen sido diseñados para entrar justito. Los pibes de Decavendish partían de Tandil hacia González Chaves, en el primer viaje con el nuevo disco, “Fuerte”, bajo el brazo. Me metí de colado entre los músicos, con la excusa de grabar en video parte del show, hacerles compañía, y escribir esta crónica, pero sobre todo para pasarla bien.

La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

Rato después, a eso de las 4, la Traffic encaraba la vuelta a Tandil, pero de eso ninguno se acuerda nada, porque todos (salvo Lucho, obviamente), dormimos placidamente todo el regreso.

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Brando Bruni se fue de gira con la banda y escribió una muy buena crónica del show en González Chaves.

El viernes 10, a eso de las 7 de la tarde, la Traffic de Lucho, el copadisimo chofer, se empezaba a llenar de instrumentos. Cual “Tetris”, las partes de la batería, las guitarras y los correspondientes equipos iban llenando la camioneta como si hubiesen sido diseñados para entrar justito. Los pibes de Decavendish partían de Tandil hacia González Chaves, en el primer viaje con el nuevo disco, “Fuerte”, bajo el brazo. Me metí de colado entre los músicos, con la excusa de grabar en video parte del show, hacerles compañía, y escribir esta crónica, pero sobre todo para pasarla bien.

La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

Rato después, a eso de las 4, la Traffic encaraba la vuelta a Tandil, pero de eso ninguno se acuerda nada, porque todos (salvo Lucho, obviamente), dormimos placidamente todo el regreso.

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El viernes 10, a eso de las 7 de la tarde, la Traffic de Lucho, el copadisimo chofer, se empezaba a llenar de instrumentos. Cual “Tetris”, las partes de la batería, las guitarras y los correspondientes equipos iban llenando la camioneta como si hubiesen sido diseñados para entrar justito. Los pibes de Decavendish partían de Tandil hacia González Chaves, en el primer viaje con el nuevo disco, “Fuerte”, bajo el brazo. Me metí de colado entre los músicos, con la excusa de grabar en video parte del show, hacerles compañía, y escribir esta crónica, pero sobre todo para pasarla bien.

La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

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El viernes 10, a eso de las 7 de la tarde, la Traffic de Lucho, el copadisimo chofer, se empezaba a llenar de instrumentos. Cual “Tetris”, las partes de la batería, las guitarras y los correspondientes equipos iban llenando la camioneta como si hubiesen sido diseñados para entrar justito. Los pibes de Decavendish partían de Tandil hacia González Chaves, en el primer viaje con el nuevo disco, “Fuerte”, bajo el brazo. Me metí de colado entre los músicos, con la excusa de grabar en video parte del show, hacerles compañía, y escribir esta crónica, pero sobre todo para pasarla bien.

La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

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El viernes 10, a eso de las 7 de la tarde, la Traffic de Lucho, el copadisimo chofer, se empezaba a llenar de instrumentos. Cual “Tetris”, las partes de la batería, las guitarras y los correspondientes equipos iban llenando la camioneta como si hubiesen sido diseñados para entrar justito. Los pibes de Decavendish partían de Tandil hacia González Chaves, en el primer viaje con el nuevo disco, “Fuerte”, bajo el brazo. Me metí de colado entre los músicos, con la excusa de grabar en video parte del show, hacerles compañía, y escribir esta crónica, pero sobre todo para pasarla bien.

La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

Rato después, a eso de las 4, la Traffic encaraba la vuelta a Tandil, pero de eso ninguno se acuerda nada, porque todos (salvo Lucho, obviamente), dormimos placidamente todo el regreso.

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El viernes 10, a eso de las 7 de la tarde, la Traffic de Lucho, el copadisimo chofer, se empezaba a llenar de instrumentos. Cual “Tetris”, las partes de la batería, las guitarras y los correspondientes equipos iban llenando la camioneta como si hubiesen sido diseñados para entrar justito. Los pibes de Decavendish partían de Tandil hacia González Chaves, en el primer viaje con el nuevo disco, “Fuerte”, bajo el brazo. Me metí de colado entre los músicos, con la excusa de grabar en video parte del show, hacerles compañía, y escribir esta crónica, pero sobre todo para pasarla bien.

La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

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La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

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La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

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EN LA RUTA CON DECAVENDISH

Brando Bruni se fue de gira con la banda y escribió una muy buena crónica del show en González Chaves.

El viernes 10, a eso de las 7 de la tarde, la Traffic de Lucho, el copadisimo chofer, se empezaba a llenar de instrumentos. Cual “Tetris”, las partes de la batería, las guitarras y los correspondientes equipos iban llenando la camioneta como si hubiesen sido diseñados para entrar justito. Los pibes de Decavendish partían de Tandil hacia González Chaves, en el primer viaje con el nuevo disco, “Fuerte”, bajo el brazo. Me metí de colado entre los músicos, con la excusa de grabar en video parte del show, hacerles compañía, y escribir esta crónica, pero sobre todo para pasarla bien.

La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

Rato después, a eso de las 4, la Traffic encaraba la vuelta a Tandil, pero de eso ninguno se acuerda nada, porque todos (salvo Lucho, obviamente), dormimos placidamente todo el regreso.

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EN LA RUTA CON DECAVENDISH

Brando Bruni se fue de gira con la banda y escribió una muy buena crónica del show en González Chaves.

El viernes 10, a eso de las 7 de la tarde, la Traffic de Lucho, el copadisimo chofer, se empezaba a llenar de instrumentos. Cual “Tetris”, las partes de la batería, las guitarras y los correspondientes equipos iban llenando la camioneta como si hubiesen sido diseñados para entrar justito. Los pibes de Decavendish partían de Tandil hacia González Chaves, en el primer viaje con el nuevo disco, “Fuerte”, bajo el brazo. Me metí de colado entre los músicos, con la excusa de grabar en video parte del show, hacerles compañía, y escribir esta crónica, pero sobre todo para pasarla bien.

La música en vivo empezó a sonar apenas arrancó el vehiculo, en manos y voz de Jerónimo Coll, violero de la banda, que abarajó la acústica para ir amenizando los 130 kilómetros que separan a ambas ciudades bonaerenses. El “pre-show” contó con temas de Spinetta, Divididos e incluso una versión acústica de “Del Colimba” de Hermetica, para sorpresa de todos. Estos muchachos no son solo una bandita pop.

Un par de horas después estábamos ya en Chaves, mas precisamente en las puertas de Izaro Bar, el lugar donde los Deca iban a tocar esa noche. En tiempo record, el escenario ya estaba preparado. Todos los equipos e instrumentos estaban en su lugar. Se lo veía a Gerardo Román armando su batería con una velocidad tremenda. También se había confirmado que el sonido estaba 10 puntos. Llegaba el momento de disfrutar del lindo bar chavense. Si el sonido estaba 10 puntos, la atención que recibimos de parte de la gente de Izaro estuvo por lo menos 15 o 20. Se comió y se bebió (sobre todo lo segundo) de mil maravillas, incluso quien escribe que no era miembro del grupo. Tengo la sensación de que las meseras jamás se olvidaran de estos pibes que les hicieron subir y bajar unas 40 veces las escaleras llevando botellas de cerveza, llenas a la ida, vacías a la vuelta.

Tipo 1 am, fue el momento de arrancar el show. Por supuesto que la banda quería mostrar que su material propio, así que gran parte del repertorio fue dedicado a los temas de “Fuerte”. La gente presente poco a poco se fue enganchando con los ritmos de canciones como “Canciones” (valga la redundancia), “De tu mano voy” y “El modo de tu piel”, acompañando con palmas y arengas varias.

Pero también sonaron otras músicas. Se jugaba de visitante, y a un público ajeno hay que comprárselo. Así que además de creaciones propias, se despacharon con una serie de covers interpretados de manera genial. Se escuchó desde “Lunes por la madrugada” de Los Abuelos a “Under Pressure” de Queen, pasando por “Billie Jean” de MJ, con revoleada de sombrero final y todo. Ahora si, la gente estaba como loca.

A los 8 o 9 temas, el playlist hizo un stop para volver un ratito después al escenario. El intermedio sirvió para que los chicos charlaran un rato con su público, que los llenaba de pedidos. Algunos que venían al caso, como varios temas de Los Beatles, y otros más caprichosos, como el del que les pidió Prince. De los Beatles si hicieron…

Nuevamente en el escenario, la historia se repitió, pero con más intensidad, los pibes ya eran de la casa. Varias maestras, festejando su día, aplaudían a rabiar en las primeras filas, incluso cuando en un involuntario acto rockero, Esteban Román (guitarra y voz), les dedicó “Another brick in the Wall”. Como mencione, también tocaron Beatles, varios de esos temas cantados por el bajista Manuel Ruiz de muy buena manera.

Y como todo tiene un final, el show también. Acompañados de los aplausos de la gente, Decavendish se despedía de González Chaves, prometiendo una vuelta. Llegaba la hora de desarmar todo, quizás la parte mas ingrata de cualquier recital, pero esta vez hecha con la satisfacción de haber brindado todo.

Rato después, a eso de las 4, la Traffic encaraba la vuelta a Tandil, pero de eso ninguno se acuerda nada, porque todos (salvo Lucho, obviamente), dormimos placidamente todo el regreso.

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