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HUELLAS CRIMINALES

(4 comentarios). Sexta publicación del concurso de cuentos policiales «made in» los alumnos de la ESB Nº1, tercer año.

         Era una tarde lluviosa ese jueves de 2003, había poca gente en la calle y mucho silencio. Yo estaba trabajando en mi oficina, de pronto, el teléfono sonó: era mi hermano, me llamaba para avisarme que iba a llegar tarde a casa y que no lo esperara.

Era las 20:45, así que  me retiré y me fui a mi casa.

         Al día siguiente, llegué a la oficina preocupado porque mi hermano Walter no había regresado a casa esa noche. De todos modos, también pensé que se había quedado en casa de su novia, así que seguí trabajando.

         Pasadas las diez de la mañana,  me llamaron para investigar un asesinato en la empresa de aviones y viajes Voegol, donde trabajaba mi hermano, me puse nervioso pero fui de todos modos.

         Cuando llegué al lugar  de los hechos, me encontré con el dueño de la empresa, Adrian Roseli, quien me dijo: -Lamento decirte que quien murió fue tu hermano.

Me quedé impactado, y atiné a decir: -¿Qué fue lo que pasó?

-Hoy a la mañana cuando llegué a su oficina a pedirle unos papeles encontré su cuerpo apoyado en el escritorio.

– ¡Qué desgracia! ¡No puede ser! – exclame.

         Roseli se retiró y yo me quedé llorando en la entrada de la empresa.

         Me decidí  a investigar el caso y a descubrir al asesino de mi hermano.

         Al otro día, y más calmado, fui a la empresa y me dirigí a la oficina donde fue asesinado Walter. Tomé cada detalle de la oficina y encontré una mancha de vino tinto en el piso.

Seguro era el que había tomado Walter y, aún más seguro estaba de que fue eso lo que lo mató, ya que el cuerpo no mostraba indicios de algún balazo o de golpes fuertes.

Luego fui con Adrian y le dije:

-¿Había alguna persona en la oficina de mi hermano esa noche?

-Sí, estaba la chica de limpieza que está todas las noches– dijo Adrián.

Fui con la mujer y le hice unas preguntas:

– ¿Qué estaba haciendo esa noche en la oficina de mi hermano?

– Fui a limpiar- me contestó.

– ¿A qué hora?

– Entre 20:15 y 20.45, más o menos.

         Me fui del lugar y volví a mi oficina.

         Sabía que la señora de limpieza no tenía ninguna razón para matar a mi hermano, así que la descarté como sospechosa.

         Luego me llamó Adrián Roseli informándome que tenía un video que podía revelar al culpable. Fui de inmediato a recogerlo.

Cuando llegué me lo mostró: había una persona envenenando el vino, luego de verlo varias veces, llegué a ver que tenía una estrella negra con las iniciales CF en blanco en su cuello.

         Después de todo esto fui a mi casa y me acosté a dormir, pero no pude: estuve toda la noche sacando conclusiones.

         Al otro día me levanté y fui a desayunar a un bar, mientras que leía el diario vi una foto de un hombre con la misma estrella negra en su cuello y decía que era comisionista. Lo noté muy sospechoso y ante la duda lo cité a mi casa.

Esa misma noche, vino a mi oficina y le hice unas preguntas.

Este hombre, llamado Carlos Fernández, tenía un aspecto raro, como si fuera medio loco o algo así, miraba para todos lados con cara de miedo y hablaba tartamudeando.

Lo noté muy sospechoso así que lo esposé.

Le hice una serie de preguntas y por lo que se podía ver en el video, descubrí que él era el asesino.

Le pedí que me contara todo amenazándolo de que si no lo hacía iba a estar mucho tiempo en la cárcel.

Me contó que, supuestamente, lo había contratado un hombre llamado Facundo Smith y que le pagó por matar a Walter.

Lo dejé en la comisaría y fui directamente a buscar a este hombre, acompañado por dos patrulleros.

         Llegué a su domicilio y me estaba esperando sentado en un sillón tomando whisky. Me sirvió una copa y empezó a hablar:

– Hola, Mrs. González, ¿Cómo anda?

-¿Qué carajo hiciste? Hijo de mala madre.

– Hijo nada, el que mató a su hermano fue Carlos, no yo.

– Pero vos lo contrataste y le pagaste para que lo matara.

– Sí, ¿y?

– Te voy a tener que encarcelar.

Iba a ponerle las esposas cuando de pronto sacó un arma y me gritó:

– ¿Qué va a hacer Mrs. González? ¿Piensa arrestarme?

-Soltá el arma- le ordené, pero no me hizo caso – De acuerdo, ¿querés un duelo Mrs. Smith?, tendrás un duelo.

Saqué mi arma rápidamente y le pegué un tiro en la pierna.

Lo arresté y lo llevé al hospital para que lo atiendan. Allí quedó en manos del oficial.

 

 

 

         Tres semanas después de lo sucedido apareció en el diario el titular”Perpetua para Smith”.

Yo creo que está bien la condena de Smith.

Carlos Fernández fue condenado a diez años de rehabilitación en un centro psiquiátrico.

En cuanto a mi hermano, le pongo flores cada domingo. Finalmente,  yo me convertí en un hombre de 52 años que llora por su hermano, pero feliz porque el culpable de su muerte vivirá pudriéndose  en la cárcel.

                                                                    Fin.

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