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MATRIMONIO GAY DE UN TANDILENSE EN ESPAÑA

Por Ana Pérez Porcio (El Eco de Tandil)

El 14 pasado la Cámara de Senadores de la Nación aprobó el proyecto de matrimonio igualitario, Ley que fue promulgada el 21 de este mismo mes por la presidenta Cristina Kirchner, convirtiéndose así la  Argentinaen el primer país de América Latina que tiene esta Ley que modifica el Código Civil de la Nación para autorizar el matrimonio entre personas del mismo sexo.  El país es el décimo en el mundo que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo.  El tandilense José Cobrana cuenta su historia de vida y su casamiento celebrado días atrás en España con su pareja de hace nueve años. La opinión de la doctora Marega, magister en sexualidad. El abordaje legal y la posición de la Iglesia.

José Cobrana, es un tandilense integrante de Le Cirque du Solei que ha sido entrevistado por La Vidriera en varias oportunidades siempre con relación a su profesión de artista. En esta ocasión, lo hacemos porque días atrás y antes que se aprobara en el país la Ley de Matrimonio igualitario se casó en España con la pareja con la cual vive desde hace nueve años. José cuenta la historia de su vida, desde que era un niño hasta el aquí y ahora, habla de su familia de origen a la que ama profundamente y de los mitos y verdades  de la homosexualidad. Sin callar ni ocultar nada.

-Cómo está constituida su familia de origen y qué recuerda de su infancia?

-Puede decirse que es una familia Tradicional. La familia de mi padre sobre todo era muy católica, practicante. Tengo el recuerdo de las reuniones familiares de los domingos, todos juntos, en casa de mis abuelos paternos, previo paso por misa de 11 en la Parroquia Santa Ana. Llegó un momento en la vida de nuestra familia, que muchos de los primos pertenecíamos al grupo juvenil de ese templo y organizábamos muchas actividades relacionadas con la Iglesia.

En mi núcleo familiar más íntimo éramos mi padre, mi madre y dos hermanas más, menores que yo. De ellos he recibido una magnífica educación. Mi paso por el Colegio San José sumó en esa formación católica que finalizó con mi salida del Bachillerato en el 86.

Hoy en día mi padre ya no está. Mis dos hermanas están felizmente casadas, y cada una de ellas ha dado a la familia dos hermosas personitas que son mis soles: Lautaro y Catalina, y Valentín y Mateo.

-Se deduce de sus palabras que fue criado dentro de una familia tradicional o para ser más claros, común y corriente.

-En un ambiente muy normal. Nací en el año 1969, casi un mes después de que el hombre pisara la luna, fruto del amor entre dos personas que se amaron y respetaron siempre. Dos personas trabajadoras, luchadoras de la vida, y como se dice aquí en España: “echadas para adelante”. Nadie les había regalado nada en la vida y tuvieron que forjárselo solitos, con alguna pequeña ayuda de la familia, pero en definitiva, con el objetivo de formar la familia de sus sueños.

Y así lo hicieron, tuvieron tres hijos a los que se propusieron ofrecerles la mejor educación posible, incluso en algunos momentos de la vida, quizás no tan al alcance de sus posibilidades, pero haciendo increíbles esfuerzos para que esa educación no fuera cercenada, incluso en los peores momentos.  Los tres, como dije antes, tuvimos una formación católica, por lo que fuimos a los dos colegios religiosos más destacados del momento: yo al Colegio San José y mis hermanas a Sagrada Familia.

Tuvieron alguna época en la que solamente trabajaba mi padre y hubo otros momentos en los que los dos tuvieron que hacerlo para poder lograr el bienestar de esa familia que habían soñado formar, como decía recién.

Pero siempre buscando lo mejor para nosotros y,  evidentemente en ese afán todos los padres cometen errores, errores que uno los reconoce de mayor, cuando crece, cuando uno encuentra una madurez en la que puede discernir lo que haría o no llegado el momento de tener los propios hijos.

Y esto lo digo porque en algunos aspectos de nuestra educación, en especial mi padre, fue un poco riguroso y cerrado en sus actos, pero también eso se correspondía con la educación que él mismo había recibido en su niñez. Esto se suma a la educación religiosa absorbida.

 

 

“Me sentía el ´raro´ de la clase”

-¿Cómo era José, el alumno del más tradicional de los colegios religiosos de la ciudad?

 

 

-Por algunas razones que yo no entendía, siempre fui el “raro” de mi clase. Me gustaba estudiar, hacer las cosas bien, era extremadamente introvertido y evitaba tener cualquier tipo de enfrentamiento con cualquiera que lo propiciara. Eso ya me convertía en minoría. En marginal. Por esto y por mi educación, intentaba “refugiarme” en las actividades religiosas del Colegio: retiros espirituales, coro, y otras actividades en las que tenía una participación muy activa. Ellos supieron verme diferente y “capturarme” como tal. Incluso en algún momento de mi vida escolar, tanto mi familia como las autoridades del Colegio, llegaron a verme como una especie de “sucesor” del Director -no lo sé ahora, pero en esos años el Director era solamente Hermano de la Congregación, no un laico-. Y a mí no me importó. Hasta llegué a “escuchar el llamado de Dios” para convertirme en uno más de ellos. Pero luego supe que eso había sido una “falsa alarma”.

– ¿Cuándo sintió que su orientación sexual se inclinaba hacia las personas de su mismo sexo?

-Creo que fue a los doce años aproximadamente, y por alguna razón recuerdo exactamente cómo se dio. Generalmente regresaba del colegio a mi casa en colectivo y un día hubo un conductor que llamó mi atención. Fue raro porque tampoco sabía el por qué de esa atracción. Yo no había tenido novias, aunque sí había habido una chica que me gustaba mucho, con la que había compartido algunos momentos especiales. Pero todo resultaba demasiado platónico a causa de mi extrema timidez. De ahí en más intentaba explicarme qué me pasaba por aquel conductor y no encontraba respuestas. Como ocurría casi habitualmente por aquellos tiempos, mis padres no tenían conversaciones serias con nosotros acerca de nuestra sexualidad. Eso sumado a que en mis clases era una especie de paria y tenía poca comunicación con mis compañeros, mis teorías sexuales eran inexistentes.

Durante mi época de bachillerato fue más o menos igual en cuanto a mis compañeros de clase. Tuve mi primera novia, luego de varios intentos fallidos con algunas chicas que me gustaban realmente. Ella era menor que yo que tenía ya 17 años y nos pusimos de novios en el cumpleaños número 15 de mi hermana. Pero yo seguía en mi nulidad sexual absoluta. En cuanto a los hombres, casi siempre aparecía alguno que me atraía y quizás ya comenzaba a entender que me atraían de alguna manera diferente a las mujeres por las que tenía esa atracción platónica. La atracción por ellos era más sexual si cabe, sin saber demasiado de ello.

Al terminar el bachillerato tenía claro que mi vocación era ser profesor de Letras. Un amigo me convenció para comenzar en la Escuela Municipal de Teatro y fue allí donde sentí por primera vez en mi vida, que estaba en un sitio donde me sentía cómodo, donde era yo mismo, donde no tenía que dar explicaciones a nadie acerca de mis sentimientos, de mis sensaciones. Ya lejos de tanta actividad religiosa y de mis peores años de Colegio, mi cabeza comenzó a adquirir una dimensión diferente, con permisiones, sin una vara que dictaminara qué era lo que estaba bien y qué era lo que estaba mal.

Básicamente estaba entrando en mi madurez, donde lo que no sabía, lo investigaba por mi cuenta. Donde no reprimía mis emociones, mis sensaciones. Donde dejaba de intentar ser el que los demás querían que fuera. Habían pasado algunos pocos años donde me sentía oprimido por lo que ocurría con mi cabeza y con mi corazón, sin tener ayuda para clarificar mis ideas. Podría decirse que el Teatro fue ese “salvavidas” que terminó desbancando esa vocación primera.

Es preciso decir que actualmente pienso que hoy por hoy soy lo que soy, por el trayecto que he vivido, por la educación que he recibido, básicamente la de mis padres. Luego la vida va haciendo sus cosas y es uno el que decide, con madurez, ser la persona que uno quiere ser, sin ocultamientos, sin represiones, sin importar “el qué dirán” pero siempre respetando a los demás, sin hacer daño a nadie.

-¿Cómo fue asumirlo?

-Me llevó un par de años saber realmente qué era lo que me ocurría. Saber si estaba bien o mal. Estar seguro de que no fuera una confusión, todas estas dudas y aún más, teniendo en cuenta que estaba solo en ese tema, nadie en quién confiar, ya que la última vez que lo había intentado con dos compañeros de colegio en el secundario, habían dejado de hablarme.

Pero el paso del tiempo, inexorable, fue haciendo lo suyo y mis pensamientos se fueron aclarando. No es fácil que esto ocurra en una sociedad, en una ciudad, en una familia donde lo que yo podría estar sintiendo no era bien visto. A los 19 años logré dar un paso importante en mi vida: declararle a una persona de mi mismo sexo lo que me ocurría con él. Expresarle mis sentimientos. Fue liberador.

 

 

“El arte, mi forma de expresión”

-Hoy decía que el círculo teatral, menos estructurado fue su salvavidas.

-Es cierto que en el ambiente de lo artístico, todo es más permisivo. La gente intenta no juzgar demasiado las actitudes o los sentimientos de los demás, con lo cual fue en ese mismo ambiente en el que comencé a encontrar finalmente a las personas a las que podía confiar plenamente, sin tapujos, estas sensaciones diferentes al resto.

-¿Cómo fue que sus papás se enteraron? ¿Lo presentían o usted se los dijo?

-Evidentemente para mis padres ese no era el mejor ambiente en el que yo podía estar. Al principio no se opusieron a que lo hiciera, pero con el paso de los meses, comenzaron a detectar en mí conductas extrañas hasta el momento, como salir demasiado de noche, contestaciones que quizás hasta el momento no había tenido. Yo creo que mi verdadera adolescencia me llegó a los 18 años. Mi pubertad habría pasado totalmente inadvertida de no ser por mis cambios físicos, hormonales. Pero en mi mente todo estaba bloqueado. Sin rumbo.

Llegué a inventarme una novia para despreocupar a mis padres acerca de mis “extrañas actitudes” pero eso, como las mentiras, duró poco tiempo.

Varios meses después de aquel momento de mi primer declaración a otro hombre, conocí a la que fuera mi primera pareja oficial, mi primer novio, el que correspondió a mis sentimientos y con el que comencé mi bonita primera historia de amor, al que no conocía hasta el momento. Pero claro, yo no contaba con el famoso dicho “Pueblo chico, infierno grande”. Llegó a oídos de mi padre que yo estaba manteniendo una relación con esta persona y una noche me increpó.

-…

Los detalles de esa noche y las que siguieron me los guardo para mí, pero no fueron buenos tiempos los que se avecinaron a partir de ese momento. Y yo, que había estado evolucionando durante un largo período tenía muy claro lo que quería para mi vida.

Y es obvio que mis padres no. Yo siempre respeté sus decisiones, porque comprendí lo que quizás estaba pasando por sus mentes. Yo había tenido mucho tiempo para acomodarlo en mi cabeza, pero para ellos fue como un sofocón, como un golpe en seco, como un baldazo de agua fría… de esos que no se esperan. O quizás se espera que aparezcan en algún momento, pero que uno no lo quiere ver.

Siempre dije que los entendí perfectamente. Que sentía como que había dado un corte trasversal a la película de sus vidas, a la que ellos llevaban años gestando. Desde el momento en el que habían decidido casarse, ellos habían comenzado a ilusionarse acerca de lo que sería su futuro a partir de ese minuto crucial: tener una vida larga, duradera y feliz juntos, tener hijos, elegir los nombres de casa uno, darles la mejor educación posible, enviarlos a los mejores colegios que les fuera permitido, hacerlos felices, que pudieran elegir profesiones que pudieran darles buena vida y que formaran una familia ideal, como la que ellos estaban creando día a día, que sus hijos tuvieran hijos, con lo cual se convertirían en flamantes abuelos, y optar así al oficio de malcriar a los nietos, de cuidarlos y contarles historias, y así hasta el final de sus días…

Pero algo falló en el plan. Ellos no contaron con que en esta película algo iba a ocurrir en contra de lo planeado. Y que eso ocurra poco más de veinte años de iniciada esa “película” tan personal, pues claro que tiene que doler, desestabilizar y desordenar el plan de acción. Nadie está preparado para este tipo de confesiones, como nadie está preparado para ser padre o madre o hijo.

Luego de un año realmente difícil, las cosas comenzaron a tomar otro cauce, un cauce conciliador, de aceptación, de intentar modificar sus sensaciones con respecto al tema.

Y eso dependía en gran medida de mí. Instalado ya en Capital Federal, necesitaba demostrar que la homosexualidad no era un pecado, ni mucho menos una enfermedad que se quita con fuertes antibióticos. Era mi forma de vida, la que yo había elegido para mí.

Y eso, como una familia, como una pareja, como todo tipo de relación, se hace día a día, paso a paso. Con pequeñas acciones. Necesitaba que confiaran en que su educación había sido la óptima, que de ellos no era la culpa. Que NO había culpa en ninguna de las partes. En definitiva, intentar que fuera algo natural que estaba ocurriendo en nuestra familia. Y está claro que eso no lleva dos días, ni dos semanas, ni dos meses. Fueron años, donde cada uno puso mucho de sí para que la relación funcionara.

He estado increíblemente orgulloso de la capacidad de mis padres por mejorar cada día y de respetarme en mis decisiones y de seguir intentando comprender este modelo de pareja que no se asemeja en nada al por ellos concebido originalmente.

-¿Usted cómo se sentía entonces?

-Yo moría de amor con pequeños gestos de mis padres, gestos de aprobación, de aceptación, o simplemente gestos que me hacían ver que realmente lo estaban intentando. Que les costaba mucho, pero que lo aceptaban por amor, por el amor incondicional que un padre o una madre tienen por su hijo. Ese amor que no entiende de otra cosa que no sea la filialidad. Siempre estuve orgulloso de ellos, y claro que aquí incluyo también a mis hermanas, que en todos estos años, me han demostrado que por encima de todo está mi felicidad, esa felicidad que he encontrado luego de algún que otro fracaso en el amor, como cualquier pareja, claro.

“Homosexualidad no es Sinónimo de pedofilia”

-¿Esta felicidad de hoy es la que lo llevó a tomar la decisión de casarse?

-Claro, de apostar por una relación diferente, con el hombre con el que comparto mi vida desde hace diez años, con el hombre que ha sabido entrar a mi familia y ser querido como uno más. Y ya es oficial aquí en España, donde nos hemos casado y afortunadamente también en Argentina. Un gran paso por la igualdad de derechos. Una amiga ponía como mensaje en su msm: “Somos un país mejor”.

-¿Cómo se siente cuando alguien asocia la homosexualidad a la pedofilia (siendo la primera una orientación sexual y la segunda una perversión)?

-A primera vista denota una gran ignorancia, pues que como dice la homosexualidad, sin ser una elección de vida, es algo natural que ocurre a las personas que sienten una atracción sentimental y sexual hacia personas de su mismo sexo. Mientras que la pedofilia consiste en que una excitación o placer meramente sexual se obtiene a través de actividades o fantasías sexuales con niños.

Esa ignorancia lleva a relacionarlas intencionalmente con el simple objetivo de darle una carga negativa a la homosexualidad, cuando en realidad no la tiene.

-¿Existen roles en una pareja gay?

-Definitivamente nos hay roles, puesto que son dos iguales (dos hombres o dos mujeres). Quizás la idea de fijar un rol en la pareja tiene que ver con la concepción cultural más primitiva, donde en una pareja heterosexual, están claramente definidos esos roles.

-¿Creé que cuando se habla de homosexualidad se lo asocia únicamente con la actividad sexual?

-Sí. Ese es el pensamiento generalizado acerca de la homosexualidad. Porque ha sido visto así a través del tiempo, de la religión. Han habido personas que han estudiado e investigado lo suficiente como para que hoy por hoy ese concepto sea capaz de redefinirse. Para que la homosexualidad deje de ser vista como una aberración, como una enfermedad, para poder ver en ella el amor que pueden promulgarse dos personas del mismo sexo.

De hecho por lo que he comentado antes acerca de mis inicios, yo he sido homosexual antes de tener una relación sexual. He estado atraído físicamente por una persona de mi mismo sexo antes de haber tenido sexualidad con esa persona. Sin contar que no tengo una relación sexual con cada persona por la cual me sienta atraída. Y no por ello dejo de ser homosexual.

-Si bien el Congreso sancionó una Ley de matrimonio igualitario  y la presidente la promulgó ¿cree que es el nuestro un país homofóbico?

-Si hacemos generalizaciones, sí. Pero por un mero problema cultural.

Si bien existen personas, incluso colectivos declarados firmemente homófobos (siendo sí la homofobia una patología), mayoritariamente es cultural y por ignorancia.

Si uno escucha la mayoría de los insultos que se hacen por ejemplo a los hombres (heterosexuales o no), estos casi siempre hacen referencia a la condición sexual, tendiendo a la homosexualidad. Pareciera ser que es la forma más certera de insultar, que es lo más grave que a uno pueden decirle. Atacar por ese lado.

Este hecho cultural se repite a lo largo de las generaciones y los niños, copian esas frases, esas palabras, internalizando la homosexualidad como algo negativo cuando no es así en realidad. Y aquí un punto a tener en cuenta, para mí importante, ya que creo que desde lo educacional, esto debe tenerse en cuenta si queremos tener una sociedad menos intolerante.

 

“España se volvió más solidaria”

-¿Cuánto hace que está la ley en España y como lo vive la gente?

-El matrimonio entre personas del mismo sexo en España fue legalizado en el año 2005. La ley fue publicada el 2 de Julio de 2005, y fue oficialmente legal desde el 3 de Julio, dando la opción a las personas del mismo sexo a otros derechos como la adopción conjunta, herencia y pensión.

La gente hoy por hoy lo vive como si nada pasara, nadie está pendiente de que dos hombres o dos mujeres se casen o dejen de hacerlo o adopten o no. Evidentemente existen grupos como la Iglesia o Partidos Políticos de derecha que se posicionan en contra de esta Ley. Estos mismos grupos antes de la aprobación de la Ley pronosticaban el “apocalipsis social”. Decían que la sociedad estaba en vías de extinción y culpaban formalmente al gobierno de la división social que este hecho iba a generar.

Exactamente como está ocurriendo por estos días en Argentina. Nosotros estuvimos muy pendientes del debate en el Congreso el pasado 14 de Julio y bastaba con ver tanto los discursos que ofrecían algunos senadores vergonzantes, como la gente que acudía a la Plaza del Congreso a repudiar y proclamarse en contra de dicha Ley.

La realidad es que cinco años después, nada cambió. Bueno sí, la sociedad es más tolerante y los homosexuales tienen los mismos derechos que los heterosexuales.[]

-¿Cómo se conoció con su pareja?

-Nosotros llevamos nueve años de relación como pareja. Nos conocimos en Argentina y a fines del 2002 nos vinimos a vivir a España. Al momento de sancionada la Ley aquí, comenzamos a fantasear con la idea de poder casarnos. Por fin estábamos viviendo en un lugar donde éramos aceptados tal cual en una sociedad. Pero por esos meses no cumplíamos con los requisitos: por nuestras profesiones, ninguno de los dos vivía dos años consecutivamente en la misma ciudad y ese era un requisito fundamental para el casamiento entre extranjeros.

Luego de idas y vueltas y con los requisitos cumplidos, decidimos hacerlo efectivo. Al principio fue pensado como un simple trámite. Como dos personas que después de nueve años de convivencia deciden dar un paso adelante en esa relación, con lo cual, estábamos absolutamente convencidos de que no se iba a producir ningún cambio de importancia en nuestras vidas.

Lo decidimos y luego de un par de meses de papeleo formal, pudimos hacerlo en un pueblo a 60 kilómetros de Madrid, llamado Patones. El hecho de elegir un sitio en las afueras de la Capital se debió a que los plazos para obtener una fecha son más cortos. Y un amigo nos aconsejó el sitio. Un bellísimo pueblo, en las sierras madrileñas, de 400 habitantes, con casas de piedra y un entorno inmejorable, digno de los cuentos.

-¿Los acompañaron familiares?

-Lamentablemente, debido a la distancia, no pudimos tener presencia familiar, sinceramente hubiéramos querido, pero en ese momento no fue posible. Eso sí, estuvimos acompañados de muy buenos amigos.

-¿Cómo fue la ceremonia?

-Lo cierto es que cuando comenzó la ceremonia oficial, la emoción estaba a flor de piel, y fue inevitable emocionarse, por varias razones: por el paso que se estaba dando, por poder hacerlo, por reivindicar nuestro amor, por los que estaban, por los que no podían estar pero estaban con el corazón en ese momento, enviando mensajes de texto desde el otro lado del océano justo a la hora indicada.

-Entonces no fue un simple trámite ¿verdad?

-No. A partir de ese momento nos dimos cuenta de que nuestras vidas estaban cambiando. Que lo que había comenzado como un simple trámite para prevenir alguna cuestión legal, estaba convirtiéndose en un giro interesante en nuestra relación, con una responsabilidad añadida, pero de la buena. Nosotros estábamos acostumbrados a elegirnos diariamente, como pareja, sin estar casados, pero la palabra matrimonio está tan grabada a fuego culturalmente en nuestras mentes, que al otro día de la celebración del matrimonio tenía la sensación de tener un anillo en mi dedo, cosa que no era así, ya que  ninguno de los dos lo usa y preferimos omitirlo.

¡Sin duda ha sido un paso importantísimo en nuestra relación, que se afianza a cada momento!

 

La familia tradicional cambió

-¿Cree que este tipo de uniones va en contra del modelo de familia tradicional?

-En realidad tendríamos que definir concepto de familia tradicional, porque según mi opinión dicho modelo ya hace mucho tiempo que ha dejado de ser mayoría. Creo que debemos considerar que desde mediados de los años 80 aproximadamente, diferentes cambios sociales y económicos, han llevado a la sociedad a plantearse otros tipos de familias, no tan hegemónicas: mujeres que deciden ser madres solteras, padres heterosexuales que necesitan trabajar jornada completa y por consiguiente sus hijos deben ser criados prácticamente por sus abuelos o guarderías, parejas heterosexuales que deciden convivir e incluso tener hijos sin legalizarlo mediante el matrimonio.

En este sentido, esto es una evolución más, contraria a la “familia tradicional” de antaño que prácticamente hoy en día es una minoría. Aquí entraría también la familia concebida por dos personas del mismo sexo, con hijos o sin ellos, propios o adoptados.

-¿Recuerda cuando antes se decía “los declaro marido y mujer” como si la mujer recién tuviera ese rango al casarse? ¿Cómo fue en el caso de ustedes?

-En nuestro caso el Juez ya dice “los declaro unidos en matrimonio”, sin más y en el Libro de Familia está la opción “Don/Doña” en ambos espacios donde se escriben los nombres de los contrayentes.

-¿Les gustaría adoptar? En este tema hay una serie de posiciones a favor y en contra. ¿qué opina?

-De momento no nos lo hemos planteado porque económicamente es inviable. Aquí en España es un trámite muy caro para nuestras posibilidades gestionar una adopción.

Personalmente partimos de la base que tenemos una vida bastante complicada. Muchos viajes, muchos cambios de ciudades que debemos afrontar por nuestras actividades profesionales. En ese sentido no creo que sea lo más conveniente para un niño semejantes cambios. Aunque considero que no sería un mal padre. He tenido muy buenos ejemplos y he sabido tomar lo mejor de ellos. Si algo hay de positivo es el carácter revisionista que podemos tener los hijos con respecto a nuestros padres al momento de la crianza de un hijo. Seguramente se cometerán otros errores, que ya revisarán los que vengan. Como dije antes, no existe un “Manual de crianza”.

Tengo algunos pruritos en cuanto a la adopción. No porque no confíe en el amor que cualquier persona sea capaz de dar, independientemente de su condición sexual; de hecho,  estadísticamente ha sido comprobado que las familias homoparentales tienen muchísimo amor para dar, porque por ser homosexuales, han tenido una vida difícil en la mayoría de los casos, y entonces son capaces de proporcionar un amor diferente, quizás más fuerte.

Es ridículo pensar que un niño adoptado por padres homosexuales se va a “convertir” en homosexual. Con ese mismo criterio, no tendrían que existir los homosexuales, ya que todos han sido criados en familias de padres heterosexuales. La realidad es que la homosexualidad está dada por una estructura anatómica diferente en el cerebro con el cual el “convertir” en homosexuales a los niños, es imposible.

Cuando se habla de adopción por parte de padres homosexuales se suele decir que el niño será un blanco perfecto de burlas, discriminaciones, marginalidades, poniendo la carga negativa sobre el niño cuando en realidad hay que ponerla sobre aquellos que marginan y discriminan. Todo es un problema de educación, de concientización por el respeto hacia los demás, hacia lo diferente a uno.

 

Respetar la intimidad del otro

-¿Cree que en Tandil van a comenzar a asumir su sexualidad quienes son minoría o se continuará con eso de “pueblo chico infierno grande” del que hablaba hoy?

-A nivel social, pueblo chico o pueblo grande, siempre habrá discriminación por lo diferente.

En el caso de Tandil, ojalá que pueda haber un progreso en este sentido. Yo creo que el mejor anhelo es poder ser todos mejores personas, más educadas, más respetuosas del otro.

Seguirá habiendo homosexuales que no puedan permitirse salir del armario por diversas circunstancias, los habrá que prefieran llevar una doble vida para no afrontar sus propias debilidades y no tener la fortaleza necesaria para asumir su verdadera sexualidad.

Como decía mi abuela: “hay de todo, como en Botica”. Pero lo único que deseo  es  que nos propongamos ser mejores personas respetando la intimidad del otro.

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