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LOS CAMPEGGI, A FLOR DE PIEL

Para la madre de Franco Campeggi, odiar a los asesinos sería deshonrar a su hijo. Una nota profunda que concedieron Claudia Molina y Adolfo para Eco TV.

Reflexivos y convencidos de la acción de la Justicia, los padres de Franco Campeggi plantearon las emociones que les dejó revivir el asesinato de su hijo de 12 años, ocurrido hace dos años y nueve meses.

Tras la sentencia del Tribunal Oral Criminal 2 de Mercedes, que  condenó a prisión perpetua a Fernando Avallay (33) -acusado de ser al autor material del asesinato de Franco Campeggi (12)- y a Carlos Godoy (22) a 25 años de prisión, los padres de la víctima llegaron a Tandil.

Durante el programa “La ciudad” (Eco TV), el humorista Adolfo Campeggi y su ex esposa, Claudia Molina, hicieron ayer un conmovedor relato sobre lo vivido durante el juicio y expresaron sus sentimientos.

Claudia Molina consideró al proceso judicial como “una experiencia desgastadora en todo sentido” y añadió que “tener que ver a quienes le quitaron la vida a nuestro hijo es algo que no le deseo a nadie”.

Pese al calvario que atraviesan, Adolfo Campeggi agradeció el acompañamiento de la gente –en su caso de Tandil- y de los medios, a la vez que  reiteró que “se hizo justicia”.

Un compromiso eterno
-¿Cómo hace una madre para tener cerca a quienes le mataron a un hijo?
-Creo que es parte de ser madre. Uno por los hijos hace lo que sea. Y esto había que hacerlo por Franco. Creo que él me dio la fuerza -tanto él como Adolfo- para poder encarar toda esta instancia del juicio y demás.
Es el compromiso que uno tiene con los hijos, que es un compromiso de amor y que no tiene fecha de vencimiento, más allá de que el hijo esté o no físicamente. Cuando uno tiene que hacer algo por los hijos lo hace, no hay otra explicación.

-¿Pudo cruzar alguna palabra con los asesinos de su hijo?
-Jamás. Los miré durante todo el tiempo que duró el debate y los alegatos, porque esperaba que ellos me miraran. En realidad, no sé que buscaba; ver si en su mirada había arrepentimiento o algo humano.

Jamás me miraron. Lo hizo Godoy, cuya mirada es totalmente perversa y vacía de todo sentimiento. Tenía una actitud bastante desafiante para con los familiares. Eran miradas socarronas, sonrisitas y le murmuraba a Avallay en el oído y se reían. Veía su actitud y pensaba si esta gente cree que si estamos en los medios era su minuto de gloria. Realmente no sé qué pensar de la actitud que tuvieron.

El fallo esperado
-Adolfo, ¿cómo viviste todo esto?
-Fue muy duro. Realmente no esperaba que fuera tan así: estar a un metro de los asesinos te hace correr un escalofrío. De todas maneras me banqué el momento bien dentro de todo, ya que no reaccioné ni les dije nada, ni pienso hacerlo nunca.
Confiaba en la Justicia, porque las declaraciones eran contundentes, tanto del hermanito como de balística en el sentido de que no se les había escapado la bala.
Tuvimos dudas antes del fallo, porque no estaba el fiscal, la policía entró con escudos… Pero por suerte siguió como críminis causa y tuvimos la justicia que esperábamos, que no soluciona todo el tema, pero deja un precedente para que los argentinos empiecen a creer.

-¿Temían un fallo distinto?
Claudia: -La defensa pedía la condena, ocho años, lo que para nosotros era inconcebible. Pudimos probar que fue un homicidio críminis causa y con alevosía, con indefensión de la víctima: mi hijo no tuvo ninguna oportunidad.

La chica de balística describió al proyectil como una bala de punta hueca, nueve milímetros, y acotó que era imposible que mi hijo se salvara. El disparo fue hecho a 50 centímetros de la nuca de Franco.

Si bien el fallo no hace jurisprudencia, está sentando un precedente más que nada en Mercedes, donde nunca se logró un fallo como el nuestro.

Los 25 años de condena a Godoy son a cumplir y pierde otros derechos, dada la fuga del hospital y por haber violado la condicional. Se lo acusa de robo con arma en el caso de Franco y como autor mediato de homicidio, que es el que se vale de otro para cometer un delito. Es él quien instiga a Avallay; él lo va a buscar, lleva el arma y decide dónde y cómo, además de decir ´matalo´ cuando lo eligen a mi hijo.

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