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LALO MALINARICH, DESDE SAN PABLO

Escuchó el programa de Javito Pianta en la 104.1 y nos escribió. ¡Un fenómeno!

Hector Daniel “Lalo” Malinarich es un profesional tandilense que “va y viene”, según cuenta de Brasil a la serrana y viceversa. Se lo contactó y resulta que es fiel lector de esta sección y oyente de la 104.1, especialmente a la hora del programa “Vení Mañana”.

Sólo salgo de Tandil para trabajar, mi trabajo es en Brasil y, a veces, sus alrededores”, relata.

-¿A qué te dedicás en tierra carioca?
-En estos momentos soy el responsable técnico y comercial de la empresa Ipesa do Brasil, filial de la argentina Ipesa, fábrica de polietilenos. Si bien la empresa fabrica varios productos, tal vez el más conocido sea los sachets de leche "La Serenisima". Yo estoy en el área de silos. Estos son los famosos silobolsas, célebres en los últimos tiempos por los conflictos entre ruralistas y el Gobierno.
Comencé en Tandil desde donde formé parte del equipo que desarrolló la tecnología para almacenar granos a partir del año 1999 en la empresa Martínez y Staneck. A principios de 2003 me incorporé a Ipesa con el sólo objetivo de desarrollar el mercado brasilero. Allí, a mediados de ese año se crea la filial brasilera, montamos la oficina central en Sao Paulo y yo particularmente viajo por el interior. Básicamente recorro los estados de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Paraná, Goias, Bahia, Tocantins, Maranhao, entre otros.

-¿Hay algo de allá que te haga acordar a Tandil?
-De Sao Paulo no hay nada. Es una ciudad, te diría, inviable para vivir. Es normal que la gente pierda 2 o 3 horas diarias para trasladarse al trabajo. Jamás llevaría a vivir a mi familia ahí. Muy cara.

Sao Paulo es a los brasileros lo que Buenos Aires para el resto de la Argentina. Un lugar que me hizo acordar a Tandil, su paisaje, es una región de Paraná a unos 150 kilómetros de Curituba, llamado Palmeiras. El mismo tipo de sierra de la zona de Gardey, muy similar.

En general las ciudades del interior no se parecen en nada, son muy sucias o al menos dan ese aspecto, está todo cubierto y teñido de polvo rojizo, por la tierra colorada normal en todo Brasil. Son más extendidas, son bien diferentes. En el resto, la idiosincracia de la gente es muy similar al interior argentino. La gente es muy afectiva, muy abiertas a recibirte, mismo siendo argentino, que no es algo menor, tengo muchísima gente y en todos lados soy recibido como un amigo más y eso, cuando estás lejos de casa, es lo que hace agradable el esfuerzo.

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