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EL BOTANICO Y LOS GATOS

Deambulando el sábado a la mañana por Capi, rumbeo para el lado alto en numerología de Santa Fe…

…Y me topo con el Botánico, al cual en 10 años nunca penetré. Uno a la distancia o ante la ausencia de lugares que pueden ser cotidianos o estar al alcance de la mano, empieza a distinguir todo de otro modo. Me ha pasado mucho esto con Tandil, ciudad que vista desde la añoranza de Buenos Aires es mucho más hermosa. A mucha gente le pasa eso, he coincidido con demasiados en esto, Tandil estando en otra ciudad del planeta es mucho más soñada que, por ahí, el que reside en la serrana. Por eso siempre reivindico a las personas que están ahí y salen a pasear sólo para disfrutar de los paisajes.

Una vez dentro del Botánico recuerdo porqué es que nunca había entrado: gatos. Estuve 10 minutos sin ver ninguno y de golpe aparecieron en la visual 10 y todos separados. Son raros los gatos, hay como 200 y en lugar de estar hinchando las bolas de a grupitos, arañándose o algo, no, están todos desperdigados.
 
Son tantos y tanto mi rechazo hacia ellos que comienzo a incomodarme. El Botánico no es otra cosa que árboles característicos de distintas partes del mundo en una misma manzana. Interesante porque te topás con una corteza asiática y a los dos metros alguna del norte argentino, por decirte. Pienso cómo puede ser que haya gente dedicada a estudiar esas cosas, no cómo sino por qué se inclinaron a eso. Imagino que deben sentir una curiosidad por los bichos raros e insectos y de ahí al árbol tenés dos metros, como en el Botánico. Está lindo el paisaje interno sino fuera por ellos. Hay felinos por todos lados.
Empiezo a emanar ese aroma que el cuerpo exhala y traspasa la ropa y lejos de dispersarse en el aire penetra el olfato de los animales. Entonces, un fiero gatito comienza a perseguirme. Al principio pensé que se hacía el boludo y pasaba detrás mío, pero me moví y siempre se mantuvo detrás de mí. Le tiro una piedrita como un salame que en el medio del Botánico se dispone a agredir al animal más característico del sitio y se va. Nadie me vio. Doy dos vueltas más como para decir que no me fui por él y, efectivamente, me voy porque sigue estando ahí cerca.
 
Creo que nunca me voy a sacar esa mezcla de fobia y temor por los gatos. Los aborresco poque me cagaron varios sueños de pequeño.
 
Polaco nunca respondió mi mensaje de cafecito juntos y cruzo a un feca de enfrente al Bota y noto que un tipo tiene un local de Royal Canin justo enfrente al mismo. Sólo con los togas del mismo lo sostiene, el resto es todo ganancia.
 
Luego de escribir esto y dispuesto a subir alguna noticia me dicen que semejante café no tiene wifi. No lo puedo creer. Me voy a otro lugar tras ya haber consumido.

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…Y me topo con el Botánico, al cual en 10 años nunca penetré. Uno a la distancia o ante la ausencia de lugares que pueden ser cotidianos o estar al alcance de la mano, empieza a distinguir todo de otro modo. Me ha pasado mucho esto con Tandil, ciudad que vista desde la añoranza de Buenos Aires es mucho más hermosa. A mucha gente le pasa eso, he coincidido con demasiados en esto, Tandil estando en otra ciudad del planeta es mucho más soñada que, por ahí, el que reside en la serrana. Por eso siempre reivindico a las personas que están ahí y salen a pasear sólo para disfrutar de los paisajes.

Una vez dentro del Botánico recuerdo porqué es que nunca había entrado: gatos. Estuve 10 minutos sin ver ninguno y de golpe aparecieron en la visual 10 y todos separados. Son raros los gatos, hay como 200 y en lugar de estar hinchando las bolas de a grupitos, arañándose o algo, no, están todos desperdigados.
 
Son tantos y tanto mi rechazo hacia ellos que comienzo a incomodarme. El Botánico no es otra cosa que árboles característicos de distintas partes del mundo en una misma manzana. Interesante porque te topás con una corteza asiática y a los dos metros alguna del norte argentino, por decirte. Pienso cómo puede ser que haya gente dedicada a estudiar esas cosas, no cómo sino por qué se inclinaron a eso. Imagino que deben sentir una curiosidad por los bichos raros e insectos y de ahí al árbol tenés dos metros, como en el Botánico. Está lindo el paisaje interno sino fuera por ellos. Hay felinos por todos lados.
Empiezo a emanar ese aroma que el cuerpo exhala y traspasa la ropa y lejos de dispersarse en el aire penetra el olfato de los animales. Entonces, un fiero gatito comienza a perseguirme. Al principio pensé que se hacía el boludo y pasaba detrás mío, pero me moví y siempre se mantuvo detrás de mí. Le tiro una piedrita como un salame que en el medio del Botánico se dispone a agredir al animal más característico del sitio y se va. Nadie me vio. Doy dos vueltas más como para decir que no me fui por él y, efectivamente, me voy porque sigue estando ahí cerca.
 
Creo que nunca me voy a sacar esa mezcla de fobia y temor por los gatos. Los aborresco poque me cagaron varios sueños de pequeño.
 
Polaco nunca respondió mi mensaje de cafecito juntos y cruzo a un feca de enfrente al Bota y noto que un tipo tiene un local de Royal Canin justo enfrente al mismo. Sólo con los togas del mismo lo sostiene, el resto es todo ganancia.
 
Luego de escribir esto y dispuesto a subir alguna noticia me dicen que semejante café no tiene wifi. No lo puedo creer. Me voy a otro lugar tras ya haber consumido.

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Una vez dentro del Botánico recuerdo porqué es que nunca había entrado: gatos. Estuve 10 minutos sin ver ninguno y de golpe aparecieron en la visual 10 y todos separados. Son raros los gatos, hay como 200 y en lugar de estar hinchando las bolas de a grupitos, arañándose o algo, no, están todos desperdigados.
 
Son tantos y tanto mi rechazo hacia ellos que comienzo a incomodarme. El Botánico no es otra cosa que árboles característicos de distintas partes del mundo en una misma manzana. Interesante porque te topás con una corteza asiática y a los dos metros alguna del norte argentino, por decirte. Pienso cómo puede ser que haya gente dedicada a estudiar esas cosas, no cómo sino por qué se inclinaron a eso. Imagino que deben sentir una curiosidad por los bichos raros e insectos y de ahí al árbol tenés dos metros, como en el Botánico. Está lindo el paisaje interno sino fuera por ellos. Hay felinos por todos lados.
Empiezo a emanar ese aroma que el cuerpo exhala y traspasa la ropa y lejos de dispersarse en el aire penetra el olfato de los animales. Entonces, un fiero gatito comienza a perseguirme. Al principio pensé que se hacía el boludo y pasaba detrás mío, pero me moví y siempre se mantuvo detrás de mí. Le tiro una piedrita como un salame que en el medio del Botánico se dispone a agredir al animal más característico del sitio y se va. Nadie me vio. Doy dos vueltas más como para decir que no me fui por él y, efectivamente, me voy porque sigue estando ahí cerca.
 
Creo que nunca me voy a sacar esa mezcla de fobia y temor por los gatos. Los aborresco poque me cagaron varios sueños de pequeño.
 
Polaco nunca respondió mi mensaje de cafecito juntos y cruzo a un feca de enfrente al Bota y noto que un tipo tiene un local de Royal Canin justo enfrente al mismo. Sólo con los togas del mismo lo sostiene, el resto es todo ganancia.
 
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Una vez dentro del Botánico recuerdo porqué es que nunca había entrado: gatos. Estuve 10 minutos sin ver ninguno y de golpe aparecieron en la visual 10 y todos separados. Son raros los gatos, hay como 200 y en lugar de estar hinchando las bolas de a grupitos, arañándose o algo, no, están todos desperdigados.
 
Son tantos y tanto mi rechazo hacia ellos que comienzo a incomodarme. El Botánico no es otra cosa que árboles característicos de distintas partes del mundo en una misma manzana. Interesante porque te topás con una corteza asiática y a los dos metros alguna del norte argentino, por decirte. Pienso cómo puede ser que haya gente dedicada a estudiar esas cosas, no cómo sino por qué se inclinaron a eso. Imagino que deben sentir una curiosidad por los bichos raros e insectos y de ahí al árbol tenés dos metros, como en el Botánico. Está lindo el paisaje interno sino fuera por ellos. Hay felinos por todos lados.
Empiezo a emanar ese aroma que el cuerpo exhala y traspasa la ropa y lejos de dispersarse en el aire penetra el olfato de los animales. Entonces, un fiero gatito comienza a perseguirme. Al principio pensé que se hacía el boludo y pasaba detrás mío, pero me moví y siempre se mantuvo detrás de mí. Le tiro una piedrita como un salame que en el medio del Botánico se dispone a agredir al animal más característico del sitio y se va. Nadie me vio. Doy dos vueltas más como para decir que no me fui por él y, efectivamente, me voy porque sigue estando ahí cerca.
 
Creo que nunca me voy a sacar esa mezcla de fobia y temor por los gatos. Los aborresco poque me cagaron varios sueños de pequeño.
 
Polaco nunca respondió mi mensaje de cafecito juntos y cruzo a un feca de enfrente al Bota y noto que un tipo tiene un local de Royal Canin justo enfrente al mismo. Sólo con los togas del mismo lo sostiene, el resto es todo ganancia.
 
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Una vez dentro del Botánico recuerdo porqué es que nunca había entrado: gatos. Estuve 10 minutos sin ver ninguno y de golpe aparecieron en la visual 10 y todos separados. Son raros los gatos, hay como 200 y en lugar de estar hinchando las bolas de a grupitos, arañándose o algo, no, están todos desperdigados.
 
Son tantos y tanto mi rechazo hacia ellos que comienzo a incomodarme. El Botánico no es otra cosa que árboles característicos de distintas partes del mundo en una misma manzana. Interesante porque te topás con una corteza asiática y a los dos metros alguna del norte argentino, por decirte. Pienso cómo puede ser que haya gente dedicada a estudiar esas cosas, no cómo sino por qué se inclinaron a eso. Imagino que deben sentir una curiosidad por los bichos raros e insectos y de ahí al árbol tenés dos metros, como en el Botánico. Está lindo el paisaje interno sino fuera por ellos. Hay felinos por todos lados.
Empiezo a emanar ese aroma que el cuerpo exhala y traspasa la ropa y lejos de dispersarse en el aire penetra el olfato de los animales. Entonces, un fiero gatito comienza a perseguirme. Al principio pensé que se hacía el boludo y pasaba detrás mío, pero me moví y siempre se mantuvo detrás de mí. Le tiro una piedrita como un salame que en el medio del Botánico se dispone a agredir al animal más característico del sitio y se va. Nadie me vio. Doy dos vueltas más como para decir que no me fui por él y, efectivamente, me voy porque sigue estando ahí cerca.
 
Creo que nunca me voy a sacar esa mezcla de fobia y temor por los gatos. Los aborresco poque me cagaron varios sueños de pequeño.
 
Polaco nunca respondió mi mensaje de cafecito juntos y cruzo a un feca de enfrente al Bota y noto que un tipo tiene un local de Royal Canin justo enfrente al mismo. Sólo con los togas del mismo lo sostiene, el resto es todo ganancia.
 
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Una vez dentro del Botánico recuerdo porqué es que nunca había entrado: gatos. Estuve 10 minutos sin ver ninguno y de golpe aparecieron en la visual 10 y todos separados. Son raros los gatos, hay como 200 y en lugar de estar hinchando las bolas de a grupitos, arañándose o algo, no, están todos desperdigados.
 
Son tantos y tanto mi rechazo hacia ellos que comienzo a incomodarme. El Botánico no es otra cosa que árboles característicos de distintas partes del mundo en una misma manzana. Interesante porque te topás con una corteza asiática y a los dos metros alguna del norte argentino, por decirte. Pienso cómo puede ser que haya gente dedicada a estudiar esas cosas, no cómo sino por qué se inclinaron a eso. Imagino que deben sentir una curiosidad por los bichos raros e insectos y de ahí al árbol tenés dos metros, como en el Botánico. Está lindo el paisaje interno sino fuera por ellos. Hay felinos por todos lados.
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Polaco nunca respondió mi mensaje de cafecito juntos y cruzo a un feca de enfrente al Bota y noto que un tipo tiene un local de Royal Canin justo enfrente al mismo. Sólo con los togas del mismo lo sostiene, el resto es todo ganancia.
 
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Una vez dentro del Botánico recuerdo porqué es que nunca había entrado: gatos. Estuve 10 minutos sin ver ninguno y de golpe aparecieron en la visual 10 y todos separados. Son raros los gatos, hay como 200 y en lugar de estar hinchando las bolas de a grupitos, arañándose o algo, no, están todos desperdigados.
 
Son tantos y tanto mi rechazo hacia ellos que comienzo a incomodarme. El Botánico no es otra cosa que árboles característicos de distintas partes del mundo en una misma manzana. Interesante porque te topás con una corteza asiática y a los dos metros alguna del norte argentino, por decirte. Pienso cómo puede ser que haya gente dedicada a estudiar esas cosas, no cómo sino por qué se inclinaron a eso. Imagino que deben sentir una curiosidad por los bichos raros e insectos y de ahí al árbol tenés dos metros, como en el Botánico. Está lindo el paisaje interno sino fuera por ellos. Hay felinos por todos lados.
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Polaco nunca respondió mi mensaje de cafecito juntos y cruzo a un feca de enfrente al Bota y noto que un tipo tiene un local de Royal Canin justo enfrente al mismo. Sólo con los togas del mismo lo sostiene, el resto es todo ganancia.
 
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Una vez dentro del Botánico recuerdo porqué es que nunca había entrado: gatos. Estuve 10 minutos sin ver ninguno y de golpe aparecieron en la visual 10 y todos separados. Son raros los gatos, hay como 200 y en lugar de estar hinchando las bolas de a grupitos, arañándose o algo, no, están todos desperdigados.
 
Son tantos y tanto mi rechazo hacia ellos que comienzo a incomodarme. El Botánico no es otra cosa que árboles característicos de distintas partes del mundo en una misma manzana. Interesante porque te topás con una corteza asiática y a los dos metros alguna del norte argentino, por decirte. Pienso cómo puede ser que haya gente dedicada a estudiar esas cosas, no cómo sino por qué se inclinaron a eso. Imagino que deben sentir una curiosidad por los bichos raros e insectos y de ahí al árbol tenés dos metros, como en el Botánico. Está lindo el paisaje interno sino fuera por ellos. Hay felinos por todos lados.
Empiezo a emanar ese aroma que el cuerpo exhala y traspasa la ropa y lejos de dispersarse en el aire penetra el olfato de los animales. Entonces, un fiero gatito comienza a perseguirme. Al principio pensé que se hacía el boludo y pasaba detrás mío, pero me moví y siempre se mantuvo detrás de mí. Le tiro una piedrita como un salame que en el medio del Botánico se dispone a agredir al animal más característico del sitio y se va. Nadie me vio. Doy dos vueltas más como para decir que no me fui por él y, efectivamente, me voy porque sigue estando ahí cerca.
 
Creo que nunca me voy a sacar esa mezcla de fobia y temor por los gatos. Los aborresco poque me cagaron varios sueños de pequeño.
 
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