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SANTAMARINA, OTRA VEZ

Publicamos una excelente nota del amigo personal de este portal, Fernando Izquierdo. Esta columna fue publicada este martes en El Eco de Tandil y no tiene desperdicio.

Otra vez, Santamarina fue más allá de lo esperado. Otra vez, fue una grata revelación, aunque su recurrente rol protagónico en el Argentino A ya no debiera permitir catalogarlo como tal.

Como en la 2008/09, en la que resurgió de una debacle institucional -que repercutió en lo deportivo- hasta ubicarse en las instancias finales, encaró una temporada sin apuntar demasiado alto y el tiempo le demostró que estaba equivocado, que podía ilusionarse con grandes metas.

La campaña incluyó un cambio de rumbo, cuando tras el torneo Apertura se produjo la desvinculación del cuerpo técnico encabezado por Duilio Botella, al no darse la clasificación.
No se cumplió el objetivo”, se dijo desde la dirigencia.

Para el segundo semestre de la temporada el objetivo pasó a ser mantener la categoría, de plano.

Dejaron el club jugadores como Leonardo Pringles, Ramiro Jorge, Jorge Valverde y Mariano Mc Coubrey; ausencias apenas mitigadas con el regreso de “Vizcacha” González.
Así, quedó conformado un plantel sin recambio, a la espera de que lesiones y sanciones no fueran demasiado impiadosas.

Paulatinamente, el equipo fue forjando otra realidad, en base a solidez y resultados. De local, como en la era Botella, volvió a mostrarse agresivo, actitud sustentada con argumentos futbolísticos que volvieron a convertirlo en muy ganador y casi inexpugnable en el San Martín (sólo Patronato ganó en Tandil durante 2010).

Como visitante, el aurinegro no se dejó atropellar y amalgamó solidez defensiva y capacidad para convertir en casi todos sus viajes.

Así, la búsqueda de la permanencia en la divisional se convirtió repentinamente en un cauteloso pero firme andar hacia un anhelo mucho más ambicioso.

Fue de importancia capital la homogeneidad del grupo, la solidaridad dentro de la cancha de cada uno de sus componentes y el imprescindible relieve de individualidades que marcaron diferencias.

En tal sentido, Bertoya, en el final del torneo con una pierna en la cancha y otra en el quirófano, volvió a ser decisivo. Barth sigue ratificando que es uno de los mejores jugadores de la historia de este club (Deportivo Santamarina); Emmanuel Giménez fue de menor a mayor, apareciendo en las instancias cumbres para volver a ser patrón del mediocampo y anotar un gol tan importante como exquisito en Río Cuarto, y su compinche Darío González se erigió en el conductor que el aurinegro necesitaba luego de convivir con una versión muy desmejorada de Valverde. En ataque, Barrios Suárez volvió a ser uno de los preferidos de la gente, con métodos valiosos como sacrificio y gol; y Telechea terminó la temporada en un nivel superlativo, demostrando que su velocidad excede la categoría y difícilmente pueda ser retenido en el club.

Acaso con menor estridencia, pero con un aporte valioso, Santos volvió a dejar su huella merced a su actitud. Dragojevich y Beratz ofrecieron solidez y una faceta goleadora inédita desde su llegada al club. Bucci desequilibró hasta que el físico se lo permitió y Corvalán se asentó transformándose en un volante confiable, luego de no haber colmado las expectativas del entrenador anterior.

Esos once terminaron siendo la formación base de un equipo que rozó la gloria. Liderados por un Luis Murúa que supo capitalizar virtudes, disimular limitaciones y dosificar esfuerzos. Que destiló confianza hacia sus jugadores en sus declaraciones periodísticas y las sustentó con sus planteos, buscando que su equipo sea protagonista ante cualquier rival y en la cancha que sea.

Lamentablemente, también tallaron cuestiones extrafutbolísticas. El despiadado y absurdo calendario en el tramo postrero de la temporada conspiró decididamente contra las chances de ascenso de los tandilenses, que podrían haberse ilusionado con algo más de no mediar un Mundial que aprisionó el fixture.

Lo sufrió no sólo por la proximidad de los partidos, sino también por la cantidad de kilómetros recorridos. Y la tendencia se percibió en varios encuentros en Tandil, donde en la última media hora, Santamarina se vio obligado a someterse a un dominio territorial de su adversario de turno, a contramano de la esencia de esta formación aurinegra.

Tras la gesta de Sunchales, con un Telechea descomunal y eficacia máxima en los penales, llegó la final, ante un Patronato mejor afirmado, con el mismo trajín que los de Murúa, pero con otra capacidad de recambio, atributo indispensable en esa instancia.
Los entrerrianos fueron justos campeones, ante un Santamarina deshilachado físicamente, que disponía de una nueva chance.

En la Promoción con la CAI, los chubutenses comenzaron a  asegurar su permanencia con el cabezazo de Piñero Da Silva en el minuto 93 de la ida. Un arbitraje como tantos otros (con errores sin alevosía) desató una injustificable barbarie que sin dudas también forma parte del anecdotario de esta imborrable campaña.

En la revancha, los patagónicos se aferraron a su lugar en la B Nacional, despejando cualquier duda en base a virtudes propias y la apreciable colaboración de su rival, que se autodisminuyó con las expulsiones sufridas en Paraná.

Fue el final de un ciclo que superó todas las expectativas. Forjado por un plantel que se sobrepuso a todo lo que tuvo frente a sí. El éxodo de varios compañeros en diciembre, la grave lesión de Rodolfo Valerio, la desgracia del “Mono” Ijurco, un nuevo desbarajuste dirigencial con la desvinculación de Omar Onzari y acaso otros tantos vericuetos que no trascenderán la intimidad de la institución.

Invariablemente, méritos que le abren la puerta de la historia del fútbol tandilense. Aunque no haya un título de por medio.

Adjuntamos también los comentarios que se publicaron en www.eleco.com.ar.

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